Los olores navideños

A lo largo de nuestra vida, cada Navidad tiene un olor muy especial, a arbolito, nacimiento, nochebuenas, ponche, buñuelos, pasta, ensalada de nochebuena, pavo, lomo enciruelado, pierna, jamón al horno, fruta seca,  fruitcake, dulces, trufas de chocolate, champaña…
¿Estos olores que te recuerdan?
A mí me recuerdan mi infancia, mi adolescencia, mi vida entera, A mis abuelos, a mis padres, a mi esposo, a mi familia, a mis amigos.

¡Cada olor es un recuerdo especial!
El árbol me recuerda ir a Amecameca, cuando de niña iba con la familia de mi abuela materna a cortarlo, era tan divertido. De soltera era todo un ritual poner el árbol: con música navideña, nos encantaba a mi mamá y mi decorarlo. Y en las dos embajadas que trabajé tantos años, siempre puse los árboles de Navidad de la entrada principal. Nos íbamos a Xochimilco y comprábamos árboles enormes, me encantaba ser la elegida cada año de ir por él y ponerlo. De casada la ilusión de ir a comprar nuestro primer árbol de Navidad y ponerlo fue padrísima. Casi 20 años después lo sigo poniendo con la misma ilusión de ver mi casa linda.
El musgo en los mercados me recuerda el nacimiento, ver a mi mamá pintando el que hoy tengo puesto en casa y también recuerdo el increíble nacimiento que la familia de Carlos, mi esposo, ponía. Eran figuras importadas enormes, como de medio metro en un pesebre hermoso.
El olor de las nochebuenas me recuerda mi casa de Anaxágoras, siempre floreaban hermosas y se daban por todo el jardín, para mí era como el símbolo de que la Navidad siempre debe estar en casa.
El Ponche me recuerda ir al Sanborn’s de Plaza Universidad con mi mamá y mi abuela a tomarlo ahí, porque el jarro venia dentro de una piñata y me encantaba llevarme las piñatas; de casada me recuerda las ollas de ponche que hacían mi suegra y mi mamá para las fiestas y el recalentado; era maravilloso entrar a la cocina de mi suegra, de mi mamá o a la mía y percibir ese olor a familia que tanto calorcito emana.
Los buñuelos me recuerdan cuando era niña e iba con mis papas y mis abuelos al centro a ver la iluminación. Luego cenábamos en el Sanborn’s de los azulejos y siempre pedían los buñuelos, ahora de casada una tía de mi marido los hace deliciosos, 100% hechos en casa.

Toda la demás comida siempre es como muy típica en las familia mexicanas y en mi caso el bacalao era toda una aventura desde ir a comprarlo.
Mi abuelo desde que mi mamá era pequeña, compraba el bacalao en el increíble Mercado de San Juan y así lo siguió haciendo ella, ya adulto. El bacalao venia en cajas de madera sellada, compraba como 4 cajas que eran muchos kilos. Le daba parte a las hermanas de mi abuela materna y lo demás se guisaba en la casa.
Del mercado de San Juan nos íbamos a la Iglesia ubicada en la calle de Madero, en el centro, a comprar las doce velas de cada mes y nos quedábamos a la misa para que las bendijeran, después íbamos a comprar el famoso billete de la lotería a un expendio que estaba por el centro, uno muy grande y luego cenábamos en el café Tacuba.
Hacer el bacalao se volvió como una tradición año con año, y bendito sea Dios lo sé hacer. Este año lo haré con el mismo cariño con el que siempre se hizo en mi familia.

Los olores de Navidad son únicos en el año, cada cosa que pongas, que cocines, que hagas, tiene un significado especial.
¿A ti que te recuerdan los olores navideños?
Te invito a que este año goces de tu árbol, tu cena, tus bebidas, las velas… ¡todo!
Verás que divertido será recordar todo aquello que disfrutaste tanto de niño.

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