La visita del Papa Francisco a México

Mi nombre es Belinda Roció Borja LEPCOWITZ, comienzo con mi nombre y escribo en letras mayúsculas mi apellido materno LEPCOWITZ,  y ¿por qué?
Muy sencillo, porque mi segundo apellido es Polaco ya que mi abuelo materno era judío y en mi casa las 2 religiones se profesaron.

Desde chica me enseñaron, en mi casa, a respetar a las personas, pero sobre todo a respetar sus creencias y todas las religiones que se profesan, ya que todos tenemos un fin y tenemos un mismo Dios. (claro, los que creemos). Un respeto que Gracias a Dios, a la fecha continúo teniendo.

Me ha impresionado de sobremanera todo lo que he visto en las redes sociales en relación a la visita pastoral, comentarios ya sean a favor o en contra. Abrazando el tema de libertad de expresión, creo que se ha confundido con ataques, burlas, memes y con catalogar a los que profesamos la fe católica como ignorantes. Pero lo que más me impresionó, es el tiempo y espacio que le restaron a su vida para dedicárselo a algo que les causa tanto asco, enojo y malestar.
Quizá esas personas que tanta tolerancia, coherencia y respeto han pedido para México y toda su problemática actual, olvidaron actuar así hacia la fe católica. Y olvidaron que su comportamiento sólo los alejó de estos valores, haciendo lo que más detestan: perder el respeto y ser intolerantes.
Dentro de la libertad de expresión, algunos manifestaron en las redes una forma de discriminación hacia la fe católica y me impresionó el sadismo, el racismo y el resentimiento social que se tradujo en un bulling increíble.

Estas misma personas piden que haya un México mejor, defienden sus ideales, creyéndose letrados, cultos y mega sabios, pero les falta mucho para tener un mejor país, porque atacando una visita sin argumentos, con odio a la Iglesia y sin un buena iniciativa para avanzar inteligentemente. Su estilo de expresión llena de ascos, odios y criticas, llenos de burla y bulling, sólo favorecen la existencia de un México intolerante y racista, que sigue y seguirá igual mientras los mexicanos no aprendamos a respetar las diferentes creencias e ideologías.

Me quedé muy triste de ver los memes, particularmente el que muestra al Papa asustado diciendo: “¡en la madre voy a Ecatepec!”
Ecatepec y las Lomas sólo son diferentes por los ceros en las cuentas bancarias, las fachadas de las casas y el número de autos que hay en las cocheras, pero las personas somos iguales, no deben haber etiquetas sociales, blancos, negros, altos, bajos, flacos, gordos, gay o no gay, todos somos iguales y merecemos ser tratados con respeto.

Critican que hubo un dispositivo de seguridad impresionante, ¡claro que lo hubo!. Como lo hay en todos los países cuando se recibe a un jefe de estado. ¿Saben cuántas embajadas de diferentes países en el mundo tienen catalogado a México como un país de alto riesgo? Todas. Nunca hay que escatimar en seguridad, quien haya trabajado en el gobierno o en embajadas, como yo lo hice, sabe que la regla de oro y el éxito de una visita diplomática es: la máxima seguridad.

El Papa no vino a solucionar la situación económica, política o social de nuestro país, eso le corresponde a los mexicanos y a los tres niveles del gobierno, estos temas son ríspidos y dolosos, por no adentrarme más.
La visita fue pastoral, y si le hicieron actos protocolarios de bienvenida y despedida es porque así debe de ser, es el Jefe de Estado del Vaticano. El Papa no vino a dar su doctrina a los ateos, herejes, resentidos sociales o radicales ultra, ni a atender demandas de víctimas. El vino a ver a los católicos, que por cierto como dato importante, según el INEGI 8 de cada 10 mexicanos se declaran fieles dentro de la Religión Católica, Apostólica y Romana, somos el segundo país en el mundo con más católicos, por eso es que tantas personas hicieron hasta lo imposible por verlo, no sólo en la Ciudad de México, sino en todas las ciudades que visitó dentro del territorio nacional.

Si estas personas tan críticas hubieran dedicado 10 minutos de su tiempo a escuchar los mensajes del Papa Francisco, se hubieran enterado que eran mensajes de conciliación, palabras positivas para infundir fortaleza y esperanza para todos los que profesamos esta religión, pero eligieron discriminar, ofender y lastimar la fe católica y a sus practicantes.

El haber ido a un Hospital de niños y hablarles como les habló, para mí fue maravilloso, explicarles a los padres de familia de la existencia de la cariño-terapia fue muy bonito y muy útil, porque es cierto, una caricia sana muchas veces más que las medicinas.

Alentó a la juventud a que hagan deporte para que se les ensanche el alma, que sean creativos, alegres, que no pierdan el encanto de soñar, y sobre todo que nunca se dejen pisotear por nadie, me pareció extraordinario.
Me encantó que en Ecatepec tomara las palabras de un niño en silla de ruedas que le dijo: “me puse muy triste cuando me enfermé y dejé de caminar poco a poco hasta quedar en silla de ruedas, pero le echo ganas” El mensaje del papa ahí en Ecatepec fue de ánimo para echarle ganas a la vida y salir adelante. ¡Claro que si, a echarle ganas a todo!
Me encantó que hoy se despidiera diciendo que México es una sorpresa.

Este Papa quiere tratar de reformar esa iglesia culposa que ha hecho dinero, que ha hecho daño, él quiere terminar con eso a través de la misericordia. Muchos miembros del Vaticano no lo querían como Papa porque arruinaría sus negocios internos.

Los sabios no pueden vivir de un pasado que han leído, que han cuestionado a la iglesia y que nunca se han enfrentado a un dialogo con un clérigo. La Iglesia tiene todo el derecho de querer un futuro distinto y pedir perdón de lo que hizo en el pasado. Y nosotros los católicos estamos ahí para marcar un cambio con fe y confianza. “Recemos por los que nos quieren y por los que no, también”

Hoy me quedo con las brillantes palabras de Octavio Paz que hoy el Papa repitió:

“Soy hombre, duro poco, y es enorme la noche. Pero miro hacia arriba, las estrellas escriben, sin entender, comprendo. También soy escritura, y en este mismo instante, alguien me deletrea”.

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