Tiempo y espacio

Amar en el día a día es muy fácil, pero amar intensamente a una persona, con esa pasión que sólo se da muy de vez en cuando, con esa química inconfundible y el estar en la misma frecuencia con otro ser humano, no se puede explicar, sólo se puede sentir.
Mi nombre es Claudia y tengo dos hijos maravillosos, mi edad 60 años . Viuda desde hace 20, sin tener otra relación, creo que porque mis hijos eran lo primero y también porque tal vez sentía que no necesitaba a nadie y que así estaba mejor.
Les voy a contar una historia de amor, de un amor a destiempo.
Esto sucedió hace 13 años, una de tantas tardes en las que se reunían mi hijo y sus amigos, en mi casa. En esta ocasión, era un grupo de amigos que se juntaron después de un tiempo de no verse. A mí me dio mucho gusto volver a verlos y recibirlos como lo hacía cuando iban en primaria.
De todos los amigos que se reencontraron, hubo uno que empezó a venir más seguido, y algunas veces se quedaba a comer, otras a cenar, a él le gustaba mucho platicar conmigo. Se puede decir que hasta en su confidente de amores me convertí.
Un día, me percaté de que cuando nos quedábamos solos, él me miraba fijamente, al principio no le di importancia, pero llegó un momento en que sentí que me ruborizaba cuando esto pasaba y trataba de ocultar mi nerviosismo. Me daba pena sentir lo que sentía, pero en realidad también me gustaba mucho esa sensación, volví a sentir mariposas en el estómago, con una mezcla de vergüenza, ya que se trataba del amigo de mi hijo, también llegué a pensar que tal vez por la diferencia de edades, él se estaba burlando de mí.
Así es que para salir de dudas, decidí mirarlo como él me miraba y ahí empezó el juego. Ya era imposible mirarlo de otra forma, ya me empezaba a gustar como se reía, como olía y hasta como caminaba.
De todos los amigos de mis hijos, él siempre se vio mucho más grande que los demás, así que nadie podría saber con certeza la edad que tenía.
Una tarde, me llamó por teléfono y me preguntó: “¿por qué ya no me miras como antes?”, me quedé helada porque todavía no estaba segura si quería que esto avanzara. Dejé pasar unos 5 minutos y le contesté que no sabía a que se refería. Entonces él me aclaró que ya no teníamos que fingir, que era obvio que había una gran atracción entre ambos, me confesó que a él le gustaba mucho estar conmigo y que se daba cuenta de que a mí también me gustaba estar con él. En ese momento, lo único que pude decir fue: “perdón por lo que siento, pero no lo puedo evitar, jamás pensé que esto me sucedería a mi”, y prácticamente se terminó la conversación.
Una semana después, una noche me llamó a mi teléfono celular, me dijo que tenía ganas de tener sexo telefónico porque no podía dejar de pensar en mí y quería escuchar cómo me venía, por supuesto accedí a la petición.
Así estuvimos los dos un tiempo, a escondidas, sin que nadie se diera cuenta, fuimos muy discretos.
Finalmente, hicimos el amor por primera vez. Él inició todo, él me llevo de la mano, yo no quería estar totalmente desnuda ante él y él fue el quien me dijo que no tenía porque esconder mi cuerpo, que lo que importaba era toda esa pasión, locura y amor que sentíamos. Me deje llevar como una adolescente y lo disfruté mucho, fue cariñoso, cuidadoso y la manera como me veía me encendía.
Lo hicimos otras veces y así mantuvimos nuestro idilio 6 años, hasta que llegó el momento en el que teníamos que dar por terminado todo, por muchas razones, la principal, porque ya no venía a visitar al amigo, sino a la madre, otra razón importante fue que por mucho que nos amaramos, no íbamos a llegar a nada, él era muy joven y esta relación sólo tenía que ver con el tiempo y el espacio presente, no tenía futuro, y un motivo más fue que él estaba planeando irse a vivir a otro país a estudiar.
Actualmente, él tiene la misma edad que yo tuve cuando el nació, está casado y es muy feliz.
Nos seguimos mandando mensajes de repente, y yo lo sigo amando, no me arrepiento de lo que viví a su lado, es una de las mejores cosas que me pasaron en la vida.
Es una experiencia que me hace saber que mi vida valió la pena.

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