¿Cómo es tu caminar?

En cierta ocasión, un sacerdote nos platicó de un amigo suyo que decidió recorrer el camino de Santiago de Compostela al cumplir 84 años, como una manera de celebrar la vida. Así que tomó todas las precauciones y escuchó los consejos bien intencionados de sus familiares y amigos, empacó lo necesario en un mochila, buscando equilibrar el peso y llevar los artículos indispensables, y se dirigió a Francia para iniciar su recorrido solo.

Así fue como cada mañana se levantaba y recorría alrededor de 20 kilómetros para acercarse a Santiago. Un atleta joven que se encontraba en el mismo recorrido observó al anciano y se sintió inspirado por el esfuerzo que pensó significaba para una persona de edad avanzada, así que decidió acompañarlo y unirse en su camino para auxiliarlo en caso necesario, porque el camino tiene sus riesgos y muchos más para quienes se aventuran solos.
Muy temprano por la mañana cuando el atleta vio que el anciano se preparaba para iniciar la caminata, se le acercó a saludarlo, preguntando si podría acompañarlo en el camino ese día, comentando lo cansado que puede llegar a ser el camino. El anciano lo observó cuidadosamente y le respondió:

– No joven, usted no sabe caminar.

El atleta sorprendido e indignado a la vez, le respondió que él era atleta, que había participado en varios maratones, y se había entrenado para recorrer el camino de Santiago, sin embargo el anciano volvió a insistir que él había observado que no sabia caminar.
El atleta intrigado por la postura firme y convencida del anciano, le pregunto:

– ¿Por qué piensa usted que no se caminar?
– Te he observado desde que salimos de Francia, recorres los trayectos rápido y con fuerza, demasiado enfocado en ti mismo, ¿qué caso tiene venir hasta Santiago, si lo único que aparece en tu camino eres tu mismo? No te has detenido a admirar la puesta de sol, ni te has despertado a ver el amanecer, no has contemplado las piedras que sostienen tus pasos, ni las flores que observan tu andar, no te has dado cuenta de los pájaros que curiosos te seguían, los días de lluvia te parecieron molestos y no notaste como las gotas refrescaban tu cara, se formaban charcos que rodeabas y los pájaros y ardillas de ahí bebían. Las ratas de campo se cruzaron y no advertiste la serpiente que les perseguía, te enfocabas en ti mismo, sin ver que un mundo a tu alrededor esta vivo y te comparte la vida.
Se te olvidó que lo más importante está en el camino. Cuando me viste, notaste mi avanzada edad y la osadía de mi recorrido, pero no observaste lo que hacia, ni siquiera pudiste darte cuenta que habían transcurrido siete días desde que nos habíamos cruzado en la primera estación, en la cual todos éramos invisibles ante tu trayecto ¿Porque desearía yo caminar junto a alguien que no sabe caminar?

El joven se quedó paralizado frente al anciano, sin ningún argumento que pronunciar a su favor, con toda la fortaleza de sus piernas y la debilidad de su espíritu, trató de recuperar en su mente alguna imagen de todo aquello que había pasado durante el camino esos días.
Entonces se dio cuenta que muchas cosas ocupaban su mente menos el camino, por lo que respondió al anciano :

– Necesito aprender a recorrer el camino, ver el camino a través de sus ojos, necesito tomarme de su mano y aprender a caminar desde los ojos de la experiencia para darle dirección a mi ímpetu aprovechando la fuerza de mis pasos. Necesito entender que toda una vida no es suficiente para conocer el camino si la vista esta tan sólo enfocada en la meta.

El anciano sonrío y le dijo:

– Ahora comienzas a entender cómo caminar…

Cuántas veces en nuestro caminar nos preocupan las prisas, los compromisos, las obligaciones y no sabemos contemplar el camino que recorremos ni darnos cuenta de la gente que está acompañándonos.
El tiempo se escurre entre los dedos, porque estamos demasiado enfocados en nosotros mismos, nos preparamos para muchas cosas, aprendemos distintas profesiones, técnicas y disciplinas, pero no sabemos vivir.

¿Qué hemos disfrutado del camino?
Detengámonos un poco y preguntémonos si sabemos caminar por la vida, o sólo hemos salido a correr, pensando a dónde queremos llegar sin disfrutar lo que pasa en el trayecto.
Nosotros no podremos controlar todo lo que nos sucede pero si podemos elegir cómo lo enfrentamos.
Ante los reveses del camino podemos elegir disfrutar o sufrir, todo esta en nuestra actitud, nunca es tarde para aprender a caminar.

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1 Comentario

  1. Daniel
    24 agosto, 2016 at 10:48 pm — Responder

    admirable!!!

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