Paren al mundo que me quiero bajar

Me considero una persona bastante tecnológica para mi edad, tengo más de 50 años y se usar una computadora y un Ipad, aprendí con poco esfuerzo a manejar lo básico del Photoshop, puedo jugar Candy Crush tanto como Wii y no hago tan mal papel manejando mi celular.
Estoy totalmente a favor de estos avances y creo que me hacen la vida más ligera en muchos sentidos, sin embargo, me molesta que no he acabado de instalar la última actualización cuando ya es obsoleto el programa que manejo. Este afán consumista de hacer las cosas desechables me tiene muy enojada.
No hace más de 4 años que tengo un grupo de teléfonos inalámbricos en mi casa y me estoy enterando que ya están descontinuados, cuando traté de reponer uno, que ya no se puede apagar porque el botón no se hunde a menos de que lo aplaste con la pata de mis anteojos. Tampoco hay modelos compatibles para que solamente cambie el descompuesto, mi única opción es comprar otra vez todos los teléfonos.

Ya casi nadie lleva los zapatos a remendar con el zapatero, ni trae un pañuelo de tela en la bolsa, el silbido del afilador de cuchillos ha sido sustituido por la voz grabada de una niña que pide a todo volumen y con un tono bastante desagradable: “colchones, lavadoras, refrigeradores, y fierro viejo que vendan…”

No quiero hacer la típica lista que anda circulando por internet, que dice todas las cosas maravillosas que hacíamos de niños en los 70´s, ni platicarles que vi a mi mamá poniéndole pañales de tela a mi hermana, a mi papá rellenando de gas el encendedor, y a mi abuela hirviendo una enorme jeringa de vidrio para esterilizarla; tampoco creo que haber jugado resorte o a las matatenas me haya hecho mejor o peor que los niños de ahora, pero si siento la necesidad de pedir que el mundo se detenga un segundo, para poderme bajar a tomar aire y dejar al torbellino que nuevamente me eleve y me arrastre inclemente sin que pueda evitarlo.

Hay que subirse a la ola, lo sé, pero entiendan que yo tengo guardado en una cajita el ombligo de mis hijas y todos los dientes que mudaron, y a cada una le empaque los cuadernos y trabajos del kinder, desde los borreguitos con algodón hasta los collares hechos con macarrones. Tengo los bolos de los bautizos de mis sobrinos, albúmenes de fotos que jamás podría “digitalizar” para guardar todo en un CD o un USB, los vestidos de la primera comunión de mis hijas y el ropón que mandaron hacer para bautizar a mi hermano mayor y a todos los demás hermanos, y después a toda la descendencia, incluidas las hijas de mi hermana menor que ya son del 2000. Tengo el hábito de la lectura y sigo pensando que no hay nada más delicioso que oler un libro nuevo, doblarle la esquinita a la hoja para saber en qué página te quedaste y guardarlo por si quieres volverlo a leer más adelante. Tampoco se imaginen que vivo como los acumuladores del Discovery Channel, o que mi casa es un campo minado, pero guardo las cosas que me enseñaron que eran importantes y me hace conflicto que ahora todo tenga que acabar en la basura.

Lo malo de esto es que los valores también se han vuelto desechables, el concepto de la amistad, la solidaridad, la lealtad es bastante diferente hoy en día y qué decir de las relaciones amorosas, justamente hace una semana la más chica de mis hijas me aclaró que sólo si eres de la “vieja escuela” te declaras, lo más común es que la relación vaya subiendo de nivel sin tener que decir nada de nada.
Y pues a mi si me gusta eso de que se te declaren y que sepas que a partir del día tal, del mes tal, y del año tal, habrá que celebrar que somos novios. Yo soy de las que se casó para siempre y hasta ahora he ido superando la prueba, pero, aunque no depende de ellas en muchos de los casos, la mayoría de mis amigas son divorciadas, es decir, el matrimonio también ya es desechable.

¿Será por eso que las mujeres de hoy se ponen botox, implantes y se operan de todo a todo? Tal vez ellas buscan incansablemente una nueva identidad para que en un descuido no se vuelvan desechables…

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2 Comentarios

  1. En el exilio
    27 enero, 2016 at 9:31 am — Responder

    Cuando do eramos niños las computadoras que llevaron al hombre a la luna eran menos potentes que el celular que suena en tu bolsa. La tecnología no ha ido haciendo las cosas más pequeñas sino también más baratas y eficientes con el tiempo. Eso ha permitido el transferir el costo de las cosas a las personas. Hace años nuestras abuelas y madres remendaban los calcetines porque eso representaba un ahorro, los calcetines costaban más que el tiempo requerido para zurcirlos, hoy tu tiempo vale más que el costo de un par de calcetines, lo mismo sucede con el tiempo de un técnico que tiene que reparar un teléfono. A eso lo llamamos progreso y creo que es algo que debemos festejar, el transferir el valor de las cosas a las personas es un gran progreso.

    Hace unos cuantos lustros los teléfonos funcionaban por siempre, el teléfono de los años 50 seguía funcionando en los 70’s con el mismo alto consumo de energía de cuando fue creado. Hoy los teléfonos de apenas un par de años atrás consumen 10 veces más energía que los últimos modelos ¿por qué querría alguien seguir construyendo teléfonos ineficientes si podemos ahorrar energía?

    Me horroriza pensarlo, pero lo mismo sucede con las relaciones, te sorprendes de que no haya necesidad de declarar nuestro amor, pero es obvio que nuestro amor (y su correspondencia) transmina de nuestras acciones y no hay que declararlo porque es obvio. En un sentido similar hemos transferido el valor de la acción a la persona. Y ¿qué sucede con el matrimonio? También ha perdido su valor transfiriéndoselo a las personas, estar bien como persona se ha vuelto más valioso que tener un buen matrimonio.

    ¿Será acaso que lo mismo sucede a quienes buscan cirugías, botox y cremas para mantener su valor? No quieren aceptar que les transmitan el valor como personas y quieren seguir siendo cosas. Cosas que deben de ser “reparadas” para mantener su valor.

  2. Monica
    27 enero, 2016 at 9:34 am — Responder

    Me dejaste en shock con el ombligo! No mi querida, los valores y las personas no son desechables, eso perduran y son lo que nos mantiene vivas y felices a veces, a que vivimos mientras estamos vivos!

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