De cincuentonas a cincuentañeras

No sé qué le pasa a mi madre; desde que cumplió los 50 es otra: se separó, se ha puesto a estudiar, no para de viajar y de hacer actividades y se le ve muy feliz”. La frase es de Carlos García, pero resume muy bien la perplejidad y sorpresa que causan en su entorno muchas mujeres en la cincuentena. “El perfil de la mujer actual de 50 años es radicalmente distinto del de las mujeres de esa edad de hace tan sólo quince años; la mayoría trabaja o ha trabajado, son muy activas e inquietas a nivel intelectual, se sienten bien, con mucha energía y con una sabiduría de la vida que les permite afrontar las cosas de otra manera y ser menos manipulables y vulnerables a los demás y a las circunstancias del entorno”, resume María Jesús Álava, psicóloga y autora de Las tres claves de la felicidad (Esfera de los libros).

Como en cualquier franja de edad, entre las mujeres en la cincuentena las hay de todo tipo y en todas las circunstancias: solas, en pareja, con hijos ya emancipados, con hijos aún adolescentes o preadolescentes, con más o menos ingresos y formación… Pero como colectivo, presentan unos rasgos que no están pasando desapercibidos ni en su entorno ni para los psicólogos, sociólogos y otros estudiosos del comportamiento y las tendencias sociales, incluida la industria, ávida de nichos de negocio, especialmente en momentos en que otros colectivos, como los jóvenes, no gozan de capacidad adquisitiva.

La etiqueta de cincuentonas, de que con los 50 llega el declive, no sirve para unas mujeres que se mantienen jóvenes física y mentalmente (y suelen hacer gala de ello), que rebosan proyectos, energía y seguridad en sí mismas. De ahí que algunos ya se refieran a ellas como cincuentañeras. “Hace unas décadas cuando las mujeres llegaban a los 50 sentían que tenían la vejez muy cerca; hoy a los 50 la vejez está aún muy lejos porque a esa edad se tiene un estado de salud, de cultura, de educación, de participación social y política muy bueno, y esta se convierte en una edad esplendo­rosa”, afirma la psicóloga y gerontóloga feminista Anna Freixas Farré.

“En las mujeres de 50 de hoy hay orgullo y celebración y eso lo notan quienes las observan; las de 60 abrieron brecha, pero las de 50 son la primera generación que de forma significativa estudió una carrera, tuvieron una juventud de libertad, no han sido sumisas porque siempre han tenido independencia y han vivido con dos salarios, han sido madres pero han mantenido otras identidades así que no tienen el síndrome del nido vacío y, en cambio, celebran la plenitud de llegar a esta edad sintiéndose orgullosas y bien consigo mismas”, opina Anna Cucurull, responsable de la consultora Piece of Pie, especializada en analizar comportamientos sociales para resolver problemas de negocio.

Y subraya que, “cuando celebras, gastas”, y estas mujeres son grandes consumidoras de todo lo relacionado con la salud, con el cuidado personal, los viajes o las actividades, lo que las erige en oportunidades de negocio y les da relevancia social. “Las mujeres de 50 de otras generaciones consumían para sus hijos y sus nietos, pero estas tienen además un fuerte consumo individual, y la relevancia social siempre te llega por el consumo, ya que las industrias tratan de acercarse, te ponen en la publicidad…”, comenta Cucurull. El atractivo es mayor porque se trata de un colectivo muy numeroso -hoy hay un 22% más de mujeres en la cincuentena que hace diez años- que aún crecerá más en los próximos años porque están llegando a esa edad las baby boomers españolas (nacidas entre 1957 y 1977). Ya comienzan a verse iniciativas específicas para este colectivo. Un ejemplo es la plataforma Victoria que la multinacional Procter & Gamble ha presentado como “un lugar de encuentro para orgullosas mujeres que quieren que les hablen de igual a igual, que disfrutan siendo lo que quieren ser y de unos victoriosos 50 años y más llenos de energía, salud y libertad”, pero que sirve a esta compañía para ofrecer consejos y productos de belleza, higiene, etcétera, teniendo en cuenta que comercializa marcas como Olay, Oral B, Ausonia o Pantene, entre otras.

Freixas cree que esta tendencia irá a más porque las mujeres de 50 están conquistando nuevos espacios personales y públicos, tienen poder y autoridad, hablan de tú a tú a los hombres, a los políticos, a los poderes sociales, y son interlocutoras de pleno derecho porque tienen cultura, educación y trabajo remunerado. “Además, empiezan a tener modelos en otras mujeres que, con mejor o peor fortuna, ocupan espacios en los que otras generaciones sólo vieron hombres”, lo que las permite moverse con más libertad y seguridad, dice.

Pero ganar visibilidad pública y social y desprenderse de la etiqueta de cincuentonas no quiere decir que se hayan liberado de todos los estereotipos. “En el mercado laboral, sobre todo para posiciones de ejecutivo, tener 50 años sigue siendo un hándicap para que te contraten”, afirma Esther Casademont, responsable de la firma de selección de directivos Hunivers. Ello a pesar de que, según su experiencia, las mujeres de esa edad tienen un bagaje que las convierte “en un poliedro profesional” muy útil. “Saben un poco de todo y mucho de mundología porque han tratado con mucha gente, han vivido muchas experiencias, tanto enriquecedoras como duras, y lo mismo han visto poner en marcha compañías que cerrarlas o venderlas, lo que las hace estupendas para cualquier proyecto, reunión y escenario”, enfatiza. Y añade que a ello suman ventajas personales y emocionales. “Tienen una nueva forma de estar en el mundo y la que no va al gimnasio, nada o hace yoga y la que no, crecimiento personal porque a esa edad deciden que, después de años de poner a todos y a todo por delante, ahora les toca ser ellas las primeras de la fila, y eso las empuja a emprender, y emprenden en negocios, en amantes, en actividades o en la forma de relacionarse con los hijos o con colegas más jóvenes, lo que las rejuvenece, las ilusiona, les hace estar estupendas y les da una seguridad y certeza que es muy interesante para cualquier proyecto”, dice Casademont, que en su equipo ahora sólo tiene mujeres, la más joven de 48 años.

Aseguran las psicólogas que, a los 50, las mujeres, después de pasar por muchas etapas vitales, tienen muy claro lo que quieren o al menos lo que no quieren, y eso las hace más seguras y desinhibidas en cualquier ámbito, desde el laboral al de las relaciones sexuales. “Estas mujeres se han cuidado y con la madurez se sienten más a gusto con ellas mismas, al tiempo que al hacerse visibles se sienten foco de atención y eso retroalimenta su autoestima, lo que les da seguridad, les hace tomar las riendas de su vida y sentirse más libres para exigir a su entorno, para hacer nuevas amistades sin perder las anteriores o para buscar más relaciones sexuales, porque manifiestan sus intereses con más libertad”, resume Álava. A ello contribuyen también los cambios biológicos que implica la menopausia.

Fuente:
LaVanguardia
Mayte Rius

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