Un año más

Ayer cumplí 52 años.
Me acuerdo perfectamente cuando mi abuela cumplió 50 años, la veía tan viejita…
También recuerdo como si fuera ayer cuando mi mamá los cumplió, a ella ya no la vi viejita, a ella la vi madura, muy plena, empezando una nueva etapa, muy bien plantada, pero ya abuela de mis dos hijas.

Aunque ya pasé los cincuenta, me siento bastante joven. No quiero decir con esto que me visto como veinteañera o que traigo melena abajo de la cintura. Soy bastante tradicional en mi forma de vestir, sin parecer monja galletera y creo que mi arreglo personal va muy de la mano con mi edad.

De repente me puedo perder en el espejo y sigo teniendo 18, estoy segura que más que añorar la juventud, añoro esos días… épocas de frescura, de primavera llena de flores, de bailar y cantar sin que nada más importe.
Entonces, me fijo bien, me veo tal cual soy…
Y me siento feliz y agradecida de haber sobrevivido el verano y descansar en el otoño.
Esta etapa maravillosa en la que realmente digo lo que pienso y vivo plenamente todo tipo de sentimientos.

Ya no me siento culpable de no querer hacer algo ni me siento culpable cuando no hago nada.
Ya no brinco del sillón cuando veo pasar a la señora que me ayuda con la limpieza, para que no vaya a pensar que soy una floja. Ya no pido permiso para hablar y ya no me siento imprudente o inadecuada cuando lo hago, porque ya aprendí que la mayoría de las cosas no tienen que decirse, sin que eso signifique estar reprimida o censurada.
No me importa ser criticada, me importa no traicionarme.
Me gusta decir que ahora sé identificar lo que me toca, y lo que no me toca lo dejo pasar.
Elijo muy bien mis batallas, y por primera vez en la vida me siento feliz y orgullosa de perder muchas de ellas. Al fin entiendo que perder también significa ganar.

Agradezco a la vida ser una mujer que pisa dejando huella.
Omar dice que soy como el América, el equipo de fútbol, porque o lo amas o lo odias, no existe un punto medio. Y no está equivocado.
No sé a cuánta gente le caigo mal, pero si sé y muy bien cuántas personas me quieren y quieren seguir a mi lado. Ayer recibí cientos de felicitaciones, pero cientos de verdad. Entre el teléfono, whatsapp, Facebook, Inbox y visitas, me sentí querida y valorada. Me doy cuenta que la siembra fue buena porque la cosecha es magnífica.
Cerré con broche de oro cenando con mi familia, una familia que ya creció poniendo en automático una palomita a otra sueño cumplido. Una familia de seis personas que cuando nos reunimos alrededor de una mesa, nos disfrutamos, nos reímos, nos queremos y sobre todo, sabemos que es un privilegio caminar de la mano.

Ya no me da miedo la llegada del invierno, al contrario, sé que serán tiempos mejores.
Le doy gracias a la vida, ¡me siento bendecida!

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3 Comentarios

  1. Mariana
    21 julio, 2016 at 2:21 am — Responder

    Yo le doy gracias a la vida por estar cerca de ti, y le pido que sean muchos mas, los celebro desde acá con mi corazón siempre cerquita de el tuyo. Te adoro y te admiro mucho.

    • Yolanda
      21 julio, 2016 at 8:28 am — Responder

      Te amo sis!!! Siempre vamos a estar juntas!!!

  2. Andrea
    6 diciembre, 2016 at 10:46 am — Responder

    ¿¡Cómo no quererte con el alma, si te das toda!?
    Auténtica, la mejor amiga, la mejor escucha, gracias por estar siempre!

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