Mi casa, mi amado colegio

Mi madre enviudó a los 26 años y se quedó con tres niñas a cargo, tenía que trabajar para las cuatro, y no sé por qué mi hermana Alicia, a los 7 años iba en una escuela diferente a la que yo acudía.
Mi madre la enseñó a ir y venir sola de la casa a la escuela y en una de esas, se quedó dormida en el camión y al despertar no reconoció el camino, por lo que se bajó del camión muy asustada. Unas personas le preguntaron que le ocurría, a lo que contestó:

– Estoy perdida, me quedé dormida y no sé en dónde estoy.

Le preguntaron por mi mamá y ella les informó que estaba trabajando, también le preguntaron que si sabía el número de teléfono para hablarle a mi madre y que fuera a recogerla, afortunadamente todo fue sólo un susto.

Yo también aprendí a ir y venir sola a la escuela.
Soy la mayor y en ese entonces tenía 8 años.
A mi me tocaba llevar a mi hermana Lina, que era la más pequeña, (tenía 5 años) a la guardería, así es que antes de entrar a la escuela iba a dejar a mi hermana y saliendo iba a recogerla y volvíamos a casa.

Mi mamá nos dejaba preparada la comida y yo era la encargada de servirla, hacíamos nuestra tarea, aprendí a calentar tortillas en una parrilla eléctrica, estábamos solas muchas horas y mi madre empezó a buscar alternativas para nosotras.
Así que empezamos a recorrer varios internados en Tlalpan, pedían la ropa de cama, los uniformes, los útiles, y todo lo que necesitas para vivir en una casa, tus objetos personales y de aseo; además la mensualidad que no sé a cuánto ascendía, lo que si sé es que tenía que ser multiplicada por 3, entonces esa posibilidad quedó descartada por completo.

La búsqueda no paró ahí, entonces fuimos a parar en un internado horrible, que a la fecha no sé en dónde estaba exactamente. Nos levantaban a las 5 de la mañana a sacar agua de una cisterna, con el riesgo de caer al agua y al enterarse mi mamá de esto, nos sacó de ahí de inmediato.

Ya habían transcurrido 2 años cuando de pronto, alguien le informó a mi madre de la Fundación Mier y Pesado, un colegio que estaba a cargo de las religiosas de la orden del Verbo Encarnado. Está sobre la Calzada de Guadalupe, en la Colonia Industrial, en la Ciudad de México. Es un internado de tiempo completo, en aquel momento para niñas huérfanas de padre o madre, o bien de ambos padres y está en funcionamiento desde 1917, gracias a Doña Isabel Pesado, la esposa de Don Antonio de Mier y Celis.

En aquel entonces, las alumnas salíamos el sábado por la tarde y regresábamos al día siguiente a las 19:00 horas en punto, cada 15 días. La disciplina era sumamente estricta.

El colegio nos proveía educación, vestido, alimentación y atención médica a cambio de una mensualidad de “cero pesos”. Sólo llevábamos nuestro suéter azul marino, el uniforme para deportes y unos tenis, nuestros respectivos útiles, los zapatos que todas debíamos comprar en una determinada zapatería para que todas usáramos el mismo modelo y unas pantuflas.

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Ingresábamos a la fortaleza Art Déco a través de un amplio y hermoso vestíbulo de techos muy altos, en donde habían unos sillones muy cómodos y amplios, macetones, dos vitrales con temas religiosos, y unas placas alusivas a los fundadores.
El colegio ocupa el equivalente a dos manzanas y colinda con cuatro calles, la principal es Calzada de Guadalupe y la de atrás Calzada de Los Misterios, a los lados Necaxa y Río Blanco.

Al principio no fue nada fácil estar ahí encerrada y solamente ver a mi mamá dos veces al mes, sin embargo agradezco mucho su buen tino al habernos metido ahí, gracias Lourdes Niño Palacios, mi madre.

Dentro de las instalaciones había un teatro en dos plantas, los domingos nos transmitían películas de Rocío Dúrcal, y de vez en cuando veíamos la televisión.
Tenía 2 frontones techados que estaban sobre Calzada de Los Misterios, había una capilla y diario se oficiaba misa para las religiosas y para cualquiera de nosotras que quisiera acudir, los domingos la misa era obligatoria para todo el alumnado.

Tenía un elevador enrejado, el cual estaba pegado a la cocina, misma que se alimentaba con el vapor de potentes calderas, que también nos abastecían de agua caliente para el baño diario, tanto de las religiosas, del personal que laboraba y vivía en el colegio (únicamente había alojamiento para mujeres) y las alumnas. Los mozos, el chofer, los jardineros y los panaderos iban y venían diario al colegio.
El elevador te llevaba al sótano, que era dónde guardaban las provisiones, al primer piso, en donde había un pasillo largo que te conducía a la casa de las madres, al segundo nivel, en donde estaba la enfermería, que disponía de cuartos privados para que en caso de que alguna de nosotras necesitara estar aislada por alguna enfermedad, no pusiera en riesgo a las demás compañeras. También contaba con una sala general en donde podían estar 10 niñas o más y una unidad dental. Cada 8 días iba un odontólogo a revisarnos, nos hacía extracciones si el caso lo ameritaba, o nos trataba las caries. En casos de emergencia llamaban una ambulancia y nos trasladaban a algún hospital, de requerir cirugía las religiosas actuaban y avisaban a tu familia.
También iba una señora a cortarnos el pelo, ya que todas debíamos tener el cabello corto para agilizar el tiempo a la hora de bañarnos, las únicas que podían tener el pelo largo eran las chicas de 4to. grado de Comercio, que eran las futuras secretarias y contadoras que se sumarían a las filas laborales.

Contábamos con dos comedores, uno para la primaria y otro para secundaria y 4to. de Comercio.
Cursabas la primaria y después la secundaria, pero de forma paralela ibas haciendo una carrera comercial, así es que salías del colegio como secretaria y contador privado.

En la cocina había unas enormes ollas de presión para la cocción de los alimentos, las alumnas de grados superiores ayudaban a servir la comida y se encargaban de lavar los platos de todas, dos de nosotras lavábamos los vasos y los cubiertos en el fregadero del dormitorio, las mayores también lavaban los vasos y cubiertos de las más pequeñas, todo estaba muy bien cronometrado.

En cada dormitorio cabían 33 camas, el cuarto de la vigilante, 2 baños y 10 regaderas, la ropería, varios lavamanos, un lavadero y un fregadero. Nos metíamos a bañar de 10 en 10, el baño era rápido, te daban diez minutos y entraba la siguiente tanda. Creo que nunca hubo cupo completo de 33 alumnas en cada grupo. En la ropería guardabas tu ropa de “calle”, la ropa que usabas para ir a tu casa, ahí también se guardaba la ropa de cama y los uniformes de gala; toda la ropa del colegio estaba debidamente marcada con una letra y un número.
Cuando cambiábamos la ropa de cama, la llevábamos a la lavandería y después nos la devolvían limpia, lo mismo que nuestros camisones, kimonos, uniformes, batas del diario y blusas, había personal que se encargaba de todo.
En una ocasión a una de las trabajadoras se le atoró un brazo con la máquina de planchado y se lo tuvieron que amputar debido a la quemadura que sufrió, dicha máquina tenía unos rodillos de más de 1 metro de ancho para poder planchar las sábanas, al quedar atrapado el brazo de inmediato apagaron la máquina y llamaron al técnico para que viniera a desarmar los rodillos. Cuando el chofer y la madre de la enfermería la llevaron al hospital, ya era demasiado tarde.
A nosotras nunca nos pusieron en riesgo, jamás hicimos labores como esas.

Lo que sí debo de confesar es que nosotras, las de mi generación éramos muy traviesas y cuando no había una fracturada había una camino al hospital por la forma en que “jugábamos”. Las madres nos alucinaban, jamás, en toda la historia del colegio, habían castigado a una alumna sin salir el fin de semana correspondiente, hasta que llegamos nosotras. Fuimos esas ovejas negras a las que dejaron sin día de salida. ¿Cuál fue el motivo? No me acuerdo, pero si puedo decir que siempre fuimos muy unidas y a la hora que nos preguntó la superiora quién había cometido la falta, nadie contestó nada.
Durante el tiempo que duró el interrogatorio las 25 mantuvimos la mirada en el piso.
Entonces la superiora decidió que dado que no había una responsable, todas asumiríamos el castigo y nos quedamos sin salir dos veces seguidas. No hubo reclamos entre nosotras, solo lágrimas por no poder ir a nuestras casas. A la fecha seguimos siendo unidas.

En los tres alimentos nos daban bolillo, mismo que era elaborado en los hornos de la panadería del colegio, los sábados que permanecíamos en el colegio, era día de aseo general, labores que consistían en tener relucientes los azulejos de las regaderas, los baños, el fregadero y los pisos de duela tanto del dormitorio como los de las aulas, también era día de hurtar pan recién hecho, la verdad es que los panaderos eran muy condescendientes con nosotras. ¡Bien que sabían de nuestros robos! A propósito ponían un canasto lleno de pan afuera de la panadería para que nosotras a “escondidas” fuéramos por los bolillos.

La institución también tenía un gimnasio, canastas de básquetbol, los correspondientes aros colgantes para gimnasia y el consabido burro; debajo de éste estaban las regaderas-vestidores para cambiarte e ir a la alberca. Nos proporcionaban los trajes de baño, eran unos trajes que hoy por hoy nos provocan mucha risa, eran vestidos con una falda que te llegaba a las rodillas, la falda era circular y pues ya se imaginarán que a la hora de querer bracear la falda se doblaba y te envolvía los brazos. Intentábamos detener la tela entre las rodillas, así es que, ¡terminábamos más que cansadas!.
¡Ah, pero cómo me gustaba el agua!
Después de tantas quejas nos dieron permiso de usar “traje de baño completo“, entonces ahora sí la alberca era para disfrutarla al máximo.

En la pista se montaban las redes para jugar voleibol y se armaba la porra entre las expectadoras, recuerdo que eran unas porras muy animadas, cargadas de entusiasmo y nos la pasábamos muy bien, también en la pista nos ponían a lanzar disco, bala y jabalina, afuera del césped había una pista para correr.
Había un salón con mesas de ping pong, salones para las clases de canto, costura, tejido y cocina.

Actualmente el colegio sigue funcionando a cargo de otra orden de religiosas.
Siguen impartiendo instrucción académica desde jardín de niños hasta preparatoria, los dormitorios son aulas, la enfermería esta habilitada con laboratorios para las clases de química, la alberca se clausuró después del sismo de 1985, y se han hecho muchas adaptaciones para mantener funcionando el colegio y seguir impartiendo educación a jóvenes y niñas.

También se han rentado las instalaciones para comerciales, películas y telenovelas.

Nunca me hubiera imaginado vivir en un lugar así de grande, tan hermoso, con esas instalaciones de primera, vivir tan feliz, tan tranquila y segura, dándome la gran vida.
Siempre estaré agradecida por haber estado ahí, gracias a los señores Mier y Pesado, a las religiosas y a todos mis maestros, al personal que laboraba en las instalaciones y a mis amigas por seguir compartiendo su vida, y su historia conmigo.

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18 Comentarios

  1. 11 junio, 2016 at 8:00 am — Responder

    Gracias por escribir esta historia, hermosa y real de salir adelante, cuando la vida nos sorprende, con cambios drásticos en nuestra vida. Admiro a tu madre que a pesar de su trágica perdida de esposo y compañero. Y padre de sus hijas, siempre buscó lo mejor para sus hermosas princesas, dándole Dios la oportunidad de poder ver realizadas por un buen camino a sus hijas.
    Gracias a esa institución y toda su gente detrás de ella. Que permitieron y permiten con su apoyo, humildad y misericordia que niñas puedan ser personas de bien en nuestra sociedad.
    Yo convivo y conviví unos años con tu hermana Lina fuimos compañeras de trabajo en León, Guanajuato, y tuve la oportunidad de conocer a tu mamá. Gracias por compartir esta historia que les dio fortaleza. Y al mismo tiempo vivieron momentos difíciles pero en la vida esto nos fortalece para seguir luchando. Y así, yo, tú y cualquiera tenemos una historia que contar.
    Un abrazo.

  2. Lulú
    12 junio, 2016 at 11:16 pm — Responder

    Leticia gracias por tus comentarios y por leernos, efectivamente todo en la vida es aprendizaje para hacernos más fuertes, te envío un fuerte abrazo!

  3. Rosa Maria Ornelas Reyes
    13 junio, 2016 at 11:46 am — Responder

    Que padre bella redaccion, historia que podria decir similar a la mia, que puedo decir, abriste mi corazon lo has partido en dos mi ayer y mi hoy,
    Gracias amiga por escribir y compartir lo que tantas temos en nuestra memoria, recuerdos bellos de nuestra infancia y adolecencia nunca se borraran.
    Dios te bendiga y bendiga nuestra bella Casa y Amado Colegio.
    Tu hermana, amiga y compa~era.
    Rosa Maria Ornelas Reyes.

  4. Lulú
    14 junio, 2016 at 10:17 pm — Responder

    Rosi querida amiga, los recuerdos de nuestra infancia se han hecho presentes a través de este relato, muchas hemos evocado a través de éste nuestras vivencias, te abrazo a la distancia!

  5. Flor
    17 junio, 2016 at 10:50 pm — Responder

    Querida Lulú, yo soy de la última generación que le tocó vivir el internado y aunque hubo bastantes cambios entre nuestras generaciones mi corazón le pertenece a ese maravilloso lugar que fue mi refugio, mi fortaleza, mi palacio y mi hogar por muchos años, disfruté cada momento bueno y no tan bueno ahí, varias veces me quedaba con mis hermanas del alma los fines de semana y no íbamos a casa porque éramos las más felices siendo cómplices de muchas travesuras y como bien dices gracias a esas monjitas y personal totalmente entregado a nosotras hoy puedo decir que repetiría con mucho amor la experiencia vivida en esa institución, mi corazón fue robado ahí!!!!

  6. Lulú
    19 junio, 2016 at 2:14 pm — Responder

    Flor que gusto saber que fuiste una más de muchas de nosotras, que vivió feliz en esa “nuestra casa” era fantástico hacer travesuras, de mis recuerdos favoritos era meterme a donde tenían los trajes para los bailables, ¡te mando un abrazo enorme!

  7. Leticia Osorio van Diepenbroek
    13 julio, 2016 at 1:49 am — Responder

    Buenos y Felices dias;

    Yo tambien tuve la fortuna de estar en el Instituto Mier y Pesado, mi Amado Hogar durante parte de mi infancia y adolesencia.
    Igual que Lulu, mi madre enviudo joven con 2 hijos, solita se abrio camino para sostenernos y a los 11 anios tuve la fortuna de ingresar a este amado colegio, donde fui tan Feliz, donde conoci a mis hermanas de la vida que aun estamos en contacto.
    El IMP nos dio la disciplina, las ganas de superarnos, la hermandad y Amor..Que Feliz fui..Gracias Dios por haberme dado la oportunidad de estar en ese Colegio.

    Por vivir fuera de Mexico, No he podido asistir a las Celebraciones del Colegio….pero lo llevo en el Corazón..
    Gracias a los Sres, Mier y Pesado, al Patronato del IMP, a la Madre Superiora Alejandrina Bretón Reyna, a los maesros, , especialmente la de orfeón, de depostes, el gimnasio una maravilla, la alberca, el teatro, los dormitorios todo como un cuento de hadas…..
    Una escuela de Primel Nivel con las mejores instalaciones en su tiempo y tuve el privilegio de estudiar ahi y prepararme para mi carrera en Europa.

    Dios te bendiga IMP y a todos sus maestros y estudiantes..

    Con Profundo Agradecimiento
    Leticia Osorio van Diepenbroek

    • Lulú
      14 julio, 2016 at 10:02 pm — Responder

      Leticia que bueno saber de ti, que gusto me da que IMP haya sido el trampolín que te impulso en la vida, ojala y algún día coincidamos en “esa nuestra casa” te mando un abrazo enorme!

  8. Jessica Cruz
    14 julio, 2016 at 2:43 pm — Responder

    Querida Lulu, te felicito por tan lindo relato, yo asistí al Instituto hace pocos años, en el 2001 y hasta el 2007 para ser exacta, tus palabras me hicieron revivir gran cantidad de bellos momentos que pase ahí, fue como darme un chapuzón a tan lindo pasado y recorrer una vez mas todos los pasillos y recovecos del Instituto. Te deseo mucho amor y felicidad en tu vida.

    • Lulú
      16 julio, 2016 at 12:01 am — Responder

      Jessica agradezco infinitamente tus buenos deseos y segura estoy llegarán de vuelta a ti! Besos

  9. 15 julio, 2016 at 11:17 am — Responder

    La mejor época de mí vida, los 10 años q cursé en el Instituto Mier y Pesado. No fuí interna, y tuve la oportunidad de conocer toda la escuela, inclusive la casa d las madres y su sala de oración. La alberca dejó de funcionar en el 83, no por causa del sismo. La enfermería sigue siendo enfermería. La cocina es la que se convirtió en laboratorio.

    • Lulú
      16 julio, 2016 at 12:05 am — Responder

      Arely gracias por la información que me proporcionas, saludos!

  10. Liliana Diaz
    15 julio, 2016 at 2:40 pm — Responder

    wow me impreciono la historia. Soy de las personas que piensa que los problemas y adversidades de la vida son para crecer y ser mas fuertes. en el caso de usted Lulu que bueno que tomo de manera positiva el estar en un internado y no como castigo o pensar que su mama las queria alejar de su lado. le mando un enorme abrazo. no se si responda mi comentario de cualquier modo el poder leer historias de vida tan impresionantes nos ayudan. muchas gracias

    • Lulú
      16 julio, 2016 at 12:14 am — Responder

      Liliana es muy cierto lo que comentas, las experiencias nos ayudan a crecer y a ser mejores personas.
      Siempre voy a contestar los comentarios que tengan a bien enviarme, gracias por seguir nuestra página y espero que encuentres más artículos de tu agrado, espero volver a leerte en otra ocasión

  11. María Isabel Garcia Zavala
    27 agosto, 2016 at 5:26 pm — Responder

    Hola Lulú
    Creó que es la misma época en la que estudiamos mi hermana y yo. Y si no recuerdo mal tú eras compañera de ella, es Susana Zavala Castillo y sí en efecto fué la mejor época de estudiante que tuvimos y sobre todo agradezco mucho todo el esfuerzo que hacían las monjas por educarnos. A Sor Míriam que eran la directora de Secundaria.
    A Miss Helen que fue maestra de costura y bordado por esos jalones que nos daba cuando no hacíamos bien las cosas y a su hermana Miss Conchita que fué maestra de cocina en secundaria.
    Ojalá pueden leer este mensaje muchas de esas compañeras de esa época y poder hacer una reunión.
    Nuevamente muchas felicidades por ésta historia de vida que no sólo es tuya sino de muchas de nosotras

    • Lulú
      28 agosto, 2016 at 10:51 am — Responder

      María Isabel que gusto que hayas leído la historia, definitivamente el colegio nos hermana.
      Creo que tu hermana Susana fue compañera de mi hermana Lina.
      Miss Helen…..me daba miedo terminar un mantel por la forma en que hacía sus revisiones, con sus largas y afiladas uñas empezaba a jalar los hilos y si pasaban esa prueba, entonces ya estaba listo y era una pieza más para la exposición final.
      Sor Miriam sí claro también la recuerdo.
      En cuanto a las reuniones fíjate que se hacen de forma regular y también existe el día de la exalumna que fue el pasado mes de mayo y así cada año.
      ¿Sería posible que me mandes solicitud de amistad para que te enlaces al grupo?
      De pronto recibe un abrazo enorme!
      Espero que continúes siendo una lectora asidua de nuestra página, muchas gracias.

  12. Anna Julieta Inguanzo Del Hoyo
    7 septiembre, 2016 at 10:43 am — Responder

    Mi quería Lulú .
    Que hermoso escribiste esta hermosa vivencia , que me hacer recordad rescátamete lo mismo vivimos nosotros pero con la diferencia de que éramos 14 hermanos mi madre emviudadr cuando mi hermano mayor tenía a penas 18 años 4 hombres y 10 mujercitas y y eramos de fuera , el instituto entramos 8 hermanas yo era la mas chiquita de 4 años , pero mis hermanas no aguantaron se portaron mal para que las expulsaran Jajajaja extrañaban a mi madre , yo no , pues mi madre me platico cuando me mando , que íbamos a estar en un hermoso castillo como los de cuentos de Cachirulo , fui muy feliz en el Instituto Mier y Pesado puestos que lo sigo visitando y siempre e vicitado a las Religiosas del Verbo Encarnado llegue vivir con ellas en mis vacaciones .
    Bendita la hora que mi Madre nos llevo aho por intercesión de una tía Religiosa que fue una de las primeras Superioras allí
    Mi Madre sufrió mucho al Morir mi Padre , por parte de su suegro y sus cuñados le hicieron la vida de cuadritos, tanto mi abuelo paterno como mi tíos , mi Madre no quería que vieras lo mucho que estaba sufriendo , lo duro que iba a vivir con los parientes políticos por eso decidió internarnos , tramiten se puso a trabajar duro para sacarnos adelante y lo logró gracias a la ayuda a la tía religiosa y a su empeño de darnos lo mejor de ella . Des del cielo nos manda sus bendiciones .

  13. Lulú
    7 septiembre, 2016 at 10:57 pm — Responder

    Anna Julieta nuestra historia tiene muchas semejanzas, que fortuna para las que sí aguantamos el estar internadas ahí, no era nada fácil al principio estar encerradas y salir una vez al mes, ayer justamente escuché algo similar de Lourdes Fuentes Wilchis……mi mamá me dijo que me llevaría a vivir a un hermoso castillo y que mi vida sería un hermoso cuento!
    Te mando un fraternal abrazo.

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