Un, dos, tres por Cuca

Cuca es una señora muy feliz.
Todos los días despierta de buen humor y se afana con los quehaceres que se acumulan y se amontonan dándole sentido a su vida.
Lo primero es hacer café, la cafeína acelera la sangre que corre por las venas y el coffeemate no es leche, súper descubrimiento ahora que Cuquita está dejando a un lado los lácteos.
Lo segundo es darle de desayunar al gato, ese fiel compañero que a pesar de los actos terroristas es amado y consentido. ¡Finalmente el pobrecito animal tiene que cagar!
Y lo tercero, porque después de lo tercero ya no hay orden ni prioridades, es hacerle unos huevitos rancheros a Filemón. Que esté muy bien cocida la clara pero que no se dore porque no le gusta crujiente, que quede muy bien cocida la yema sin que se pase porque si no, no se puede mojar el bolillo.

-Qué bien te quedan estos bolillos recién hechos Cuquis- dice Filemón mientras ella azota la masa en la mesa para que leude bien.

-Adiós mi amor, que Dios te cuide todo el día y te regrese sano y salvo a mi lado en la noche, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…

-Amén, contesta él muy enamorado.

Se mete a bañar a toda prisa y se arregla, porque como dice Cuca mamá, “no hay que ir a ningún lado desarreglada porque no sabemos a quién te puedas encontrar”.

Cuquita todo el día habla con sí misma, en voz alta, porque así organiza mejor sus ideas:

-Ok, esta es la ruta óptima para las diligencias del día, primero me voy hasta Huixquilucan a dejar el huevo a la casa hogar, y de regreso voy parando…. primero en Palmas recojo el café que le gusta tanto a Esperancita.
-¿Qué va a hacer Espe ahora que ya se va a casar?
Tan lejos que le queda la tienda del café… bueno ahora va a saber lo que es bueno… sssshhhhhhhh cancelo, cancelo… que sea feliz y nunca nada malo le pase… que este hombre tan trabajador y educado que se encontró la ame eternamente.
-De Palmas paro en la Condesa porque Zuleima dejó su vestido en la costurera para que le metiera un poco en la cintura, porque cómo ha adelgazado Zule… y tiene esta boda tan elegante…
-Paro en la Del Valle a dejar las dieciocho coronas de adviento que tengo que entregar, en la Nápoles recojo las velas y me lanzo al kínder en Las Flores por Divina y Santa. ¡Mis amores, son tan traviesas! Señal de que están sanas y felices, bendito sea Dios..

Lo bueno es que Elpidia ya tiene varios años trabajando con Cuquita y sabe muy bien qué y cómo hacer la comida.

-Acabando de comer llevo a las chiquitinas a la natación y me escapo al salón a pintarme las canas porque el sábado es el cumpleaños de la tía Telesfora y en todo se fija…

Afortunadamente no hubo tráfico y pudo llegar al salón antes de lo previsto:

-Ay! Qué delicioso es estar en el salón sin que nadie me hable… nadie me mira… nadie me necesita… piensa Cuca mientras cierra los ojos un momento… es inevitable escuchar la conversación de la pareja de amigas a la derecha:

-Si, te lo juro mana, si algo que deseas tanto lo pides con fervor, creyendo, con fe, se te concede.

Cuquita se quedó muy pensativa, pagó, repartió la propina y salió disparada por las niñas:

– Ya ni modo Lolis, me voy con el pelo mojado porque ya no llego por las nenas, ya otro día vengo a hacerme manicure, ¡me urge!

De camino a recoger a las niñas, vuelve a optimizar el día pensando:

-Aprovechando que voy hasta allá recojo los estudios en Médica Sur y compro ate de membrillo para el postre de la cena… que bonito es cenar todos juntos en familia… por eso la cena la preparo personalmente para consentir a mi familia. También para que Elpidia descanse, pobrecita.

Tan eficiente y alegre, Cuca sabe que lo mejor del día es que ya acabó.
Después de recoger la mesa, lavar los trastes, arropar a las niñas, imprimir unas cosas de la tarea, sacar al gato al baño, cerrar las ventanas, prender los raidolitos para que no se metan los mosquitos, echarle llave a la puerta, despintarse y lavarse los dientes, se metió a su cama a descansar.

Sus últimas palabras son para ella, antes de acostarse:

-¡Merecido descanso! Suspira y clava el pico.

A la mañana siguiente Cuquita despertó sorda y muda.
Todos en la casa estaban desconcertados, ¿quién va a hacer el desayuno? ¿Quién va a llevar la ropa a la tintorería?
Ella no se pudo levantar de la cama.
Un poco más tarde se metió a bañar y bajó al jardín.
Se acordó cuánto ama su jardín.
Buscó sus guantes viejos y su palita.
Encontró una caja de semillas y se dio a la tarea de sembrarlas y cuidarlas.

Vivió feliz para siempre… ¡no sé los demás!

 

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