Descubrimiento

—¿Bueno?
—¿Tienes el pie levantado? Ya pensé que si doblas varias toallas —pero de las grandes— y encima acomodas una almohada —pero con una funda vieja— puedes mantener el pie en alto por más tiempo sin que se te olvide que no lo debes mover. Aunque deberías tratar de olvidarlo, porque no ganas nada angustiándote de aquí a tres días que tengas los resultados de patología ya que lo más seguro es que sea sólo un lunar. Ahora que no sé por qué te esperaste tanto; es que nunca haces caso a lo que te digo, con lo peligrosos que son los lunares y más en el pie. No puedo creer que no le dieras importancia o que no supieras que eso puede ser cáncer, y ya no digas de piel, si no del mismísimo sistema linfático, cualquiera lo sabe; en fin, ya te dije que no tienes de qué preocuparte.

Brinco, brinco, hasta llegar a la escalera; sentón, sentón, sentón, brinco, brinco hasta la cocina.
Qué bien huele el café, brinco, brinco hasta la puerta, y en el periódico, en primera plana la reina del sur, el maratonista que tomó un atajo, el antro clausurado, un decomiso de coca… brinco, brinco a la escalera y luego de rodillas hasta el teléfono.

-Lo importante es que no te muevas para que cicatrice bien porque con esa piel que tienes, ¡mira qué mala suerte!, ir a sacar las pecas y lunares de la familia de tu papá y lo delicado de la mía; y encima de todo, esa alergia a los tintes teniendo tantas canas. Lo que deberías de hacer es tomar un antihistamínico durante dos o tres días y luego probar algún otro tinte, seguramente habrá alguno nuevo que no te haga daño —pero claro, como nunca haces caso a lo que te digo— ya de perdida deberías de ir a que te hagan un buen corte para que te veas más joven y andar más arreglada, no sé por qué siempre te da por andar tan informal.

Brinco, brinco hasta llegar al baño.
Qué bien huelen el jabón y el shampoo; luego viene la crema y la secadora del pelo y qué me pongo y cambio de opinión y me pongo rimel y me pinto la boca y me pongo perfume… brinco, brinco salgo del baño, brinco, brinco hasta el teléfono.

-Y es que si me hicieras caso y te arreglaras de otra forma y luego te buscaras un marido. Porque yo lo único que quiero es verte bien, verte casada; no sabes cómo me preocupa que estés sola, trabajando como burro, cargando con toda la responsabilidad de los hijos y perdiendo el tiempo con las amigas o tomando clases. No me mal interpretes, yo no digo que eso esté mal, uno siempre tiene que conservar las amistades y prepararse para la vida y aprender cosas nuevas, pero hay prioridades y tienes que pensar que el tiempo pasa y las oportunidades se van haciendo más escasas; y no me digas que así estás bien y que eso es lo que quieres, porque ninguna mujer de tu edad quiere estar sola, eso es una mentira. La verdad, no sé cómo te fuiste a casar con ese tipo; no entiendo por qué, con el ejemplo y la educación que les dimos, tus hermanos y tú escogieron tan malas parejas, como si hubieran ido a un basurero por ellas, pero claro, es que nunca me hacen caso, si sólo escucharan lo que les digo…

Brinco, brinco, hasta llegar a la escalera; sentón, sentón, sentón, brinco, brinco hasta la calle.
Qué bien se siente el sol en la cara cuando entro al periférico y mi disco nuevo está buenísimo y lo puedo oír casi completo por el tráfico, y paso con el editor a recoger mi siguiente trabajo y de regreso voy a comprar el libro que me acaban de recomendar y a recoger los boletos del teatro para el fin de semana… brinco, brinco del coche a la escalera y luego de rodillas hasta el teléfono.

-Y deberías de hablar con tus hijos y pedirles que te ayuden en la casa sobre todo ahora; y de una vez aprovecha para decirles que, aunque no quieran, tienen que pasar algunos fines de semana con su papá para que tú puedas descansar y salir a divertirte. Porque yo les podría decir que de vez en cuando se vengan conmigo pero me da la impresión de que no quieren, ya ves que últimamente no me cuentan nada; claro, es obvio que están en plena adolescencia, pero aún así no entiendo por qué me sacan la vuelta si después de todo, yo ni me meto. A ti te consta, bien podría decirles, por ejemplo, lo mal que se ven con esos pelos pintados o con esa ropa tan fea que usan, y de los aretes ya ni hablamos, pero no les digo nada porque confío en que tú se los dirás, ¿verdad?… ¿Mariana?… ¿Ya te dormiste? … … Bueno hijita, a ver si ahora sí haces caso a lo que te digo pues ya sabes que no lo hago con afán de molestar, es sólo por tu bien. Te dejo descansar, linda, te llamo mañana.

—Adiós ma, yo también te quiero.

Siempre creí que mi vida era perfecta… hasta que mi mamá me la contó.

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1 Comentario

  1. Anonima
    22 octubre, 2016 at 12:37 am — Responder

    HUY! Me quedó el saco Ale!

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