Mi año verde VIII

“Por muy larga que sea la tormenta,
el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.”
Khalil Gibran

70 € La Medicina

Los días no pasaban en balde, el invierno nos anunciaba que se avecinaban nevadas y días fríos los cuales, según las noticias, conformarían uno de los años más fríos de la historia del país verde, sin embargo,  a pesar de los -14°C, íbamos a la escuela y salíamos a hacer cualquier pendiente que era necesario resolver, a menos que los lugares estuvieran cerrados por las nevadas. Los centros comerciales y la escuela tenían calefacción así que el único frío que sentíamos era en la calle.

En el transcurso de diciembre me dediqué a buscar algún trabajo urgentemente, tenía que encontrar algo para poderme sustentar. Buscaba todos los días en todos lados y mandaba por correo mi CV a hoteles, restaurantes, y páginas web que solicitaban meseros, chefs, y similares; eso era lo que estaba buscando pues tenía experiencia en la materia, cuando estaba en la universidad en México, serví banquetes así que no tenía miedo de meserear en algún café, restaurante o bar, la experiencia ya la tenía, solamente y me faltaba encontrar un trabajo para quedarme más tiempo en el país.

Un día que estaba mandando mi CV por correo, vi en la bandeja de entrada un correo diciéndome que me tenía que presentar para una entrevista de trabajo. Era para trabajar en banquetes en varias cenas programadas en diferentes hoteles de la ciudad y de acuerdo a mi desempeño me buscarían para servir en los eventos siguientes.

Estaba tan contenta porque por fin tenía una entrevista de trabajo y en el área que me gustaba, que no dudé en ir. Como andaba corta de dinero y trataba de ahorrar y de no gastar de más de lo que tenía, saque de mis ahorros, (desde que llegamos a la ciudad verde, empecé a juntar centavos que la gente tiraba y que no recogía, así que parecía pepenadora pues cada vez que caminaba por alguna calle y me encontraba monedas, las juntaba. Me hice la promesa de que las iba a guardar hasta el último día y me iba a comprar algo con ese dinero), así que me alcanzaba para el luas (tren ligero) tanto de ida como de regreso.

Subida en el  luas, recorriendo la ciudad y yendo a los suburbios me sentía animada, con la frente en alto y motivada, pues tenía una oportunidad en lo que soy buena, era un reto pero sabía que podría con la responsabilidad. Llegué a la última estación y me fui caminando a la cita. Las personas que me iban a entrevistar ya estaban ahí junto con otros chicos que iban en busca del empleo, irlandeses, brasileños y de otros países. El entrevistador nos dio una plática rápida de lo que íbamos a hacer y nuestras funciones, nos dio un contrato que teníamos que firmar, nos iban a pagar 20€ por evento que asistiéramos y tendríamos que estar disponibles para las cenas de Navidad que empezarían una semana después de la entrevista. Firmamos el contrato y un pagaré que amparaba el uniforme que íbamos a utilizar (un chaleco y una corbata negra) que nos iban a descontar del primer pago, costaba 12€.

Regresé a casa de José muy contenta, ¡ya tenía trabajo! Dos días después me marcaron para decirme que teníamos la primera cena el sábado por la noche y me tenía que presentar en un hotel en Dublín 2, había que estar a más tardar a las 7:30 y ser puntual, para que el personal del hotel nos dieran instrucciones precisas de lo que teníamos que hacer. Estaba tan emocionada que no me acordé que no tenía una blusa blanca y zapatos negros lisos para el servicio, así que tuve que ir de compras. Mis amigas no estaban conmigo para que me aconsejaran y ayudaran así que fui sola. Compré una camisa blanca, unos zapatos negros y calcetines.

Los mexicanitos se alegraron con la noticia y me comentaron que ese fin de semana no iban a estar porque José se iba a Paris con un amigo que estaba estudiando en Francia y los demás, Areli, Uriel y compañía se iban a ir a Barcelona. Areli no desaprovechaba la oportunidad de irse con su novio español y ese viaje no era la excepción, así que me dejaron sola.

Llegó el fin de semana, estaba muy emocionada, tenía ya todo listo, me fui una hora antes para tener tiempo de llegar al lugar sin prisas. Llegué al hotel y ya habían llegado varios chicos igual que yo, extranjeros, entre ellos tres brasileños a quienes saludé con mucho ímpetu y sólo uno me regresó el saludo, habían muy pocos irlandeses.

Llegó el capitán de meseros y nos explicó que íbamos a trabajar en parejas para atender las mesas porque eran demasiadas y contaban con poco personal, por fortuna me tocó la suerte de trabajar con Rafa (el brasileño que me saludó), él estaba muy nervioso porque mintió en la entrevista para tener el trabajo, así que yo muy confiada le dije que no se preocupara.

Llegó la hora de trabajar, me sentía que estaba en mi lugar de trabajo, sabía lo que tenía que hacer, como servir y como retirar los platos. Rafa me ayudaba como garrotero mientras que yo servía y atendía. Atendimos las mesas rápidamente así es que acabamos temprano y ayudábamos a los demás para lo antes posible. Cuando acabamos de servir el banquete, el capitán de meseros nos dijo que nos retiráramos y que después nos iban a llamar. Rafa y yo tomamos el último autobús que nos llevaría al centro y nos quedamos platicando, él estaba fascinado con México, había conocido un chico que le había hecho quesadillas y me dijo que nunca había probado algo tan delicioso. Llegamos al centro, bajamos y nos quedamos platicando un poco más, intercambiamos números de teléfono para seguir en comunicación, nos despedimos y cada quién se fue por su cuenta en esa fría noche.

Días después regresaron los mexicanitos con compañía, José venia de Paris con su amigo Manuel y con Karina y Carmen, que conocieron en el avión con destino a Dublín. José las escuchó hablando español y les sacó platica así que hicieron amistad casi inmediatamente. Esa semana Jorge las acompañó a que conocieran la hermosa ciudad llena de nieve. Los otros mexicanitos seguían en España turisteando.

Esa misma semana recibí un correo de Ignacio, un amigo español que iba a venir a visitarme en las vísperas del año nuevo. Se iba a quedar 10 días, estaba muy emocionada por su llegada porque ya teníamos mucho tiempo escribiéndonos por internet, así como cartéandonos; desde México le mandaba paquetes con dulces mexicanos y él también me mandaba cartas y postales.

Estábamos a unos días de Navidad y estábamos poniéndonos de acuerdo en cómo celebrarla, así que mientras que los demás estaban en España José y yo fuimos de compras pues no queríamos que nos agarraran las prisas. Emprendimos el viaje por distintos supermercados, comprando lo que necesitábamos para preparar la cena. Ya teníamos casi todo pero faltaba la jeringa para inyectar el pavo, fuimos a distintos lugares donde creíamos que íbamos a encontrarla, ya cansados de tanto caminar y buscar, decidimos preguntar a los empleados si vendían, pero no nos acordábamos cómo se decía jeringa en inglés por lo que recurrimos a la mímica.  Parecía que estábamos jugando caras y gestos mientras le describíamos a la gente que es lo que queríamos, unos hacían cara de “WHAT??” otros atacados de la risa por las descripciones gráficas y lo que deciamos: “We are looking for the thing that you use to put medicine inside your arm when you are sick”. Fue tanta nuestra desesperación que fuimos a una farmacia a comprar una pero a la hora de pedirla (ya con su nombre a nail) nos pedían una prescripción médica.

Llegó la navidad y con ella los mexicanitos excepto Alma, pues su familia viajó al viejo continente para pasar las fiestas con ella. Los demás estaban muy contentos, llegaron con miles de historias que contar. Desde que empezó el día, yo no me sentía muy bien, me sentía muy mareada y la cabeza me daba muchas vueltas, cuando me paraba no podía estar mucho tiempo de pie por que tenía la sensación de que me iba a caer y además todo lo que comía salía de inmediato,  me preocupé mucho porque la verdad nunca había tenido esos síntomas, mis amigos me preguntaban de broma, que qué había pasado el fin de semana que ellos se habían ido. Estaba muy preocupada porque me sentía inútil y no podía ayudarles con la cena, así que Uriel y Areli se encargaron de la pasta y el pavo, solamente yo les indicaba como hacerlo pues ninguno de los dos sabia como cocinar un pavo.

Estaba asustada así que tuve que marcar al seguro para ver si me recomendaban un médico,  a lo cual mis amigos me decían: “¿Estás loca? ¿Crees que alguien va a venir a checarte en Navidad?” En el seguro me dijeron que por la fecha, ni la ambulancia llegaría sino hasta al día siguiente. Le marqué a mi madrina que es doctora y me comentó que probablemente era la presión, me preguntó que por qué estaba tan presionada si estaba de vacaciones, pero ella no sabía todo lo que me estaba pasando y lo que me había pasado. Así que le marqué a uno de mis hermanos para contarle lo que pasaba pidiéndole que no le dijera a mi mamá, pues no quería preocuparla más de lo que ya la había preocupado con el episodio pasado.

Ya en la noche estábamos celebrando, comimos todos en familia, jugamos un rato y llegaron varios brasileños a darnos el abrazo, se quedaron un rato y se fueron cuando ya eran más de las 11 de la noche. De repente a esa hora sonó el timbre del departamento, preguntaron por mi, era el médico. Era un señor ya entrado en años, hindú. Me dijo que me tenía que revisar para conocer los síntomas que tenía. Me empezó a hacer preguntas normales, de donde era, edad, estado civil, etc…

Al escuchar mis síntomas (mareos, vomito, ascos) inmediatamente me dijo que probablemente estaba embarazada y me empecé a reír, le expliqué que era imposible que estuviera embarazada pues seguía siendo “señorita”. Le impresionó tanto que se quitó los lentes que traía puestos,  estaba estupefacto, así que corroboró la información preguntándome que si estaba hablando en serio. Le contestaba que sí; así que me checó la presión y encontró el problema, tenía la presión por la nubes, me dio dos pastillas una que me tomara en ese momento para que bajara y la otra al día siguiente,  me comentó que tenía que comprar una medicina (me escribió la receta) y lo acompañé hasta la puerta. Se despidió de mi besándome la mano y diciendo: “You are a Lady, please take care”. Todos al unísono morían de risa cuando les conté.

Después de Navidad me sentí tranquila pero aún con mareos, estaba un poco nerviosa porque ya llegaba Ignacio, se iba a quedar muchos días y yo no tenía mucho dinero, no me habían depositado lo del evento que había trabajado, así que no sabía qué hacer, llevarlo por la ciudad nos tomaría unos cuantos días.

Ignacio llegó al medio día, le había explicado como tomar el autobús del aeropuerto hacia el centro, yo ya estaba esperándole en el ahí, cuando lo veo bajar supe que era él. Alto, delgado con lentes, barbón y orejón. Llegue a presentarme puesto que era la primera vez que nos veíamos en persona. Teníamos más de 5 años escribiéndonos y haciendo video conferencias. Ambos estábamos emocionados por nuestro encuentro, nos fuimos caminando al departamento para dejar las cosas y que descansara un rato.

Le presenté a José y a Areli al llegar a la casa. Él empezó a desempacar, traía la maleta llena de regalos, comida, souvenirs de España, todo para mí. Comimos algo y salimos al centro para que conociera la ciudad,  caminando y tomando fotos, traía su cámara profesional y no dejaba de sonar el click de la misma, yo pensé que estaba tomando fotos a los edificios, pero me di cuenta de que me estaba tomando las fotos a mí. Me sentía tan rara de ser el foco central de la cámara, me decía “Rita haz el ganso” y otras poses chistosas. Era un niñote en el cuerpo de un hombre, 3 años mayor que yo. Ya de regreso, le tomó fotos a la cena y de cierta manera me incomodaba, pues no estaba tan acostumbrada a que estuvieran detrás de mi tanto tiempo.

Al día siguiente fui a la farmacia a comprar la medicina que me recetó el doctor, ya tenía otra vez la presión por los cielos. Costaba 70€,  no sabía qué hacer, quería cargarla a la tarjeta de crédito pero luego ¿Cómo iba a pagar esos 70€, si apenas podía subsistir en aquel país?

Los días con Ignacio fueron buenos y malos, malos porque Areli, José y Alfonso me molestaban todo el tiempo para que le diera un beso, me ponía de mal humor y ellos argumentaban que debía hacerlo porque me había llevado regalos. Lo peor es que cuando estaba irritada por sus comentarios, me molestaban frente a él lo que ocasionaba que les contestara de muy mala gana o hasta groseramente.

Ya estaba llegando el año nuevo e Ignacio seguía en tierras verdes. Ya estaba exasperada porque no me depositaban mi sueldo, y no me habían vuelto a llamar para hacer otro servicio. Hasta que finalmente varios días después recibí la buena noticia de que ya me habían depositado. Fui inmediatamente al banco y saqué un estado de movimientos para checar cuanto dinero tenía con la esperanza de poder comprar la medicina. ¡Casi me muero cuando lo vi! Me puse de mil colores, sentía que la presión y el estrés volvían a mí cuando vi que solamente me habían depositado 5€. Le marqué a Rafa para preguntarle cuánto le habían depositado y él estaba igual que yo, solamente escuchaba “filho da puta”, enojadísimo como yo. Le llamé al tipo que nos contrató pero nunca jamás me contestó. Ignacio me acompañó al banco, estaba callado porque obviamente cualquier cosa que dijera iba a empeorar mi estado de ánimo. Sólo me dijo: “Acuérdate Rita, 70€ la medicina”. Para mí fue como mi Dalai, nos fuimos caminando para el Castillo de Dublin donde ya nos esperaban los otros  mexicanitos.

 

Nos seguimos leyendo…

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