Todos son mis padres, todos son mis hijos

Dicen en la televisión, en uno de los muchos noticieros que se transmiten por la mañana, que te darán toda la información que requieres antes de salir de casa. A mí me sorprende la declaración y me pregunto qué necesito saber antes de salir de casa para poder sobrevivir y volver sana y salva a mi hogar después del día laboral, qué tienen que hacer mis hijos para regresar a casa sin daño, sin pérdidas ni lastimaduras, ¡vivos!

Ayer, hace exactamente 2 años que en Iguala desaparecieron 43 jóvenes estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. Hubo, dicen, tremenda marcha por la tarde en la Ciudad de México. En esta ciudad en la que nací y habito hace más de 50 años. Entiendo la carga política que los hechos violentos asociados a Ayotzinapa tiene, sé de la raja que muchos grupos políticos y partidos han intentado capitalizar, sólo que no es ahí donde pongo el foco. Honestamente, si podemos identificarnos de alguna manera los que no somos parte de esa comunidad guerrerense, es pensando en la pérdida que esas madres, padres y familias de los jóvenes normalistas han sufrido. Menciono este caso sólo como un ejemplo que se ha vuelto emblemático y que tiene especial visibilidad, nada más que no es el único. En mi país, en mi ciudad, en cientos de pueblos y ciudades de este México actual, los jóvenes, niños y adultos, mujeres y hombres, salen con un riesgo aumentado de manera inconmensurable de no volver a casa. De ser parte de la numeralia de sangre, muerte y desaparición que se desprende de los sucesos a nivel nacional.

¿Estamos rebasados? ¿Cómo llegamos a esta situación que tanto temor genera? ¿Hemos perdido la capacidad de vernos en el otro? ¿Nuestro sentido de humanidad ha desaparecido también? No puedo evitar volver al lugar común en el que, los que estamos ajenos a las actividades delictivas nos cuestionamos y quedamos detenidos, paralizados: ¿En este país son más los malos que los buenos? ¿No tenemos parámetros de control social, de crianza, de identidad que nos ayude a preservarnos en lugar de destruirnos? ¿Qué podemos hacer además de intentar cumplir con las tareas que hacen que la sociedad siga funcionando, que la economía, a pesar de los pesares, se mueva y se sostenga? ¿De verdad quieren a las madres de familia saliendo a las calles porque nos arrancan a nuestros hijos de los brazos?

Sólo en países en guerra entienden el temor, la inseguridad e incertidumbre con la que salimos a la calle todos y cada uno de los mexicanos diariamente. Mujeres y hombres de todas las edades que vamos a ganarnos la vida, a cumplir con nuestras obligaciones, a estudiar, a trabajar, a producir y que, inmersos en este clima de inseguridad y violencia, nos encontramos exponiéndonos todos los días . Mandamos a nuestros hijos, parejas, hermanos a la actividad cotidiana con la resignación de que no se puede detener el tiempo ni los requerimientos y necesidades de subsistencia. Desde la convicción de que no podemos vivir rehenes del miedo.

Dicen en los Estados Unidos de Norteamérica: It takes a village to raise a child (Se necesita un pueblo para criar a un niño). Estoy de acuerdo, si todos somos hijos de todos y todos somos padres de todos, habremos de encontrarnos en las similitudes de nuestros afectos, en el amor a nuestros semejantes por muy distintos que parezcan a nosotros. Nos encontraremos en el hallazgo de que todos amamos y, si dejamos que ese amor se expanda, se reproduzca y crezca, puede tener un impacto que efectivamente ayude a terminar con la descomposición del tejido social y en la construcción de caminos y puentes que nos unan, nos vinculen y nos posibiliten para proteger y cobijar a nuestra especie, la humana.

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1 Comentario

  1. Aldo
    27 septiembre, 2016 at 1:40 pm — Responder

    ¡Excelente! El sentir de los mexicanos, muy claro y bien expuesto.
    Por los padres, por los hijos, por todos los que luchamos todos los días por un México de pie, (mejor ya es quimera), por los que medianamente y superiormente tratamos de cumplir con todos los lineamientos que exige vivir en una sociedad, POR FAVOR! Necesitamos una solución, una esperanza!

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