Olivia y Joaquín

Hace más de 5 años, estaba platicando con desconocidos en un salón de chat, como lo venía haciendo desde hacía meses.
Habitualmente entro a platicar y a desahogarme con la idea de que hablar con desconocidos me hará más fácil tocar todo tipo de temas.
Un día apareció Joaquín y desde que nos saludamos nos sentimos conectados, hablamos horas y nos sentimos felices de habernos conocido.

Ambos estamos casados, pero el matrimonio de los dos está atravesando un mal momento.
Yo había descubierto por tercera vez que mi esposo me engañaba, además de sentirme poco respetada constantemente.
Joaquín vive en Nuevo León y yo en Honduras, y casualmente trabajamos para la misma empresa.

La relación se volvió adictiva. No podíamos dejar de pensar en encontrarnos en la computadora, mandarnos todo tipo de mensajes telefónicos y sentirnos enamorados.
Así es que tomamos la decisión de vernos en persona.
La primera vez que estuvimos juntos, pasamos cinco días inolvidables, compartimos todo, nos sentimos el uno para el otro, conectados, identificados y muy apasionados.

Generalmente inventamos a nuestras parejas que tenemos que salir de viaje de trabajo y nos desconectamos del mundo. Así han pasado los años, nos podemos ver una o dos veces al año por cinco días y cada vez nos juramos y planeamos que vamos a vivir juntos muy pronto y para siempre.

Pero la última vez que nos vimos, hace un mes, Joaquín se reportaba con su esposa constantemente, como nunca antes había sucedido. Yo me sentía enojada y celosa, me sentía frustrada y de alguna manera traicionada. En una de esas llamadas, no pude contenerme y al momento de escucharlo hablando con ella, empaqué mis cosas y me salí del hotel en el que estábamos hospedados. Joaquín me alcanzó a toda prisa, me tomó bruscamente del brazo y pidió un taxi. Nos subimos y él ordenó al chofer tajantemente que nos llevara al aeropuerto.

Me puse como fiera, nos dijimos el huevo y quién lo puso, nos insultamos y nos lastimamos fuertemente.
Él sacó su celular y le mandó un mensaje a su esposa diciéndole que en 45 minutos regresaría a la casa, a pesar de que yo no sabía cuánto tiempo iba a esperar un vuelo que me llevara de regreso a mi casa.
Así es que le pedí que se bajara del taxi y se largara de una vez con su esposa. Y así lo hizo.
Esperé 4 horas en el aeropuerto, llorando y pensando todo tipo de cosas que sólo me torturaban.

Una semana después volvimos a hablar, le pedí que no volviéramos, que de todas maneras no íbamos a estar juntos nunca, porque de ser así, ambos ya habríamos terminado con nuestros matrimonios. Que no había futuro y que quería volver a ser feliz con mi esposo. Fui ruda y majadera.

Desde ese día no hemos vuelto a tener contacto. Habíamos hecho una cuenta privada para platicar a gusto y mandarnos fotos y él no ha vuelto a abrirla desde entonces. Yo me siento desesperada. No sé si esto se acabó definitivamente o vamos a volver a estar juntos. De todas formas mi matrimonio no mejora porque yo tengo mala actitud y me siento deprimida. Me hace mucha falta, no puedo vivir sin él. A veces quiero morirme para no seguir sufriendo por su ausencia. Me aniquila la idea de que él no me extrañe ni me necesite.

A veces me consuelo pensando que es lo mejor. Que todo tenía que terminar porque la distancia y nuestra situación sentimental no pintaban nada bien. Pero lo amo y le di todo lo que soy sin límites.
Nunca había engañado a mi esposo. Critiqué fuertemente a las mujeres que lo hacían. No podía entender que dejaran de sentirse atraídas por sus esposos, porque esto que se vive no tiene nada que ver con amar a uno y dejar de amar al otro, como lo cree la gente; uno se da cuenta claramente que se pueden amar a dos personas al mismo tiempo, sólo que de diferente manera. Por Joaquín hice cosas que nunca había hecho por nadie y que nunca pensé que sería capaz de hacer.

Yo quiero creer que él también me ama, no se puede engañar tantos años a una persona.
Aquí estoy, sola y con una familia que no me es suficiente. Aparento que todo está bien pero estoy derrotada.

No sé qué hacer…

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