Mi eutanasia

Será porque he visto tanto sufrimiento o porque ya tengo edad para pensar en ello, o por la suma de las dos, que pienso esto:
¿Qué significa vivir?
Para mí, significa ser y hacer feliz en la medida de mis posibilidades, así de simple.

Viene entonces esta lucha de la ciencia por prolongar la vida en este planeta a como dé lugar, siempre y cuando, el dinero nos alcance. Y veo a mi madre con mil dolencias (casi igual a su número de cirugías) pedirle al altísimo que ya la recoja por favor y a la prima con un cáncer brutal, sometida a un año cada año, de quimioterapias que han mermado sus defensas y sus ganas hasta casi matarla, y a la tía postrada en una cama sin posibilidad alguna de moverse, ni soñar con salir y sentir el sol, dependiendo de alguien que buenamente le dé de comer, le acerque el “cómodo” (la ironía del nombre no tiene madre) y le ponga el pañal nocturno, de preferencia con una sonrisa.

Las tres personas que mencioné, están perfectamente bien de sus facultades mentales, la que ya casi las pierde soy yo que voy y vengo, que subo y bajo, que me abandono para “estar” pero dejo de estar en donde quiero y pienso.
“Yo prefiero morir antes de perder la dignidad, de ser una molestia para los demás y de no disfrutar nada”.
La muerte no me asusta, no me molesta, la entiendo y hasta estoy lista para encontrarme con ella, pero tiene que ver con que mientras he estado viva, ¡he estado viva!
Se lee estúpido pero créanme, conozco mucha gente que no la han enterrado porque respira, que ya se murió desde hace tiempo y aún no lo sabe.
Disfrutar un buen libro, escuchar música, ver un amanecer, comer lo que me gusta, reírme harto con los míos y con los prestados, amar sin límites, cocinar, correr, comprar, regalar, escribir….
Eso es vivir, cuando no pueda, me retiro sin pena y sin dolor.

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3 Comentarios

  1. En el exilio
    3 marzo, 2016 at 9:35 pm — Responder

    Morir con dignidad es un privilegio que pocos pueden disfrutar. Ciertamente muchos quisieran morir antes que tener que depender de alguien para seguir participando de una vida que paso a paso pierde la dignidad, sin embargo no siempre es posible conseguirlo, hay muchas instancias en que como lo describes la mente sigue lúcida pero el cuerpo no responde a lo que el cerebro quiere. Cuando eso sucede se ha cruzado el umbral que nos permite un final de la vida con integridad, en ese momento no sólo perdemos la oportunidad de retirarnos dignamente de la vida, sino incluso perdemos el poder de decidir cuando y como queremos hacerlo,

    • Mirian
      4 marzo, 2016 at 2:15 am — Responder

      Muy bonitas palabras

  2. Mirian
    4 marzo, 2016 at 2:14 am — Responder

    El sueño de todos la realidad de pocos, me gustó mucho!

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