Reconocer la pérdida

Cuando muere un ser querido, nuestro cerebro se niega a aceptar el hecho, recordemos que se activa un mecanismo de defensa y entramos automáticamente en la primera fase del duelo, que es la negación.

Es muy doloroso enfrentar un deceso, aún cuando sea algo que venimos “esperando”, por ejemplo, cuando tenemos familiares con una enfermedad que los va a conducir a la muerte.
A veces sin darnos cuenta nos ponemos trampas, pretendemos engañarnos disfrazando a la muerte con palabras que no hacen otra cosa más que retardar el duelo.

Usamos palabras como:
Perdí a mi hijo, perdí a mi madre, a mi esposo, a mi amiga… cuando la realidad es muy diferente, ¡No lo perdiste! se murió y nunca lo vas a encontrar.
Me dejó mi hermana, mi novio… esto tampoco es correcto, ya que jamás van a regresar.

Para superar el dolor necesitas llamar a las cosas por su nombre, requieres de valor para ver a la cara a la muerte y poner en tus labios la palabra precisas: se murió mi madre, aunque suene fuerte.
Conforme vas incorporando las palabras exactas, el cerebro comienza a registrar la realidad y es entonces cuando da inicio el proceso de duelo.

Ten presente que mientras más rápido asumas la muerte de un ser querido, darás cabida a los cambios que harás en tu vida, esto ayudará a que elabores el duelo en un período más breve, te dará la oportunidad de reconstruir el tiempo, el espacio y de disfrutar todo lo que te rodea.

A pesar de todo hay que decir ¡sí a la vida!

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