Clasifiqué mis apegos

Obviamente por mi edad, más de una vez me ha tocado vaciar o ayudar a vaciar la casa de alguien que acaba de morir. La tarea es mucho más complicada de lo que pensamos porque en cada cajón encuentras un objeto que te obliga a hacer una pausa y comentar con quien te acompaña, el significado que tiene, o de dónde salió. Te detienes a pensar en todo lo que representa y lo que le rodea y muchas veces las lágrimas son inevitables. Entonces una labor que supones que te tomará 2 o 3 días se convierte en semanas de trabajo.

Lo que más me llama la atención de este quehacer es que hay decenas de cosas, que a los ojos de quien está limpiando, es basura, sin embargo quien los atesoró por años los valoró como oro molido.
¿Qué pensaría o sentiría esa persona al ver que todos esos recuerdos se van a desechar? ¿O que se los regalaron al ropavejero, al portero del edificio, a las personas que ayudaron a limpiar o a un vecino que iba pasando por ahí y asomó la nariz?

Hace unos años vacié la casa de una tía que generalmente iba a mi casa de visita, yo tenía años de no visitar la suya.
Cuando entré me sentí en Galerías El Triunfo. Estas galerías son una cadena de tiendas en México, que se han popularizado en los últimos años. Venden prácticamente todo, desde un rollo de listón hasta un camarón gigante que serviría de adorno en una marisquería. Son tiendas de 3 pisos y todo está en todos lados, miles de cosas amontonadas por todas partes haciendo imposible distinguir a simple vista lo que hay.
Había decenas de cosas guardadas en los cajones y sobre los muebles a manera de adorno. Objetos que evidentemente ella guardó con amor a lo largo de su vida, cartas que le mandaron, recortes de periódico, secretos atesorados, que acabaron en el camión de la basura.

Me quedé pensando que a mi no me gustaría que quien limpie mi casa tarde días enteros revisando mis cajones, ni que mis secretos, por simples que sean, salgan a la luz cuando me muera. Me preocupa lo que pudieran pensar mis hijas, o mi esposo si me sobrevive…
Como dice Menchu, una amiga que tengo que vive sola desde que enviudó:

– En estos días de calor me dan ganas de dormir en calzones, pero sólo de pensar que me muero y me encuentren así, me aguanto. ¡Imagínate qué van a pensar mis hijos que estaba haciendo cuando me morí!

Así es que me di a la tarea de clasificar las cosas que se convertirán en basura cuando me muera.
Compré varias cajas decoradas, muy monas, y en cada una guardé ordenadamente lo que no quiero desechar aún. Les puse una etiqueta que claramente describe su contenido y las subí a la parte de arriba del clóset. Por supuesto pensando:

– ¿Para qué carajos las sigo guardando si nunca las veo siquiera?

Pero las guardé y punto, como se guardan esos apegos que necesitamos que sigan pululando en la casa trayendo con su existencia momentos, palabras, música, amaneceres y anocheceres…

Si me da tiempo, pediré yo misma que las tiren a la basura, si no me da tiempo, definitivamente quien haga esa labor se sentirá muy aliviado de encontrar todo en perfecto orden.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2016
Anterior

Mascarilla de avena

Siguiente

Día Mundial del Libro

1 Comentario

  1. Andrea
    23 abril, 2016 at 3:40 pm — Responder

    Exactamente así es el proceso.
    Me hiciste llorar.
    Besos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>