Hilos

Millones de hilos invisibles sosteniendo vidas bajan desde el cielo.
Cada uno diferente, algunos muy finos otros muy fuertes, moviéndose a distintos ritmos, unos nacen otros se desvanecen y las vidas se sueltan y mueren.

Cada hilo es sostén de una historia, mil proyectos y otros miles de sueños, mil derrotas y otros miles de éxitos.
Algunos enredados tratando de buscar su vuelta para oscilar parejo y moverse al mismo son de la tierra, otros firmes y correctos como “Dios manda”. Algunos andan haciendo y deshaciendo buscando su camino para bajar a la tierra y apoyar los pies firmes y enraizarse al suelo, como si de un ancla en la arena se tratara, para no moverse tanto y quedarse más quietos.
Muchos se mueven a la par, en equilibrio perfecto, se hamacan unidos en un mismo sentido y pareciera que de ellos como cuerdas musicales brotaran melodías de amor sincero, de plenitud, de sostén y largas platicas con miradas hondas, hasta de sabiduría.
Entrelazan los hilos y se funden como si fueran uno, y de lejos se los ve aguerridos, enfrentando vientos intensos, nubes espesas, horizontes oscuros sorteando con otros para mantenerse bien juntos, acompañándose en el oscilar de cada día.

Hilos enloquecidos que se mueven buscando respuestas, andan confusos sosteniendo vidas que creen estar perdidas pero aún no encontraron la tensión perfecta para sostenerse en armonía… hasta que Dios quiera.
Hilos flojitos que penden haciendo fuerza inmensa para luchar contra algún dolor o alguna pena, rodeados de otros hilos que abrazan y consuelan.
Hilos que se van prematuramente o cuando ya resecados y viejos se quiebran y se sueltan para que las almas vuelen, dejando a otros tristes porque toda partida genera soledad, angustia y pena.
Y así el cielo se llena de hilos que no vemos, con vidas que van y vienen, que nacen y mueren dejando a su paso historias para que otros recuerden.

Que mi hilo sea fuerte para sostenerme bien firme, que se clave mi vida en esta tierra para dejar buena huella, que abrazado a otro hilo perdure el amor hasta la vida eterna, que el mío, el tuyo y el de cualquiera sean hilos que valgan alegrías y triunfos y no llanto, bronca y pena.

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