Año Verde XI

Amigos verdaderos son los que vienen a compartir
nuestra felicidad cuando se les ruega
y nuestra desgracia sin ser llamados.
Demetrio de Falerea

En el tiempo que vivía con la familia, a la madre de los niños la operaron varias veces de un ojo, tenía problemas desde que nació Cián, empezó con malestares, así que estuve con ellos (al menos 3 operaciones) y en una, la señora tuvo que irse a la casa de Cróine para la recuperación. Los niños ya estaban prácticamente de vacaciones así que los inscribieron en cursos de verano, la cuñada de Liadain iba por ellos y los regresaba en la tarde, solamente me pidieron que estuviera al cuidado de Cian My Little Leprechaun (mi pequeño duende) quien sin decir nada, muy escurridizo entraba a mi cuarto para ver qué es lo que tenía para jugar.

Uno de los días que la madre llegó a la casa para ir a ver cómo estaba todo bajo mi cuidado, quedó impresionada porque tenía todo bajo control. Cuando llegó Liadain, Ruán y Finnia salieron disparados a recibirla en cambio Cian se quedó conmigo… Manchan, su hermano fue por él y empezó a llorar (porque lo cargó) e inmediatamente me dio los brazos para que yo lo cargara. Manchan me dijo entonces:

-Pero Rita, ¿Qué le has hecho a Cian que solamente quiere que tú lo cargues? Yo soy su tío y apenas me reconoce- no supe que contestar, y cuando se lo llevé a su mamá, igual, el niño corrió hacia mí y la señora se molestó.

Cuando estaba en la cocina ella se me acercó llegó para agradecerme que estaba cuidando a los niños.
Los niños le habían contado todo lo que hacíamos y que estaba muy pendiente de ellos.

-Eres la primera persona que conozco que siempre está de buen humor, nunca dices que no y siempre lo que te pido lo haces con una sonrisa- me dijo, luego me abrazó y se fue.

Cuando fue mi cumpleaños, los niños me despertaron con el Happy Birthday, llegaron a mi cuarto y me cantaron. Estaban emocionados porque me regalaron una carta hecha por ellos. Liadain me invitó a desayunar a un café a las afueras de Dublín, me dijo que escogiera lo que yo quisiera y nos fuimos a sentar, dimos un paseo por los alrededores y regresamos a la casa para ir por los niños a la escuela.

Días antes, le pregunté si podía invitar a mis amigos a celebrar mi cumpleaños, que yo iba a hacer la comida y que se iban a ir temprano y me dijo que sí. Así que invité a mis mexicanitos, les explique qué autobús tenían que tomar y donde debían de bajar. Los cité a una hora y a esa hora llegaron.
La comida ya estaba lista, ya había preparado el mole con pollo, arroz rojo, frijoles y para el pastel le pedí la receta a mi mamá y preparé un niño envuelto y agua de jamaica.

A Liadain y a Ruán les presenté a mis amigos, (Finnia estaba en clase de violín). Todos simpatizaron entre sí. Liadain estaba encantada pero intrigada con nuestra comida, ya que para ella, lo más mexicano que había probado eran burritos, fajitas y guacamole. Ruán estaba feliz con el agua de jamaica y el arroz rojo. Partimos el pastel y le enseñaron a Ruán la famosa “¡mordida! ¡mordida!” al pastel, el encantado porque me aventó al pastel. Liadain, tuvo que salir por Finnia y me encargó a los niños, nos lo llevamos al parque más cercano, mis amigos estaban muy contentos con la casa y el lugar, los niños traían la pila recargada, mis amigos ahora entendían por qué estaba tan alterada cuando llegaba con ellos cada fin de semana.

Con el paso del tiempo y cuando no estaba con los mexicanitos, me la pasaba en la casa disfrutando de mi privacidad o disfrutaba platicar todos los día con mi mamá por Skype. Me preguntaba que hacía y a veces se desesperaba porque no tenía algo trascendente que contar, quería saber todo de mi ajetreada vida de Au Pair. Platicaba con Carla, la chica que conocí en el avión de México a Frankfurt, seguíamos en comunicación e hicimos una amistad increíble.

Carla y yo nos desahogábamos por Skype y llamábamos a nuestras conversaciones “Frustraciones Auperas” casi todos los días nos hablábamos, siempre había algo que contar, y lo chistoso era que nos pasaban cosas similares y pasábamos horas desahogándonos, acerca de los niños que cuidábamos, de la comida que los padres de familia hacían, de los choques culturales que teníamos…
En una de las tantas pláticas que tuvimos me comentó que sus gemelos la llenaron de piojos y tuvo que lavar su cabello con jabón anti pulgas y cepillarlo con un peine especial.
Otro día me comentó que su familia le dieron unos días de vacaciones de repente y quería ir al país verde a visitarme ya que sólo nos conocía a José y a mi del grupo de los mexicanitos.
Yo estaba feliz de que viniera, le comenté a José la idea y se puso contento, pero a la vez estaba nervioso porque él y los mexicanitos que quedaban estaban planeando un viaje juntos por Irlanda (que yo me había negado a ir por las condiciones de mi jefa), y era exactamente en las mimas fechas, pero ella vino de todas maneras.

Cuando llegó a tierras verdes, llegó al centro fácilmente gracias a las indicaciones que le había dado José y él mismo fue a recibirla. La llevó a Mountjoy dejaron las cosas y regresaron al centro a que le diera un recorrido en lo que yo llegaba.

Después de 10 meses de no vernos, ahí estaba, en Dublín, nos abrazamos como las grandes amigas y ya juntos fuimos a conocer la ciudad caminando y platicando. Para mí ya no era una desconocida pero para algunos de los mexicanitos sí, porque no recordaban quién era, así que con el tiempo se fue familiarizando con los demás. Estuvo con nosotros todo el fin de semana, anduvimos muy contentos con su visita.

Mientras ella viajaba por el país verde yo regresé a trabajar y los mexicanitos planeaban su viaje, al cual yo no iría porque el plan surgió muy apresuradamente y me faltaba dinero, así que los que se iban eran José, Areli, Ariadna, Almita y Uriel. Rentaron un automóvil para hacer el viaje juntos, porque era último viaje de José antes de regresar a México.

El último día que estuvo Carla en Dublín fui a despedirme de ella. José me marcó para ver en donde estaba porque iba a pasar por mí y por ella que estaba de compras, en el coche que habían rentado, así que era la primera vez que estábamos usando un coche con el volante del otro lado.
Estábamos tan emocionados que queríamos manejarlo todos para experimentar cómo era manejar en el lado del copiloto. Llegó el turno de Carla, parecía que estaba en una pista de carreras, se sentía Michael Schumacher versión mexicana pues le pisaba como si estuviera en la carretera y no en la ciudad, así que nos agarrábamos donde podíamos porque era un peligro al volante y tan emocionada en su papel de piloto que casi nos estampamos con un taxi que logró esquivarnos.
Después del susto me tocó manejar a mí hasta Mountjoy y me tocó la fortuna de encontrar lugar para estacionar el coche afuera del edificio donde estábamos. Me despedí de los mexicanitos porque ese mismo se día se iban a ir a su viaje y de Carla y me regresé a trabajar.

Cuando eran casi las 9 de la noche, Carla me habló por el celular para decirme que si me podía quedar a dormir con ella, ya que uno de los roomates de José y Areli le daba miedo. Galo era mexicano muy astuto y escurridizo, su aspecto se me figuraba como Lord Voldemort de Harry Potter, muy frío y la verdad daba miedo. Le pedí permiso a Liadain y me dijo que sí, solamente que llegara a tiempo para hacer mis deberes. Tomé el último autobús al centro de Dublín y llegué a Mountjoy. Cuando me abrió Carla estaba asustada y me dijo que toda la tarde se quedó en el cuarto de Areli porque cada vez que salía Galo la interceptaba para que le hablara en Alemán y él así practicar. Nos fuimos a cenar algo a la calle y regresamos a dormir.

A la mañana siguiente nos despertamos otra vez y las dos salimos del Mountjoy,  ella con rumbo al aeropuerto y yo a mi casa. Quedamos de acuerdo en que tenía que ir a Alemania a visitarla, nos abrazamos y cada quien tomó su camino.

Su visita me hizo muy feliz ya que después de 10 meses de conocernos tuvimos un reencuentro y sabíamos que nuestra amistad iba a durar más de un año.

Nos seguimos leyendo…

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