Contigo pero sola

A veces nos acostumbramos a vivir con alguna molestia, con algún dolor o con alguna situación incómoda y así dentro de este tenor nos quedamos inmersos en una relación estéril.
La costumbre se ha instalado, ya no hay cosas en común, el diálogo no existe más, cohabitando bajo el mismo techo con otra persona con la que el saludo es lo único que compartes.

De pronto te das cuenta de lo que estás viviendo, bueno si es que a eso se le puede llamar vivir y decides dar un giro, no sin antes haberte planteado una y mil veces:

– ¿Qué voy a hacer?
– No soy feliz, no me siento plena, me siento triste, sola.
– ¿Podré yo sola sacar adelante a mis hijos?
– ¿De verdad voy a poder con la parte económica?

Te animas, pides el divorcio, y es ahí donde surgen las voces de la familia, de los hijos y de todo el que te rodea. Rápido, de la noche a la mañana te volviste la bruja, la cabrona de la historia, y llegan los comentarios:

– Más vale viejo por conocido, que nuevo por conocer.
– No va a haber nadie que vea por tus hijos como su padre.
– ¡Pero qué ridícula eres, ya estas grande para estos numeritos, quédate al lado de tu marido!

Además les preocupa cómo te vas a mantener, se imaginarán que te van a tener que solucionar la vida económica…
El hecho de que trabajes por tu cuenta no quiere decir que no seas productiva, sin embargo no tener el respaldo de una empresa, no contar con prestaciones y demás cosas que te ofrece un empleo formal, para mucha gente es sinónimo de “no trabaja, no hace nada, estira la mano, es una mantenida”.

Por otro lado se les olvida las preguntas que te hacían cuando te encontraban en las reuniones familiares:

– ¿Por qué no vino tu marido?
– ¿Por qué siempre andas sola?
– Parece que eres una mujer viuda, o dejada.
– ¿Y ahora qué le voy a inventar a tus tías?

En ese momento hasta tus hijos olvidan que para tu “familia política” eres la mujer invisible, el cero a la izquierda.
Llegar a la casa de los suegros era motivo de fiesta, pero porque recibían a su hijo y le decían:

– Te preparé arroz con leche, te hice tu guisado favorito.

¿Y la esposa? ¡Bien gracias! Porque no figuraba en la escena.
Se casaron mis hermanos, fui sola.
Nacieron mis sobrinos y al bautizo… sola.
Reunión con mis amigas, sola otra vez.
Cumpleaños de mis familiares, también sola.
Carne asada un domingo en casa de mis papás…sola.
Aniversario de los suegros… presente.
Cumpleaños del cuñado… aquí estamos.
Reunión con su tía… allá vamos.

Antes la educación consistía en prepararte en todo sentidos para casarte y tener hijos, para aguantar lo que fuera al fin y al cabo tu representabas “La Catedral”, y lo que ocurriera de la puerta de tu casa para afuera no contaba, no tenía validez, además decían, ¡ya te casaste, ya te chingaste!

Si querías hacer el amor e insistías, entonces resulta que eras una ninfómana.
Una no se da cuenta de lo que es capaz de hacer hasta que tienes que hacerlo cuando no te queda otra.
¿Que tienes mucho miedo?
Si claro, sientes que te ahogas, no duermes de la preocupación, a veces bajas de peso, la comida no te sabe, comes a fuerza, te acuestas y te levantas porque lo tienes que hacer, tu cerebro se la pasa trabajando las 24 horas.

En la medida que todos empiezan a ver que estás decidida a seguir adelante, a no dar marcha atrás, las cosas empiezan a fluir, la ayuda de la familia, amigos y hasta vecinos comienza a llegar a tu puerta, las llamadas telefónicas no se hacen esperar para darte ánimo e invitarte a que sigas adelante.

Y entonces las cosas se vuelven más llevaderas.
Ahora viene el turno de las nuevas posibilidades, comes y duermes mejor, empiezas a disfrutar de tu libertad, de tu casa, de tu tiempo, la reconstrucción ha dado comienzo y poco a poco vuelves a sonreír, nuevamente eres tú.

Como dice la canción: ¡Contigo, pero sola!
No te quedes en una relación que ya no te ofrece nada, no te instales en esa zona de “confort”, atrévete a volar, regresa por aquella mujer que un día fuiste, es hora de ir al rescate de ti misma, llegó el momento de reinventarse, no dejes que los números te asusten.

Es que “ya tenemos 30 años de casados” ¿Y? ¿Acaso esos años invertidos han válido la pena?
Es que ya tengo 50 y tantos…
Mis hijos aun están pequeños…

No dejes que los pretextos te sigan atando a alguien con quien no eres feliz.
Si tú quieres algo diferente, es cuestión de decisión.
¡Fácil no va a ser!
Pero tampoco es imposible salir adelante.

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