Si fuese musica…

Si fuese música, hoy sería lenta.
No es personal, no se preocupen.
Será la lluvia, o que es martes, pero salió así.
A todos nos pasan cosas. Sin permiso, ni explicación.
Tenemos estos días donde llueve más adentro que afuera, donde la música es lenta, dolorosa.
No siempre vale hacerse el distraído, quizás declararnos no tan positivos por un rato, nos hace más cercanos y humanos. Sentimos emociones que tratamos de entender sin comprender. Desconfiamos, volvemos a confiar, queremos creer pero por momentos no podemos hacer que deje de doler.

Pasar un mensaje, expresar un sentimiento, aullar un dolor, compartir una alegría, justificar un enojo, explicar una decepción. Situaciones tristes, difíciles, tensas o incómodas.
La expectativa propia tan diferente a la ajena.
Uno mismo percibiéndose de una forma que los de afuera parecen no registrar.
Los otros reclamándonos en un idioma que nos suena injusto e incomprensible.
En esa rueda eterna en la búsqueda de la razón nos olvidamos de la paz que finalmente solo hallamos en el silencio y la soledad.
El sonido de un ritmo triste tan lleno de interferencias distorsiona el mensaje que tanto queremos transmitir.
Cansancio por estar en los mismos lugares, tan familiares, hoy sin cobijo, ni comodidad.
Frustración por los planes que no se cumplen, que no sintonizan.
Caminatas que no se caminan, manos que se enfrían, besos que se duermen; heridas que no terminan de cerrar. Palabras vueltas filosos cuchillos, gotas de tinta en agua clara.
Tristeza infinita que no se comparte ni se publica.
Días en silencio, momentos que no volverán.
Angustia que aprieta porque la distancia crece, se hace precipicio.
No querer inundarse en lágrimas para ser vista, ni quedarse sin voz para ser escuchada.
Tendiendo puentes que nadie cruza, la confianza dañada, la conexión paralizada.
La soledad terrible por no saber comunicar lo que se siente, lo que duele y lo que pasa.
Evitar hablar si es para desatar una guerra.
El corazón pidiendo a gritos ser tomado en cuenta. Callando más, cerrándose un poquito más cada día, aprendiendo a pedir menos hasta que no quede nada. Y así nos vamos quedando más solos, con más miedos, en lugares pequeños de los que somos absolutos dueños.

Que haya desacuerdo pero que haya cuidado. Se tolera el daño si hay disculpas. Se siente menos la soledad cuando una mano se acerca a mi camino, una mirada ocasional a través de mis ojos que no son los tuyos, un agradecimiento por tantos momentos vividos.
Se trata de no perder de vista el corazón ni aun en la tormenta.
Porque no darse cuenta es un derecho y reflexionar debería ser una obligación.
Porque hay días que no volverán ni para ti, ni para mí.
Tú, yo, él, ella, nosotros. Todos viviendo, disfrutando, pero también sufriendo esta extraña locura de estar modernamente conectados pero con la eterna soledad tan al acecho…

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1 Comentario

  1. Marisela
    18 mayo, 2016 at 2:35 pm — Responder

    Me fascinó!!! Que fácil lo describes, qué bien transmites lo que sientes, lo amé! Felicidades!

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