El regalo del silencio

Afirmaba un terapeuta que no existe la “no comunicación”, el ser humano se comunica siempre y de muy diversas maneras consigo mismo y con su entorno, aunque no siempre sea de forma efectiva o eficiente.

No siempre podemos comunicar nuestros pensamientos a través de las palabras, que es la manera más consciente de comunicación, no siempre nos damos cuenta de lo que comunicamos a través de otras expresiones propias de nuestra personalidad o de nuestra potencialidad. El lenguaje gramatical, verbal tan completo y expresivo, a veces, nos es insuficiente y no encontramos las palabras adecuadas para expresar sentimientos, emociones hacia otros o hacia nosotros mismos.
Sin embargo, todas estas formas de expresión, se entrelazan y complementan para formar la expresión humana de quienes somos.

Ante esta disyuntiva de expresión y comunicación, la humanidad ha logrado rebasar límites del idioma, costumbres o culturas a través del uso de la tecnología, muy loable de nuestros días, con lo que podemos sentirnos particularmente en contacto con amigos, familiares, colaboradores, etc., sin importar la distancia. No importa en donde te encuentres, tu mensaje llega a casi cualquier parte del mundo y puedes obtener una respuesta inmediata. La tecnología representa una herramienta útil y efectiva de contacto.

La cultura de la inmediatez y la superficialidad nace de ese protagonismo de las herramientas que se han colocado por encima de la necesidad que les dio origen, de tal manera, que a pesar de los beneficios que aportan a la comunicación, irónicamente, ahora es más difícil la comunicación directa, personal e individual. Lo vemos en reuniones familiares, juntas de trabajo, clases, en donde la gente esta conectada a sus teléfonos inteligentes y desconectada de lo que le rodea.
La preguntas surgen:
¿Qué es más importante?
¿La comunicación con quien no veo o la comunicación con quien convivo?
Ambas son importantes, el equilibrio es lo que es difícil de lograr.

Si estamos de acuerdo que las palabras no siempre son suficientes para nuestra expresión, tampoco lo son los iconos de caritas que expresan diversas emociones, a las cuales se recurre indiscriminadamente, sin reflexionar, atendiendo lo urgente y ordinario, consumiendo nuestro tiempo y distrayéndonos de lo trascendental.

Centrarnos en lo importante, no solo en lo urgente, nos ayuda a retomar el rumbo en el sentido más profundo de la vida.
¿Qué es lo que nos mueve en esta vida? ¿Hacia donde vamos o queremos ir?
Por eso la importancia de hacer silencio, poner pausa a la inmediatez y escucharnos a nosotros mismos, mirar hacia nuestro interior y contemplarnos en un silencio nutritivo de vida, un silencio reparador de lo ordinario, que permite y da lugar a lo extraordinario que habita en nosotros.

En el silencio encontramos y potencializamos nuestras capacidades de autoconocimiento, autogestión y autodeterminación, que nos hacen libres. Es a través del silencio que nos regalamos ese espacio tan nuestro, que nos ha sido arrebatado por la inmediatez y la urgencia del día con día.

Empezar por uno mismo, en nuestra interioridad, la aceptación y el dialogo con el otro, para salir de mi hacia el otro, en un acto de encuentro y reconciliación.
Esta es la plataforma sobre la cual me construyo y construyo las relaciones con mi entorno, de las cuales solo yo soy responsable. De esa construcción trascendental pueden generarse los lazos de colaboración para la construcción de una sociedad más justa y solidaria, una sociedad realmente humana que exprese la grandeza de sus integrantes.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2016
Anterior

Al cabo la muerte es flaca I

Siguiente

A veces hay que ensimismarse

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>