Al cabo la muerte es flaca III

26 de noviembre

Una semana después…

Estoy en el segundo piso del hospital, Gineco-obstetricia. Espero en un cuarto de labor con mi madre. De aquí pasaré a quirófano. Quiero orinar, una enfermera entra al cuarto y me ayuda con la venoclisis y la estúpida batita para entrar al baño. Me pregunta por el número de contracciones que tengo por minuto….¿¿¿¿????

¡Pendeja! ¿Qué no leyó mi historia clínica antes de entrar? ¿Qué todas las mujeres en el 2º. piso van a parir?

Contesto: Me van a operar por un tumor, si tengo suerte será benigno.

Ella se paraliza, no puede contestar. Sale.

Siento miedo, mucho miedo, no sé qué va a suceder, las decisiones se van a tomar en quirófano, no podré participar…tengo miedo y el miedo me encabrona…¡¡¡quiero llorar!!!

Antes de hoy pregunté mis posibilidades. En un principio, con el pronóstico del estudio de imagen (BIrads2), los datos en Internet reportaban entre 2% y 4% de incidencia de cáncer. A pregunta directa, después de la exploración oncológica, el doctor me dijo que mi probabilidad es de un 35%.

¡Puta madre! Tengo miedo, mucho miedo, tanto miedo que dejé de fumar, tanto que me paralizo, sólo la ira me mueve y estoy tan enojada.

ENTRA ENFERMERA. ES DECIR, OTRA ENFERMERA, LA ANTERIOR NO REGRESA.

¿Tal vez fui un poco ruda? Me hace reír sonreír con tristeza, con una mueca. Fui irónica. ¿Mi humor negro la desarmó?

Enfermera: Ya la vamos a pasar a quirófano.

¡Dios! Ahora sí llegó el momento. Me llevan, Me llevan….¡¡¡ME LLEVAN!!!

 

ENTRADA A QUIRÓFANO.

Mi mamá camina junto a la camilla. Nos despedimos. Me llevan, boca arriba, acostada, veo el techo, los muros, puertas. Me reciben los médicos, el anestesiólogo, enfermeras, gente, mucha gente en quirófano. Sostienen una charla ligera. Empiezo a sentir sopor, pierdo conciencia…pierdo….

RECUPERACIÓN…HORAS DESPUÉS….NO SÉ CUÁNTAS HORAS….

En realidad no sé cuántas horas, no sé dónde estoy, no sé cómo estoy…Estoy, eso sí, sin duda, estoy. Sin embargo, no entiendo nada, me siento dentro de una nube cálida y confortable…el sopor continúa, ¿duermo? No sé, tengo los ojos cerrados. No sé nada, no pienso nada, no entiendo nada, pero creo que duermo. No importa, me sumerjo en la cálida sensación, me olvido, me abandono.

Escucho la voz del Doctor.

Él: Maru…fue maligno.

No abro los ojos.

Respondo: ¡Que chingados! ¿Fue maligno?

Él: Sí Maru, fue maligno.

Me sumerjo otra vez, me pierdo, me abandono….sé que tengo que pensar en la noticia que me acaba de dar Daniel….luego…ahora me sumerjo en la cálida nube….¿duermo?

CAMILLERO: (NO SÉ CUÁNTO TIEMPO DESPUÉS) Ya la vamos a llevar a su cuarto.

 

Hace frío. Siento frío, recorro pasillos, me empujan en una camilla, tengo que abrir los ojos, todo se mueve, rueda, gira….parece un camino largo, laberíntico, pasillos, elevador, pasillos. Llegamos a piso, mi pasillo, mi cuarto. Como en valla, casi pegados a la pared, esperando que me metan al cuarto está, María Eugenia mi mamá, Pilar mi hermana, Ángeles mi amiga, un poco más lejos, ligeramente distante, Ángel mi hijo. Todos son “mi” de alguna manera, la palabra determina una relación….todos son “mi algo”, si no, porqué estarían ahí con el temor en el rostro, mirándome.

En medio de mi confusión digo: ¿Ya les dijeron? Fue maligno.

Se acercan, ya les dijeron, lo veo en sus caras desencajadas, en sus ojos abiertos, MUY ABIERTOS, mirándome.

Digo: No se preocupen, todo va a estar bien. Si ellos tienen esa cara de terror, no puedo imaginar la mía.

LA CAMILLA ENTRA A CUARTO. ELLOS ESPERAN AFUERA. EL CAMILLERO Y LAS ENFERMERAS ME COLOCAN EN EL CUARTO. SE VAN. “ELLOS” ENTRAN A LA HABITACIÓN.

Yo no entiendo nada. ¿Duermo? Sí, mejor me duermo…

 

Hoy en la mañana, antes de salir de la casa rumbo al hospital, me despedí de mi hijo desde la puerta. Él no se movió de su restirador donde hacía una tarea. Me detuve en la puerta, le reclamo… Me duele mucho su aparente indiferencia. Me hago la fuerte pero yo sé que tengo miedo y su frialdad, su lejanía, me violenta. También tiene miedo…Se enoja mucho, lo siento, lo puedo ver. Él se enoja. Yo me enojo, así nadie tiene que hablar del dolor y el miedo.

Al llegar al carro donde me esperan mi mamá y mi hermana para llevarme al hospital intento recomponerme. Otra vez me hago la fuerte. Yo manejo, al sacar el coche le pego al espejo lateral contra un árbol… ¿quién dijo miedo? ¿QUIÉN DIJO MIEDO? Nadie dijo miedo…es terrible todo lo que no decimos.

 

MISMO DÍA DESPUÉS…O DÍA SIGUIENTE…

¡TENGO CÁNCER! ¡ ¡Tengo cáncer! ¡Tengo cáncer! ¡Tengo cáncer! ¡Puta madre! ¡Tengo cáncer! No es que no lo crea, es que no lo entiendo. Lo pienso: ¡Tengo cáncer! Y sigo sin entenderlo…o sea ¿que qué? ¿me voy a morir?

Recuerdo a mi papá en terapia intensiva en el hospital. Está en fase terminal de cáncer. El cuerpo le duele por la neuritis, apenas y puede hablar.

Pregunta: ¿Me voy a morir mi hijita?

Respondo: Todos nos vamos a morir ‘pá’.

Él afirma: Sí, pero yo primero.

Contesto: Sí papito, tú primero.

Él: No me quiero morir.

Yo: Ya lo sé ‘pá’.

 

Han pasado 6 años desde esa tarde de noviembre. Yo me pregunto hoy ¿me voy a morir? Hay que esperar respuestas, resultados, análisis patológicos, la radio, la quimio, la terapia hormonal….Vamos a ver.

 

28 de noviembre

SALIDA DEL HOSPITAL

Es 28 de noviembre, han pasado 2 días de la cirugía, 2 días del diagnóstico. Hoy puedo salir del hospital. Tengo un tumor maligno de menos, me quitaron también un cuadrante de la mama derecha. Tengo una cicatriz en el pecho, con dos drenajes pequeños que salen a la altura de la areola; una media luna bajo la axila que es la herida que quedó cuando quitaron media cadena ganglionar para enviar a patología. Del costado me cuelga una manguera de plástico que acaba en un acordeón cilíndrico. Puedo enrollar la manguera a mi cintura para moverme más fácilmente. De todas formas me muevo con lentitud, mi cuerpo no responde igual, pesa más que nunca…y mi cabeza, mi cabeza flota. No parece retener ninguna idea, hoy sé que:

 

  • tengo cáncer.
  • encontramos el tumor “muy a tiempo”.
  • hay que esperar los resultados de patología para saber si hay metástasis.

 

Me siento en el lugar del copiloto. Mi hermana conduce el auto, yo miro el tráfico por la ventana y pienso en toda la gente en sus coches, en la calle, en sus vidas. Hace, no sé, ¿un mes?, mi vida era como la de ellos. Me apuraba llegar, estar, hacer… Hoy tengo cáncer y todo es lento y pesado y flota. Hoy no corre prisa…no hay planes concretos. Yo los observo desde la ventana del carro, tengo cáncer y ellos no lo saben y no les importa…¿cuántas cosas yo no sé de ellos y tampoco me importan? Todo es un instante que se ha quedado prácticamente fijo en mi corazón… Las cosas pasan, el tiempo no, se ha detenido, no puedo hacer planes, no puedo concretar nada, sólo los pequeños momentos. Esto ya era así, siempre lo ha sido, sólo que yo vivía otra fantasía en la que yo “tenía control”. ¿De qué? De todo, ¡ja! En realidad de nada, sólo que no lo sabía.

La mañana es soleada, hace frío, a pesar del otoño es invierno en mi corazón. No hay planes concretos. Hoy es cumpleaños de mi nieta, cumple 3 años.

Digo: ¿Por qué no partimos un pastel?

Los invito a mi casa para apagar las velitas y cenar pastel y celebrar la vida, porque hoy es, además, el sexto aniversario de la muerte de mi padre.

 

Los días subsecuentes…

Los días pasan lento, no entiendo si pasan con una lentitud abrumadora o es que yo estoy tan abrumada que me parece que el tiempo está prácticamente detenido. En realidad, no importa. De todas maneras no puedo hacer nada, ni tengo nada que hacer. Espero que quiten los drenajes los puntos, para empezar radioterapia. Espero los resultados de patología para que el doctor me explique más a detalle la situación que enfrento. Observo a mi familia, en particular a mi mamá, callada, adelgazando, cuidándome, dando apoyo. A mi hermana, a algunos contados, muy contados, escasos amigos que se han acercado verdaderamente a echar una mano…Ana, Licho, Jave…Veo a mis hijos, Angel a sus 24 y Mateo que acaba de cumplir 6 años, y los siento igual de confundidos que yo.

La mayoría de la gente con la que convivía cotidianamente ha desaparecido. Si acaso hablan para saber cómo estoy…yo no quiero hablar con nadie. En particular me molestan las llamadas del papá de mi hija. Habla para saber qué ha pasado, ¿de cuándo a acá le importa qué pasa conmigo? Hace 6 meses se fue de la casa, entonces no se preocupó por nosotros y ¿ahora llama para preguntar por mí? ¡Puta madre! ¡Que no me joda!

Salgo de cuando en cuando a ver al doctor, quita drenajes, puntos, hace ya 15 días de la cirugía, quizá un poco más. Una tarde me llama por teléfono sólo para anticiparme los resultados de patología:

Él: Después los comentaremos a detalle en consulta, pero quiero que sepas que no hay ganglios comprometidos, no hay metástasis aparente.

Me explica que el tumor responde a estrógenos y a progesterona, es decir, a hormonas, lo que implica un grado de “peligrosidad” o “agresividad” medio. El pronóstico es bueno, muy bueno, me dice. Ya en el consultorio me explica las características del tumor y el tratamiento a seguir.

¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Se chingan! No me voy a morir de esto, me van a ver levantarme de mis propias cenizas. Voy a ser la primera en mi familia que sobreviva un diagnóstico de cáncer. Para los demás era demasiado tarde, yo estoy decidida, tengo muchas cosas que hacer, tengo a mi hijo en la flor de la juventud, tengo a mi hijito pequeño y lo quiero ver crecer, quiero cantar…haré lo que sea pero, este cáncer, a mí, no me mata.

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3 Comentarios

  1. Viviana
    21 octubre, 2016 at 11:02 pm — Responder

    Mi admiración y respeto para ti Maru!
    Sé que esta historia va a acabar bien, pero veo que fue muy difícil!
    Te abrazo fuerte!

  2. Helena
    21 octubre, 2016 at 11:03 pm — Responder

    Yo soy sobreviviente y me sacas las lágrimas en este capítulo!
    Dios te bendiga siempre!
    A todas las mujeres, revísense!

  3. anonimo
    22 octubre, 2016 at 12:39 am — Responder

    Yo perdí a mi esposa por esta enfermedad, qué bueno que hay gente que sobrevive. Ojalá que cada día sean más! Enhorabuena!

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