A veces hay que ensimismarse

Hay momentos en los que lo mejor es ensimismarse:
cuando nos llevan al límite de nuestra paciencia,
cuando nos provocan con comentarios filosos e irónicos,
cuando nos acosan con preguntas para las que aún no tenemos respuesta,
cuando nos piden más de lo que podemos dar,
cuando nos lastima la indiferencia,
cuando la mente necesita paz y silencio,
cuando lo de afuera se hace peligroso e indescifrable,
cuando el cuerpo pide reposo.

En esos momentos, lo mejor es huir a ese lugar del que sólo nosotros somos dueños.
Quedarse lo más quieto y callado posible.

Porque en esos momentos, nada de lo que decimos sirve, nada de lo que hacemos es lógico ni claro.
Hay momentos para vernos por dentro, para cuidarnos de lo externo y encontrarnos a nosotros mismos viendo todo, sin involucrarnos demasiado, hablando poco, buscando paz en nuestro interior.

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