Sorpresas que da la vida

Definitivamente Luisa era la más ambiciosa de las cinco hermanas. Ella era la tercera y aunque era la menos agraciada de las cinco, se sabía sacar partido. Era muy disciplinada y metódica. Solía ajustarse un cinturón antes de comer y en el momento que le apretaba soltaba el tenedor. Tomó un curso de tres meses de taquimecanografía para poder trabajar en alguna oficina puesto que en casa la situación económica era bastante crítica, y ella necesitaba tener dinero para poder comprarse ropa y lo necesario para verse muy bien y entonces escoger al hombre que más le conviniera, o sea aquel con el que ella pudiera alcanzar una mejor posición económica.

Empezó a trabajar en una oficina de gobierno como secretaria y resultó ser muy eficiente. Cumplía a carta cabal con su trabajo, era puntual y muy perfeccionista por lo que sus jefes no dudaron en darle más responsabilidades, las cuales cumplía al pie de la letra, pero su principal objetivo todavía no se cumplía.

¿Dónde estaba ese caballero que ella necesitaba para cumplir sus sueños? Cuando se empezaba a desesperar, apareció, y no fue precisamente en la oficina ni tenía nada que ver con su trabajo.

Conoció a Juan en un almacén del centro de la ciudad, un día de quincena en el que ella había ido a comprarse algunas prendas de vestir, ya que necesitaba verse muy arreglada y que su ropa luciera en perfecto estado para dar una imagen de señorita de clase acomodada. Él era guapo y muy bien vestido, la abordó con un comentario simpático y ella sonrió de inmediato. Salieron juntos de aquel almacén y él se ofreció a llevarla hasta su casa, y cuál sería su sorpresa cuando él le dijo que tenía carro. En ese entonces muy pocas personas tenían automóvil en la ciudad. Aceptó de inmediato.

La relación iba de maravilla, Juan era un caballero y ella se sentía feliz pues él la llevaba a muy buenos lugares a comer, era espléndido y le daba buenos regalos, como aquella cartera de piel y los lindos aretes de oro haciendo juego con el anillo. Luisa sentía que todo era normal,  aunque Juan le había dicho que él era un hombre de negocios, nunca lo supo a ciencia cierta qué tipo de negocios hacía,  pero todo indicaba que él era un hombre rico.  Le platicó que había viajado mucho al extranjero, que vivía en una zona muy lujosa de la ciudad y hasta la llevó a conocer su casa por fuera diciéndole que pronto le presentaría a su mamá.

En una ocasión, Juan le dijo que la invitaba el domingo a dar un paseo y a comer a un restaurante que estaba aproximadamente a dos horas de la ciudad, en un pequeño pueblo. Luisa le dijo que tendría que ir acompañada de sus dos hermanas menores,  de su hermana mayor y su cuñado, para que su mamá le diera permiso. Él le dijo que por supuesto y que con gusto él invitaba. El domingo se vieron temprano y ella le presentó a su familia, Juan se portó sumamente amable con todos y partieron en el coche de él hacia la carretera. Ya de camino se escuchó el silbato del tren y Juan exclamó emocionado:

– le voy a ganar al tren – y así lo hizo, aceleró el automóvil y logró cruzar las vías justo antes de que los arrollara la máquina – lo dije, le gané, exclamó entusiasmado. Tremendo susto fue el que se llevaron todos.

Habían transcurrido ya algunos meses de relación entre ellos y había llegado ese momento en el que una pareja desea intimidad; ya se había hablado de una futura boda, de hijos y de promesas por cumplir. Luisa consideró que al tener relaciones íntimas con Juan, él se sentiría comprometido y ella le pediría que aceleraran la boda.

Una vez en la habitación del hotel, ella entró al baño para tranquilizarse, respiró profundamente y salió decidida a entregar su virginidad. Se sorprendió al no verlo por ningún lado. Se quedó pensativa un momento pensando mil cosas, cuando escuchó la voz de Juan.
No sabía exactamente de donde venía la voz
– ¿Juan dónde estás?
– Aquí, debajo de la cama.
– ¿Qué pasa Juan?
– Hay algo que no te he dicho Luisa, dime que no me vas a dejar Luisa.
– ¡Claro que no Juan! Dime qué pasa…
– Ven, asómate.

Luisa lentamente se sentó en el piso y se asomó. Juan estaba completamente desnudo y entonces ella se percató de que le faltaba la pierna izquierda. Tal fue su impresión que se incorporó de un salto. Tomó su bolso y salió corriendo de aquella habitación horrorizada.

Después de varios días de no tener ninguna noticia de su novio y ya más tranquila, se armó de valor y se dirigió a la casa de Juan. Tocó el timbre y abrió la puerta una mujer vestida con uniforme de servicio, Luisa preguntó si estaba el joven Juan. La pregunta pareció sorprender a la empleada quien le pidió que esperara un momento y se metió a la casa. Al regresar le dijo que pasara, que la señora la recibiría. Después de presentarse, la mamá de Juan le dijo que cómo era posible que conociera a Juan y le preguntó que para qué lo buscaba. Ella le dijo que Juan era su novio, que estaban próximos a casarse, que estaba un poco preocupada pues habían tenido una pequeña discusión y que hacía varios días que no sabía nada de él.

La madre sorprendida dijo:
– Juan está enfermo, padece de locura y lleva varios años internado en el hospital psiquiátrico de La Castañeda.

Esta historia es real, cada quien saque sus propias conclusiones.

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1 Comentario

  1. Sylvia
    21 septiembre, 2015 at 7:40 am — Responder

    Me dio miedo la historia!!
    Que susto que alguien así de enfermo ande por la calle sin la atención adecuada… Menos mal que no le pasó nada a Luisa…

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