Esa fuerza…

La fuerza sale de abajo, de adentro, desde lo hondo del alma y a veces, muchas, viene del cielo.
La fuerza sale cuando ya no das más, quieres tirar la toalla, renunciar, abandonar la lucha que a veces es dura. Sale justo cuando la angustia ácida te ahoga en la mañana y tu única perspectiva es darte vuelta y no salir de la cama, cuando te sientes como vela que se derrite, consume y apaga, justo ahí aparece y ayuda en cualquier batalla.

La fuerza sale cuando piensas en tus hijos, cuando chocas la mirada con la persona amada, cuando le brillan los ojos diciéndote mucho sin decir nada, cuando el abrazo te pide paciencia, fe, sostén y sabes que puedes, que pase lo que pase no te vas a dejar vencer.

La vida te pone a prueba, te saca el sueño, te cobra en el cuerpo, en la cabeza y en el alma, pero sigues luchando porque hay veces que todo te sacude, pega, pasa y después viene la calma.

La fuerza anda escondida… no la vemos, ni sentimos, ni olemos, pero está esperando que levantemos la barrera para salir a enfrentar los problemas. O en esas lágrimas que llegan con alguna pena.
La fuerza está, sólo hay que tener voluntad para saberla sacar de ese lugar que a veces no sabemos muy bien donde encontrar…
No hay que dejarse vencer por la fatalidad, que las batallas llegan pero la resistencia es nuestra y hay que poderles ganar.

Lo que tengo muy claro es que después de muchas luchas y de muchas pérdidas, aunque también mucho ganado, es que no hay que rendirse, eso sí que no, eso, NUNCA JAMÁS…

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