¿La infidelidad se hereda?

Los científicos están dispuestos a demostrar que existe una relación entre la infidelidad y la genética, realizando encuestas en varias universidades del mundo.

En la universidad Charles de Praga, los hombres y las mujeres que participaron, explicaron cuánta confianza tenían en sus relaciones de pareja, qué actitud tienen respecto al sexo y por supuesto, si había o no antecedentes de infidelidad en sus familias. El resultado de las encuestas fue que los hijos de padres infieles repitieron esta conducta.

En el Instituto Max Planck de Alemania, los investigadores señalaron que el gen de la infidelidad existe y lo transmiten los hombres. La investigación se basó en estudios de aves y después profundizaron en esta evidencia biológica. Resultó que las hembras de algunas especies son infieles porque heredan unas variantes genéticas (alelos) de sus padres y abuelos paternos. Deducen entonces que el gen de la infidelidad existe y lo transmiten los machos. También concluyeron que la infidelidad femenina no manifiesta ningún tipo de evolución, sino que incurren en adulterio, sencillamente porque han recibido esa predisposición natural.

Una investigación presentada ante el congreso de la Asociación Europea de Comportamiento y Evolución Humanas, explica que es más probable que los hombres cedan ante la tentación de engañar a sus parejas si su padre fue infiel. El doctor Jan Havlicek, quien realizó esta investigación, reclutó a 86 parejas y les preguntó individualmente sobre sus aventuras y antecedentes familiares en la materia. Concluyó que los hombres aprenden de su papá qué conductas repetir cuando crecen.
Martie Hasleton, psicóloga evolutiva de la Universidad de California, quien también participó en la investigación, aseguró que la tendencia a ser infiel no sólo se aprende del padre sino que se lleva en los genes.
Las mujeres en cambio, no copian la infidelidad vista en sus madres sino que relacionan este comportamiento con problemas que surgen en su relación.
A pesar de las evidencias que hablan de una relación genética con la infidelidad, hay científicos que explican que factores sociales, relacionados a la personalidad o a la atracción de exponerse a situaciones de riesgo, ejercen una influencia aun mayor.

En 2008 ABC publicó un artículo sobre este tema, refiriéndose al gen RS334 que gestiona la vasopresina, una hormona relacionada con la respuesta sexual y el afecto, que se presenta más en hombres que en mujeres. Ésta tiene influencia en la capacidad de compromiso de los hombres, según investigadores del Instituto Karolinska en Suecia, que estudiaron esta variante genética y el tipo de relaciones que sostienen 552 varones suecos con sus parejas.
Los hombres podían presentar dos, una o ninguna copia del gen RS334. Los que no tenían esta variación eran los más devotos con sus cónyuges y no habían dudado en casarse y formalizar su relación. También estos individuos son los que menos se quejan de sus esposas. En la medida en que las copias del gen aumentaban, los resultados arrojaron que estos hombres ni siquiera estaban casados. Y si lo estaban, vivían crisis maritales y amenazas de divorcio constantes.

Algunos psicólogos opinan que no es correcto hablar de genética de la infidelidad, que las conclusiones de estos estudios son simples evidencias. Para ellos la infidelidad es una construcción social antes que genética.
Y explican que, en la mayoría de los mamíferos el apareamiento es una conducta orientada a la reproducción, para garantizar el mantenimiento de la especie, por lo que varias hembras son fecundadas por el mismo macho. Generalmente el mejor y más fuerte de la manada para garantizar una mejora en la raza.
En los seres humanos, el sexo no solo se ejecuta para fines reproductivos, también para sentir placer.
Por lo que la búsqueda de placer se impone sobre las condiciones genéticas, pues las personas con las cuales engañan a sus parejas no son necesariamente mejor dotadas. Y en las culturas en las que los hombres pueden tener más de una esposa al mismo tiempo, él no es considerado infiel, es un concepto construido socialmente para mostrar poder, no mejorar genéticamente la raza.
Por lo tanto, concluyen, que la infidelidad se considera una conducta y no puede estar determinada genéticamente. No existen conductas heredadas e innatas, se heredan estructuras que facilitan ciertos comportamientos, a través del aprendizaje. Las conductas se aprenden, eso quiere decir que la infidelidad se adquiere por medio de creencias e ideas que aseguran que el hombre mientras más mujeres tiene es más macho, y en el caso de algunas mujeres, la infidelidad se sostiene bajo la creencia de que son poco valoradas y no tienen una vida sexual satisfactoria.

Como dijo Freud:
“Todos somos polígamos reprimidos”.

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