Las cosas que uno no decide

La mitad imprescindible para tener un romance, la muerte despiadada de alguien amado.
El final de una historia con un final que no es siempre como se quiere, los eventos impredecibles.
La traición no esperada, la confianza destrozada.
Las elecciones de los hijos o la vejez de los padres.
La decisión de continuar o terminar una historia; el paso del tiempo y sus consecuencias. Los accidentes no prevenibles. Las tristezas impuestas; las despedidas no elegidas. Ser elegido o abandonado, cuidado o maltratado, respetado o herido.

Todas esas cosas que uno no decide…
Confiar es poner gran parte del corazón en manos ajenas.
Situaciones que llegan, encuentros que no se concretan, fantasmas que despiertan.
No hay forma de escapar. Vulnerables, humildes o rebeldes puestos a lidiar con ellas.
El conocimiento no sirviendo para mucho cuando el corazón está en juego. Parados encima de la tierra sintiendo absoluto vacío bajo los pies. La razón generando interrogantes que la emoción no contesta. Las cosas que son decididas sin que seamos consultados ni prevenidos. La vida misma poniéndonos a prueba en esos momentos dónde saber o no saber, no es la respuesta. No se trata del saber que viene de libros ni de lo que un día nos prometieron o de lo que elegimos creer o lo que debería ser. Se trata de continuar con dignidad y con ganas de sentirse vivos.

Nuestra mitad del romance, lo que damos, cuánto cuidamos y respetamos; cómo recordamos a un muerto, qué aprendemos de un final, cómo nos movemos en la incertidumbre, cómo reaccionamos, el respeto por la individualidad, la conciencia de la propia mortalidad para acompañar mejor el paso del tiempo, hacerse fuerte y soltar amarras aunque duela, son acciones que podemos decidir aun no habiendo elegido estar frente a ellas.

Ahogarnos de pena, patalear de rabia, intentar convencer o controlar acciones ajenas, maldecir, buscar culpables o enojarnos servirá y será necesario pero sólo por un rato.
Mirar las estrellas, relajarse en lo infinito y pequeño de un momento, olvidarse de lo que debería ser, aceptar lo que es y hacernos cargo de nuestra parte, son las únicas formas de encontrar consuelo y rápida salida hacia un nuevo amanecer.

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