Duelo Neonatal

 

Cuando los padres mueren has perdido tu pasado,
cuando muere el hijo has perdido tu futuro.
Anónimo

 

Se llama neonato al bebé recién nacido, es un bebé que tiene 30 días o menos, contados desde el día de su nacimiento, ya sea que haya sido por parto natural o por cesárea. La palabra aplica tanto a aquellos bebés nacidos antes de tiempo, en tiempo y forma o pasados los nueve meses de embarazo.

Se trata de una etapa de vida muy corta, los cambios que se suceden pueden desembocar en consecuencias determinantes para el resto de la vida del recién nacido, porque durante estos primeros 30 días, es donde se descubrirán todos aquellos defectos congénitos o genéticos con los que pueda haber nacido el neonato, incluso, de ser detectada alguna enfermedad, podrá ser tratada casi desde su inicio y por lo tanto evitar males futuros que se puedan hacer más complejos como consecuencia del paso del tiempo.

La muerte perinatal u óbito es la muerte del feto antes de nacer, cuando éste muere después de las 20 semanas, se considera como muerte perinatal, antes de este tiempo es considerado como aborto.

Uno de los deseos más grandes del ser humano (principalmente la mujer) es convertirse en padre o madre. A partir del momento en que se confirma el embarazo, los futuros padres comienzan a soñar alrededor de su hijo, empiezan a imaginar cómo será, de qué color serán sus ojos, su pelo y la piel. La fantasía se hace presente imaginando un hijo sano, lleno de vida; lo que jamás se les ocurre, es  pensar que verán morir a su hijo, un bebé es sinónimo de esperanza, de proyección, de futuro.

Nunca se espera la muerte de un neonato y cuando llega a ocurrir, entonces todos los integrantes de la familia se sumergen en el dolor y en la desesperanza que provoca una pérdida de este tipo.

La ciencia a logrado grandes avances tecnológicos y es así que se puede ver a los bebés a través de un ultrasonido de cuarta dimensión y observar sus movimientos, ver su cara, contar sus dedos y hasta saber sus sexo. Resulta muy difícil haberlo visto sano apenas hace unos días y ahora enfrentar el hecho de que esta muerto, recordar el momento de su nacimiento y el primer llanto, escuchar a los médicos decir “esta bien”, tener el primer contacto visual, tenerlo en brazos y sentirse preso de la emoción, invadido de tranquilidad, para después entrar shock por la muerte del bebé.

Tener los pechos llenos de leche y los brazos vacíos, es difícil, muy difícil para una madre.

Las preguntas se hacen presentes.
¿Cómo me voy a reponer?
¿Cómo lo enfrento?
¿Cómo voy a poder vivir con este dolor tan grande?
¿Qué hago con la leche que brota imparable?
¿Qué hice mal?
¿Será acaso un castigo divino?
¿Habré seguido correctamente las indicaciones del médico?
¿Qué pasó?

La madre puede llegar a sentirse muy confundida por la inesperada muerte del bebé. La reacción del padre es un tanto diferente, debido a la información que el entorno cultural le ha dado, se puede creer que es indiferente, él está asumiendo el rol de ser fuerte, de dar apoyo, cuidar y consolar a su pareja y a la familia, sin embargo, también está en duelo, pues ha perdido a su hijo, quien representaba parte de sí mismo, porque al igual que la madre había depositado expectativas e ilusiones.

Las preguntas no cesan y toda la familia esta devastada, papá, mamá, hijos (cuando ya existen), abuelos, la familia más cercana y amigos. La muerte neonatal causa un dolor profundo, crisis y desequilibrio emocional. Genera frustración, ira, impotencia y culpa, el impacto para la familia es catastrófico y abrumador.

En algunos casos es motivo de separación entre la pareja, sobre todo cuando era el primer hijo, por eso es conveniente la ayuda tanatológica, para que juntos superen dicho duelo, ya que desgraciadamente, la incidencia en la tasa de divorcios tras la pérdida de un hijo es muy elevada: tres de cuatro parejas se divorcian después de la muerte de un hijo. Esto sucede entre el año o dos después del fallecimiento.

La idea es promover en esos momentos de profunda tristeza, el reforzar el vínculo afectivo, la confianza y el amor entre ellos. Otro factor que podría desencadenar una crisis es que uno de los padres piense que el otro pudo ser de alguna manera, responsable de la muerte del hijo, esto puede generar impaciencia, enojo e intolerancia. También puede darse la falta de comprensión, puede ser que uno de los dos, atraviese el momento con más dificultad y el otro no tanto, esto puede generar la sensación de que el otro siempre está atrapado en la tristeza.
Esta situación a veces hace que se eviten uno al otro, para no ser arrastrados por el dolor. En cuanto a la parte sexual, puede ser que un miembro de la pareja manifieste el deseo de tener relaciones sexuales, cuando en el otro estos deseos han desaparecido, situación que puede llegar a generar serios conflictos. Las relaciones sexuales pueden ayudar bastante a que la pareja este más unida y salgan adelante.

Al mismo tiempo se debe ofrecer la ayuda terapéutica entre los demás miembros de la familia, tíos y abuelos, con la finalidad de que cada uno manifieste sus emociones y sentimientos con relación a ese bebé tan esperado.

La muerte del neonato siempre será motivo de consternación y dudas. Los padres se sienten responsables del bienestar y seguridad de su hijo y cuando éste muere, la pérdida suele representar fracaso y culpa.

Para los padres es muy importante tener la oportunidad de despedirse de su hijo, tenerlo en sus brazos, besarlo, acariciarlo; esto se ve sencillo o puede parecer poco importante, sin embargo les ayudará con la elaboración del duelo. Sentir al bebé en sus brazos ayudará a hacer contacto con la inevitable realidad, al mismo tiempo percatarse de que el bebé sí existió.

Cabe señalar que todos los miembros de la familia están pasando por una pérdida, sin embargo cada uno de ellos elaborará el duelo de forma individual, tratando de echar mano de los recursos internos y las herramientas que posea, para llegar a la aceptación de la pérdida.

Muchas veces cuando estamos en duelo, solemos despertar en la madrugada con la esperanza de que todo haya sido una horrenda pesadilla.

La muerte del neonato se puede derivar de algún mal congénito, es un problema que se origina mientras la madre lo está gestando, la mayoría de estos defectos ocurren durante las primeras 14 semanas, los bebés pueden ser prematuros o nacidos a término. Otra de las causas, puede estar relacionada con complicaciones durante el embarazo, ya sea que estén vinculadas a la placenta, al cordón umbilical y las membranas, las infecciones y la asfixia antes o durante el parto.

Normalmente el futuro padre comparte las alegrías y preocupaciones normales al lado de su mujer embarazada, sin embargo en la mayoría de los casos no lo demuestra, tal vez él este más centrado en el aspecto económico, la responsabilidad que implica la paternidad en cuanto a la manutención y la educación. Algunos padres se sienten un tanto desplazados por el hijo próximo a llegar.

Un bebé representa vida, futuro, esperanza y muchas ilusiones.
“La muerte es solo un cambio de presencia”.

Lulú Ruiz Niño
55n2106 8050

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