Nuria y el príncipe cibernético XII

Nuria y Adrián no pueden creer que van a verse ¡al fin! No pueden creer que van a tocarse, a besarse, a mirarse a los ojos… por una lado la jarocha quiere dormir para verse radiante pero la emoción no la deja pegar el ojo en casi toda la noche.

Al día siguiente, todo está arreglado, se van a ver en un restaurante muy romántico que está en Altavista. Tiene una terraza muy floreada que queda muy a tono con la ocasión. Ella está lista, compró un vestido color crema que resalta su figura, se peinó la melena moderna y casual y el maquillaje es perfecto, poniendo énfasis en los ojos y los labios. Él también fue a comprarse ropa, una camisa azul, cómoda y juvenil, afeitado al ras y muy bien peinado. Los dos sienten ese hoyo en el estómago, ese que te hace sentir emoción y angustia, ese que no se puede describir con facilidad pero que no se olvida nunca. Se sienten mareados, no saben si es que se perfumaron demasiado o los nervios están acabando con ellos.

Por su parte Danielle está muy contenta del encuentro, le da unos cuantos consejos de última hora a su amigo y repasan todos los detalles para que no se le escape ninguno. Le desea éxito, recalcando que la suerte es para quienes necesitan de ella y de la casualidad para lograr algo, y el éxito para quienes saben a lo que van y solo la actitud y la determinación los hará triunfadores. Le reafirma que lo que ha decidido hacer es lo correcto:
– ¡Ve con todo! le dice animosa.

Adrián llega antes que Nuria, con un ramo de rosas rojas y un oso de peluche enorme. Al entrar al restaurante es imposible pasar desapercibido dado el tamaño del muñeco y la sonrisa que parece vivir independiente al cerebro porque por más que se quiere borrar no se borra. Le pide al mesero la mesa del centro de la terraza, quiere que todos los vean y quiere que les tomen una foto con la mejor vista. Le ofrecen algo de tomar y decide esperar a que llegue su amada antes de tomar algo, quiere que el aliento siga fresco gracias a los buches de Astringosol que hizo antes de salir de su casa.

Nuria llega al restaurante con el cuadro del velero que le pintó a Adrián y una escolta bastante nutrida que ya está estratégicamente acomodada al lado de la mesa de Filo. Efectivamente, las primas y las amigas de las primas llegaron antes para pasar desapercibidas y sentarse lo más cerca posible de la pareja, no olvidemos que en todos lados dicen que uno nunca sabe que pueda pasar con estos encuentros cibernéticos; o tal vez las cosas se pongan “color de hormiga” y Nuri necesite refuerzos. Todas con un café o té frente a ellas, un postre delicioso para compartir y muy alertas. Ya vieron llegar al inconfundible príncipe y no han perdido detalle para contarle a nuestra protagonista todo lo que él hizo antes de su llegada. Menos mal que Adrián pensó dos veces antes de llamarle a Dani para que le reforzara la autoestima asegurándole que esta vez no lo iban a plantar, pues no quiso repetir la escena del aeropuerto, y qué bien hizo, pues la guardia presidencial se vería ridícula al lado de este serpentario.

El encuentro es tal y como lo vemos en las telenovelas, se ven, se sonrojan y se dan un beso tímido. Ninguno de los dos se atreve a más… hacen el intercambio de regalos y comentan agradecidos el detalle. Adrián pide una limonada porque sigue con el tema del aliento fresco en la mente y ella pide un té de frutos rojos, van a compartir un postre que él galantemente deja a la elección de su novia.

Hablan y hablan sin cesar, tanto que las primas y las amigas de las primas están empezándose a aburrir. Esperaban más la verdad, Pilar es la primera en despedirse, se levanta de la mesa y al pasar junto a los enamorados se detiene a ver el cuadro:
– ¿Lo puedo ver? pregunta discretamente a Adrián quien contesta entusiasmado:
– ¡Claro, por supuesto!
Lo levanta y lo observa detenidamente, lo vuelve a poner en el suelo y comenta:
-Está muy bonito, ¿tú lo hiciste?
-Si, yo lo hice para él, asegura Nuria mientras lanza una mirada pícara a su acompañante.
Adrián aprovecha el acercamiento de Pilar para pedirle que les tome una foto. Ella acepta gustosa y se da vuelo tomando varias, orgullosa de ser quien dejará plasmado para la posteridad este encuentro.

La mesa de los novios parece tener mucho de que platicar, así es que el grupo de jóvenes empieza a hablar de otras cosas, a reír y a disfrutar de la reunión. De pronto, la caballería afila los cuchillos cuando notan dos lagrimas rodar por las mejillas de la jarocha. Se hacen todo tipo de preguntas y se tranquilizan cuando ven que los ojos de Adrián también están humedecidos. En efecto, los enamorados después de hablar de todo y de nada, se ven forzados a hablar de ellos, de la relación y del futuro. Ambos están consientes de que no son el uno para el otro a pesar de sentir que el corazón está dichoso de estar ahí, juntos, tomados de la mano, mientras en un susurro explican los motivos. Ella sabe que la distancia, la edad y sus padres son un obstáculo importante y omite mencionar al enamorado que la espera en Veracruz, al final del día ella es inocente, pero es mujer y las mujeres sabemos que hay cosas que la mano izquierda no se lo puede contar a la derecha. En cambio él si habla de Natasha, le explica a Nuri sus razones, le habla de la soledad y el dolor físico que le provocó sentirla tan lejos, honestamente él no pensó que se verían, han pasado más de dos años… él no puede lastimar a Natasha que se ha entregado totalmente a él en cuerpo y alma…

Todo está dicho, y Nuria lanza la señal acordada a las primas, ellas se despiden de las amigas, dejan la mesa y se anticipan al coche para esperarla escondidas entre los asientos. Adrián la acompaña hasta el estacionamiento y mientras llega su auto, la abraza, la aprieta cerrando los ojos, e inhala el aroma que despide su ex novia, se le llenan los ojos de lagrimas y se separa para darle un beso en los labios. Un beso largo y apasionado que hace tangible y real lo que hasta hace unas horas era solo un sueño.
– Gracias amor, gracias porque despertaste en mi las ganas de vivir, de trabajar y de salir adelante. Quise ser un hombre valioso y digno para ti.
– Soy yo quien te agradece haberme amado tanto…
– Nunca olvides que yo era un sapo y me convertiste en un príncipe cibernético. Te amaré por siempre.

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1 Comentario

  1. Aurelio
    28 agosto, 2015 at 3:24 pm — Responder

    Me gustó el final y no me gustó el final
    Le haces justicia al sapo pero se nota que en el fondo te caga jajaja
    Danielle se merece el destino que le diste, trascenderá con ese hermoso nombre, seguro alguien llamará así a su hija después de leerte jajajaja
    De Nuria ni qué decir… inexistente, simple y mentirosa
    ¡célula chamaquitas!

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