Unos mejores que otros…

Son esos días en los que puedes ver lo mejor de cada persona, donde cada sabor y cada aroma son disfrutados, sentidos y ampliados.
En días así no cuesta nada dejar pasar lo que incomoda, callar lo que no suma y agradecer lo que realmente importa.

Son esos momentos en los que entiendes que todo pasa por algo:
lo vivido, lo peleado, lo sufrido y lo conquistado, lo ganado, lo perdido y también lo cosechado.
Donde los amigos que están son los que tienen que estar y el amor es un hallazgo genial.

Hay instantes donde la piel parece sentir el doble y todos los sentidos están más alerta, te cuentan que estar vivo es una maravilla que se renueva. La sonrisa de los otros es música; la copa de vino, agradecimiento; el abrazo, alegría. Las ganas de continuar se despiertan.

Esos días te muestran planes, proyectos, interrogantes e incluso los mismos miedos de siempre, pero que este día, por lo menos, no asustan tanto. Son esos días en los que no importa si el pasto del vecino es más verde, ni si la vida de otros parece más simple y llevadera.
Tampoco interesa si la historia que tenemos no es la que imaginamos ni la que otros esperan. Lo que vale es que es nuestra. Historia armada y amada, por más imperfecta que sea.

Hay días donde palpamos la vida única y valiosa.
Vivir es fácil, quizás porque somos genuinamente conscientes de que hay consecuencias, de que los días tienen término y de que el camino a seguir, por suerte, puede ser mucho más lindo si hacemos el intento de dar lo mejor que llevamos dentro.

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