No son cosas

Todos tenemos objetos que atesoramos porque significan algo más allá de lo que son. Por ejemplo, un pañuelo o una moneda que tiene un valor superior al material, un valor emocional que sólo quien lo guarda lo comprende.

Es importante no confundir esto con ser acumuladores o no poder desapegarse de las cosas materiales. Ambas no son sanas, por lo que sería bueno que dejáramos de almacenar objetos sólo porque creemos que en ellos está nuestra felicidad o tristeza, o la esperanza de un pasado que se plasme en el presente para hacer como por arte de magia, la vida mejor. Esos objetos se guardan porque se cree que van a tener una nueva oportunidad de ser usados y que quien lo haga, los va a valorar tanto como quien los retuvo llenos de polvo, por años.

Yo hablo de las coas que nos marcaron, que tuvieron un papel importante en un momento de la vida, que dejaron de ser cosas para volverse el marco de un escenario, un acompañante que nos dio seguridad o suerte, un testigo de aquel estilo de vida, mejor o peor, que tuvimos en alguna época de la vida, la representación de un secreto muy bien guardado, o simplemente la prueba de algo inolvidable.

Son el ingrediente perfecto para dar paso a una anécdota de la infancia, o de un encuentro amoroso, son el condimento ideal que hacen del relato un recuerdo lleno de emoción, la emoción de las cosas.
No puedo no mencionar esos que se extraviaron o nos los robaron, hablamos de ellos con un poco más de nostalgia y pensamos que tal vez serían de los pocos que atesoraríamos de no haberse perdido. O tal vez al pasar de los años tomaría un significado distinto si siguiera con nosotros. ¿Quién puede saberlo?
¿Y qué decir de los que nunca tuvimos y anhelamos cuando los vimos en manos de otra persona?

Así es que aquí, pondremos breves descripciones de aquellos objetos que despertaron todo tipo de sentimientos y dejaron una huella eterna en nuestra memoria.

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1 Comentario

  1. Domi
    24 marzo, 2016 at 12:50 pm — Responder

    Siiiiiiii, como olvidar mi view master! Lo tengo y me entretengo a rabiar con los pocos ” discos” que me quedan. Y mi radio am de La Pequeña Lulú.

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