Mi Año verde VII

A veces es mejor vivir en los sueños, que despertar y volver a la realidad.
Anónimo

Y se va rompiendo la burbuja…

El invierno llegó al país verde, finalmente conocía la nieve caer, me sentía como niña chiquita viendo como nevaba y salíamos para hacer los famosos “angelitos” en la calle, pero la realidad es que estaba haciendo demasiado frio, así que era mejor disfrutarla desde adentro, los pisos era resbaladizos y del suelo no pasabas.
Noviembre y diciembre fueron la prueba de fuego para mí, pues la burbuja había explotado, estaba llegando la realidad. Mis ahorros se estaban agotando y los gastos no paraban, cada vez era más escaso el dinero para sustentarme; llegaba diciembre y estaba muy nerviosa por lo que venía, no quería pedirle a mi mamá dinero para que me ayudara a pagar la renta, porque ella misma tenía sus propios problemas en casa y angustiarla con los míos era demasiado.

Noviembre
Hicimos un viaje a Liverpool, uno de mis hermanos me ayudó a pagar el avión porque mi mamá le comentó que iban a ir todos los mexicanitos a celebrar el cumpleaños de Almita y que lo más probable era que yo no iría porque no tenía con que para pagar el avión.
Nos fuimos los mexicanitos, y llegar a la tierra de Los Beatles me emocioné mucho, estar en la ciudad de la banda más famosa del mundo y la favorita de mi mamá me hacía mucha ilusión. Cuando íbamos llegando al aeropuerto hacía mucho frío, llegamos Arely y yo un día después que los demás ya que no encontramos boletos en el mismo avión, tomamos un autobús para el centro e íbamos recorriendo la ciudad, pasamos por la gloriosa calle Penny Lane, e inmediatamente que me percaté que transitaba por ella, se me vino a la memoria la famosa canción. Llegamos al centro y al hostal donde todos nos estaban esperando. Nos encontramos con ellos y estábamos haciendo planes de los lugares que teníamos que visitar, cuando José nos comenta que Manchester está a 30 minutos de la ciudad y que podríamos ir en tren, así que ese día (viernes) fuimos a conocer la ciudad, el mall, unos entraron al museo de Los Beatles, mientas que Uriel y yo nos fuimos caminando por el muelle tomando fotos y disfrutando del paseo, nos juntamos al final del día para ir a comprar algo de cenar y obviamente para festejar a Almita.
Al día siguiente Areli, Uriel, José y yo partimos hacia Manchester, nuestra misión era conocer la ciudad y sobretodo el estadio Old Trafford donde jugaba “El Chicharito”. Estábamos encantados viajando en tren, viendo el paisaje de los campos y al fondo las termo-eléctricas, me sentía extraña pero feliz. Llegamos a la estación y viajando en metro visitamos la ciudad, nos llevaba por todos lados sin tener que caminar mucho, pasamos por el estadio del Manchester City, el barrio chino, los viejos edificios que están marcados y llenos de historia por la revolución industrial y la segunda guerra mundial; imaginando y creando historias de lo que había pasado en esas épocas de terror y angustia. Nos bajamos en la última línea del metro que era Old Trafford, caminamos hasta que llegamos al colosal estadio. Areli, José y yo estábamos emocionadísimos, estábamos en uno de los estadios más importantes y con mucha historia del futbol, y sobre todo porque un mexicano estaba jugando con los Red Devils y la gente lo quería, ¡era mucho para mí! Estaba cumpliendo otro sueño que me había prometido.
Areli y José entraron a conocer el estadio, Uriel y yo nos quedamos afuera viendo la tienda de regalos y tomándonos fotografías, sin duda alguna tenía que regresar al estadio a conocerlo y más durante un juego. Cuando salieron Areli y José del recorrido fuimos a comprar los souvenirs y encontré una camisa que tenía que comprar, si no la compraba me iba a arrepentir toda mi vida, decía: Mexico gave us, Sombrero, Margarita and Chicharito. José y yo compramos una, me sentía soñada con mi compra, moría por enseñársela a mi mamá y a mis hermanos. Regresamos al centro de Manchester y encontramos una villa de navidad donde comimos para luego regresar a Liverpool con los demás. Nos sentíamos contentos pero agotados porque no habíamos dormido muy bien que digamos.
Al día siguiente partimos con maleta en mano para el aeropuerto, todo iba bien hasta que nos dejaron en el avión más de 3 horas esperando, porque el aeropuerto tanto de Liverpool como de Dublín, estaban cerrados por las fuertes nevadas que habían caído en la noche. Todos llegamos a nuestro destino y cada quién partió para su casa.

Diciembre
Tenía muchas cosas en la cabeza, estaba nerviosa y desesperada por que no sabía qué hacer, necesitaba conseguir un trabajo de ya, para poder solventar los gastos de la renta. Por azares de destino estaba en la escuela cuando Nadia la secretaria, me comentó que tenía un amigo cercano, de Panamá, que solicitaba una House cleaning pues su esposa trabajaba todo el día, y el también, así que le di mi número de teléfono para que me localizara. Recuerdo que estaba caminando por la calle con los mexicanitos, cuando recibí la llamada de Ricardo, me hizo varias preguntas, me citó para hacerme una entrevista con su esposa en su casa; asimismo nos quedamos de ver en un lugar céntrico para que el pasara por mí y me llevara. Estaba muy contenta porque ya iba a tener un trabajo y ya podría seguir viviendo allá, porque todavía no quería regresar a México.
Todo pasó muy rápido, Ricardo pasó por mí y me llevo a Crummlin un vecindario de Dublín, la casa estaba en un barrio bonito así que me dio confianza, llegamos y me presentó a su esposa Cristine y a su hijo de 1 año, Ricardo Jr.
Me explicaron mis deberes, tendría que quedarme en su casa a vivir con ellos, limpiar la cocina y cocinar, tender camas, recoger la ropa y lavarla, lavar los baños etc.  Estaba de acuerdo en todo, hasta que me comentaron que tenían un conejo y que tenía que limpiar su jaula y alimentarlo. Tenía que empezar al día siguiente por lo que Ricardo me llevó hasta mi departamento a recoger mis cosas. Todo pasó tan rápido que no pensé en nada más que en el trabajo, en que ya no iba a pagar renta ni servicios y sobretodo en que iba a tener dinero. Llegamos a mi departamento y empecé a empacar rápidamente por que me estaban esperando, parecía una loca extasiada y cegada por la desesperación, les avisé a mis amigos que ya tenía el trabajo y que ya me tenía que ir a vivir con Ricardo y Cristine. A José no le agradó mucho la idea de que me tuviera que ir en ese momento,  así que fue a mi departamento para asegurarse y checar quien era Ricardo. Me ayudó a meter todo a mi maleta, mientras mis roomies no sabían que pasaba, me despedí de ellas y me fui como ladrón perseguido por la policía.

Llegué a lo que iba a ser mi nuevo hogar, una casa volteada de los pies a la cabeza, que una semana no iba a ser suficiente para dejarla limpia y arreglada. Para empezar tenía que arreglar mi cuarto primero que nada, era una habitación muy pequeña donde metieron un colchón y lo demás eran muebles amontonados y cosas que ya no usaban. Metimos las maletas como pudimos, me dieron unas sábanas para poder tender la cama y ahí empezó la odisea.
Al día siguiente me desperté temprano para preparar el desayuno de Ricardo y mío. Cristine trabajaba en una oficina, así que ella se iba desde temprano y Ricardo trabajaba desde su casa y llevaba a Ricardo Jr. al Kinder.
Todo iba normal y todo bien hasta que no me gustó como me trataba, él era muy grosero, cuando se iba por el hijo o tenía que ir a comprar algo al supermercado me hablaba dos o tres veces seguidas para saber que estaba haciendo y me cuestionaba porque me había tardado en contestarle, quería que le hiciera de desayunar, comer y cenar cosas diferentes, nunca recibí un por favor o un gracias, ¡nada! Me sentía muy mal por la forma en que me pedía las cosas, me hacía sentir menos, como si no supiera hacerlas o regodeándose de que todo lo que tenían era por el trabajo de él y de su esposa. Ella era de Austria y él de Panamá, se conocieron en un crucero en el que Ricardo trabajaba como mesero. Ella no era tan mala conmigo, al principio, me ponía a platicar con ella, hablaba perfectamente español, alemán e inglés. Cristine trabajaba en una empresa transnacional muy importante y se sentía muy contenta con lo que hacía.
Pasé la semana de prueba, terminaba cansadísima, tenían un completo desastre de casa, no me daba a basto con todo lo que había que hacer, lloraba todas las noches por la conducta y actitud de Ricardo, hablaba todos los días con mi mamá por Skype o por teléfono pues estaba muy al pendiente de mí, ella me decía que aguantara, que era pasajero, pero yo no lo veía así. Todos en mi casa estaba preocupados por mí, y mis amigos también, no les contaba mucho porque cuando lo hacía, los hacia enfurecer.
Un día me avisaron que se iban a ir de viaje, iban a pasar la Navidad en Austria, que me dejaban la casa y que me iba a estar llamando para estar al pendiente, que cuidara al conejo, que era lo más preciado para ellos.
Durante mi estancia en esa casa, me sentí deprimida. De pronto pasó algo que me salvó, no sé si fue la depresión misma o fue el conejo quien me ayudó a salir del infierno en que me había metido.
Cuando estaba limpiando la casita del conejo, empecé a estornudar y a toser sin parar, después me pasaba lo mismo cada vez que barría. Llegó un momento en el que ya no podía continuar, en ese momento mi mamá me llamó para saber cómo había amanecido, me escuchó la voz ronca y me dijo:
– Rita, ¿no te acuerdas que eres alérgica a los conejos?
Sus palabras me dieron el valor para dejar lo que estaba haciendo y marcarle a Ricardo para contarle lo que me estaba pasado, empezó a denigrarme como lo había hecho muchas veces, me pidió que me largara de su casa y que después recogiera mis cosas, y así lo hice. Empaqué un poco de ropa en una maleta pequeña para luego regresar por el resto de mis cosas. Toqué la puerta del vecino, le expliqué al Irish que vivía con Ricardo y que le entregaba la llave de su casa.
Me fui, me fui a casa de Patricia y de Anahí, que me recibieron ese día y empecé a llorar, a descargar toda mi frustración mientras esperaba a José.
Me sentía rara, incómoda, intranquila, nerviosa, avergonzada, y estresada porque ya no tenía un hogar, tenía muchas preocupaciones, había dejado todo en esa casa, no contaba con suficiente efectivo para pagar un hostal, pero de cierta manera estaba tranquila porque mi pesadilla había terminado, solamente tenía que esperar a que llegara la familia para pasar por mis cosas.
José muy lindo me cobijó como siempre, como mi hermano protector y habló con sus roomies, Janet y Poncho, ellos encantados de la vida me aceptaron en la casa, las italianas ya se habían ido y prácticamente era suyo el departamento.
Cuando iba a ir por mis maletas, Jennifer, una mexicana que conocí ahí y su novio irlandés Lyam, me ayudaron a recogerlas, estando con ellos, me sentía segura y pues Lyam era alto y robusto, así que si Ricardo me hiciera algún reclamo o alguna grosería, tendría quien me defendiera. Cuando llegamos a la casa, ya Ricardo estaba ahí esperándome con las maletas listas, así que fue rápida la despedida.

Me sentía libre, me había librado de algo que no sé cómo hubiera terminado, duré una semana ahí y yo sentía que fue una eternidad. Ahora tenía que enfocarme en encontrar algún trabajo y un lugar para vivir, José me dijo que me podía quedar con ellos en lo que encontraba algo y en lo que llegaban los otros inquilinos en enero.

Nos seguimos leyendo…

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