Mantenerse enamorado es una decisión

Todos hemos experimentado esa sensación maravillosa de estar enamoradas, sentir que flotas cuando estas junto a esa persona que se hizo “merecedor” de tu atención y tus emociones, sentimos “mariposas en el estomago” en ese amor de juventud.

Realmente, esa primera emoción se siente con el estomago y no con el corazón.
A esa edad nos enfocamos nosotros mismos y no en el otro. Si, debo reconocer que ese “enamoramiento” de juventud es algo egoísta y egocéntrico, aunque eso no le resta las maravillas que posee.
No es tan perfecto como creía, pero poseía la semilla de la perfección natural del amor. Porque el amor está en nuestra naturaleza.
El amor nos envuelve desde que somos concebidos, recibimos la vida por amor, y para el amor.
Pero así como sucede con nuestro potencial, debemos desarrollar nuestra capacidad de amar, amando. Nuestros padres nos enseñan a amar, amándonos. Aprendemos a amarnos a nosotros mismos, amándonos.
Para amar hay que conocer el amor, en el conocimiento de nosotros nos descubrimos como personas únicas, irrepetibles, poseedores de virtudes y defectos, es la huella digital de nuestra personalidad, somos personas en proceso de “perfección”, es el don de ser uno mismo.

A su vez, el regalo más maravilloso que recibimos del otro, su ser en sí mismo que comparte por decisión, porque se sabe dueño de sí y se entrega por amor. Esa entrega no se fragmenta en dos corazones, sino se une y se complementa en la donación mutua de la pareja, en la que se alinean de tal modo, que forman uno sólo en la amistad y el compañerismo, saliendo del “yo soy” al “somos”.

Se comparte no sólo la simpatía, la atracción física, la amistad, la camaradería, sino lo que somos, creando una vida común en unión con el otro, por voluntad de ambos.
El amor verdadero perfecciona al ser humano, engrandece y da plenitud a la existencia, por ello es que no da cabida a los celos, a la envidia o a imponerse sobre el otro a través de cualquier clase de dominio. Decidirse a amar de esta manera es extender las alas de nuestro potencial, y volar tan alto como nuestros sueños nos lo permitan, agradecidos por el regalo que recibimos y convencidos del regalo que damos.

La expresión más grande y autentica del amor es la entrega de ese don, que sólo nos pertenece a nosotros y cada uno puede compartirlo por decisión propia, eso es amar.
Démonos la oportunidad de amar, con toda la imperfección de nuestro ser, vale la pena.

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