Pinto mi raya

Cuando somos niños nos dicen hasta el cansancio que seamos amables con todos, que ayudemos a nuestros semejantes y sobre todo que hay que respetar a los demás.
Justamente para mí, de eso se trata la educación, no de aprender a leer y a escribir.
Y en estos tiempos violentos, me gustaría agregar a la lista:
No herir a nadie en la medida de lo posible, y digo en la medida de lo posible porque es importante darle cabida a nuestra humanidad imperfecta, que cuando se siente amenazada se defiende lastimando a diestra y siniestra a los demás, y aprender que ser sincero no significa ser cruel.

Todo esto supondría vivir en un mundo mejor.
Soy una convencida de que aplicarlo sería un buen comienzo, pero algo falta.
Algo que no nos enseñan porque puede mal interpretarse como falta de educación, y me refiero concretamente a la libertad de escoger lo que cada quien quiere tener en su vida.
No vamos a poner en tela de juicio que por naturaleza, cada uno de nosotros crea un mini universo en el que por momentos necesitamos cerrar un ojo para no ver las tragedias que acontecen en el mundo.
Y es en ese “universito” en el que hay que ejercer la libertad de elegir quien está cerca, quien lejos y quien simplemente no puede quedarse.

Rotundamente hay personas que sabemos que no podemos manejar, esas que tienen mala vibra, que hablan sin pensar y escupen palabras que difícilmente se olvidan, que sus acciones dejan mucho que desear, que sus silencios se convierten en indiferencia y sus ausencias son deliberadas porque sólo se acercan a nosotros cuando necesitan algo. Las identifico fácilmente al pasar de los años y por respeto a mi misma las mantengo lejos, tampoco las juzgo y si inevitablemente tengo que tratarlas, soy amable.
Pero me cuido y alzo las antenas para no irme con la finta.

Y ya que mencioné la humanidad falible, entiendo como parte de la misma, que puedas discutir y hasta pelear con la gente que pulula en tu mundito, pero el cariño que sientes por ellos debe admitir que hayan reconciliaciones y explicaciones que renueven y estrechen los vínculos nuevamente.
Es indispensable no rendirse ante un cariño sólo por un disgusto o un mal entendido, es imperativo explicar y escuchar en lugar de darse la media vuelta y no volver jamás.
Creo firmemente en las segundas oportunidades, sobre todo porque a mí se me han otorgado más de una vez. Sin embargo, hace años que ya no estoy de acuerdo con eso que te machacan desde niño, esa cantaleta que te dice que hay que querer a todos, entender a todos y repartir segundas oportunidades como repartir volantes en la calle.

Porque de ser así, voy a acabar sin saber quién soy en realidad.
Voy a tener que convertirme en otra persona para que los demás me acepten sin importar mis convicciones. Aclaro que no estoy hablando de ser inflexible, estoy simplemente dando lugar a lo que me hace bien y haciendo a un lado lo que me hace mal.

Voy a ser la protagonista de mi historia, con el bagaje que cargo hace años, voy a tener la libertad de escribir un libreto en el que sin olvidar las experiencias pasadas, sin menospreciar a nadie, sin juzgar los diferentes estilos de vida, mi intuición se haga cargo de cuidarme, mi experiencia me ayude a ser coherente y mi edad me autorice a pintar mi raya.

Me gusta como soy y me gusta rodearme de gente práctica y sincera, esa que no se complica la vida con pequeñeces, esa que se da cuenta cuando ya hay que quitarse o ponerse en lugar de quejarse incansablemente de lo mismo. Ya no voy a asistir a donde no quiero ir tan sólo porque me invitaron, no voy a sostener amistades que me arrebatan la energía o me usan. El tiempo vuela y tengo pocos afectos reales con los que quiero compartir el resto de mi vida. Esas gratas compañías que te nutren, por las que duermes tranquilo y seguro todas las noches. En las que puedes confiar y con las que puedes contar.

Ya aprendí a llamar cuando tengo ganas de ser escuchada, a pedir ayuda cuando la necesito y a ofrecer una disculpa a quienes he ofendido. Ya aprendí con quien reír y con quien llorar, con quien pasear y con quien hablar.
Ya sé bien quien se queda de este lado de la raya.
Porque como dice mi mamá:

– Aunque todos somos del mismo barro, no es lo mismo jarrón que jarro.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2016
Anterior

Cuando los hijos se van...

Siguiente

Amigos

1 Comentario

  1. En el exilio
    4 mayo, 2016 at 8:18 pm — Responder

    Bacin … bacin dice el refrán. Au que somos del mismo barro no es lo mismo bacin que jarro.

    Pero claro tu mamá es lo bastante descente como para cambiarlo por jarrón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>