Ojos hechiceros

Cuando la mirada de Magali se cruzó con la de Calixto, ella pensó:

– Voy a tener un hijo con ese hombre.

Eran los ojos más bellos que ella había visto jamás y realmente le costó muy poco conquistarlo.
Aunque eran muy jóvenes, él trabajaba en una tienda departamental, era muy cumplido con los pagos de la casa pero su salario no era muy bueno.
Magali quedó embarazada sumamente rápido y él no podría afrontar los gastos que se les venían encima con la llegada del bebé. Hacían lo que podían. Ya faltaba muy poco para que ella diera a luz y sólo habían podido comprar dos juegos de ropita.
Llegó el día del alumbramiento y nació una niña.
Era hermosa, de pelo rubio cenizo, piel rosa como un durazno… al salir del hospital abrió los ojos por el reflejo del sol y Magali vio que eran dos esmeraldas, como los ojos de su padre.

A los tres días llegó una caja de cartón muy grande de San Luis Potosí, estaban sorprendidos y curiosos pues no sabían quién la mandaba. Al abrirla vieron que estaba llena de hermosa ropa de bebé, parecía de azúcar. Adjunto una carta decía:

– Con todo mi cariño, Sor Aída.

Era de la hermana de Calixto que era religiosa.
Cada prenda había sido hecha a mano y venía bordada con el nombre Aída, por lo que obviamente le pusieron ese nombre a la niña.
Magali siempre tuvo la certeza y lo gritó a los cuatro vientos que su niña nació con estrella.

A los dos años el matrimonio se fue a pique debido a la inmadurez, las carencias y el maltrato de Calixto hacia Magali. Ella lo dejó y sacó adelante a su hija convirtiendo la casa en casa de huéspedes y trabajando arduamente en ella.

Aída crecía y cada día se ponía más bella.
Era una niña diferente a las demás ya que en el vecindario donde vivían, las demás niñas no tenían la clase, el porte y la belleza que ella tenía. Magali constantemente le decía a la gente que su hija era hermosa y por supuesto también se lo decía a Aída.
Esto hizo que la niña se sintiera siempre superior a las demás, que no pertenecía a esa clase social, y que ella se merecía un mundo mucho mejor que en el que vivía. Se fijó la meta de alcanzar la riqueza que no tenía y creía merecer por ser tan bella.

Mentía constantemente para ocultar que no era rica, decía que su mamá era una bella mujer que trabajaba en el extranjero y su papá un actor famoso y así se acostumbró a vivir en un mundo de fantasía que no existía. No tenía amigas ya que además de verlas inferiores, no le interesaba codearse con pobretonas.
Claro que esta actitud la llevó a buscar gente bonita y como era muy bella, los muchachos se peleaban por ella y Aída se daba el gusto de escoger buscando siempre al más rico.

Así pasó la vida de esta bella mujer. En la cima del mundo. Teniendo casi todo lo que anhelaba sin pensar en nadie más para conseguirlo. Trató de conservarse bella y obviamente recurrió varias veces a las cirugías plásticas, logrando desvanecer su belleza en un rostro nuevo cada vez.

Hoy ya es una mujer mayor, hoy ella paga las consecuencias de haber atropellado a todos. Tiene sobrepeso y está totalmente sola.
Imposible no contar la historia de esta persona tan cercana a mi vida porque quiero que todos sepan que siempre hay consecuencias de lo que hacemos. No debemos olvidar que la vida se encarga de ponernos cara a cara con nuestras decisiones.

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