La única responsable soy yo

Mando mi historia de amor, o más bien de desamor.
A los 19 años me fui a vivir a otra ciudad porque en la que yo vivía no existía la carrera que quería estudiar. No me fue fácil adaptarme al cambio porque soy tímida y me costó trabajo hacer amigas.
Desde la primera clase que tomé con él, Cosme impactó mi vida. Era el más listo del salón, siempre aportando comentarios destacados, guapo y con cuerpazo. Pero para él yo era una compañera más y ya.

Nos fuimos haciendo amigos porque un día descubrimos que a los dos nos gustaba leer novelas de terror. Así es que de ese tema teníamos bastante tela que cortar. Ya nos habíamos dado nuestros emails al empezar el semestre y a raíz de este interés común nos dimos nuestro teléfono celular y nos mandábamos whats todos los días. Yo me estaba ilusionando mucho aún sabiendo que él no estaba interesado en mi, pero me valió gorro y decidí soñar un rato. En la soledad de la nueva ciudad me hacía mucho bien sentirme ilusionada.

En el segundo semestre coincidimos en una materia otra vez. Yo estaba feliz porque después de las vacaciones regresó como más interesado en mi. Nos hicimos del mismo equipo para los trabajos y la entrega final por lo que nos veíamos casi diario en las tardes. Casi al terminar el curso me llegó y al instante le dije que sí. No podía creer lo que estaba pasando, creo que hasta le pedí que me pellizcara para comprobar que no estaba soñando.

Viví los mejores seis meses de mi vida con él. Todo era amor y felicidad. Un día el llegó a mi casa de malas. Me dijo que le había ido mal en una entrevista de trabajo y que eso lo tenía así. Pasó el día y pues no le di importancia porque todos tenemos malos días. La cosa es que ya nada era igual, me daba la impresión de que yo le daba toda la hueva del mundo. No ponía atención a lo que le decía, se le olvidaban las cosas, se veía aburrido y un fin de semana no lo vi para nada porque tenía una comida con un tío que cumplía años. Como yo ya tenía amigas, me puse de acuerdo con ellas y salimos a cenar.

Como estábamos en una ciudad chica, había lugares comunes en los que todos nos reuníamos siempre. Esa noche cenamos en uno de esos y al entrar lo primero que vi fue a Cosme con Verónica, una chavita más chica que yo, muy guapa, de la que todos hablaban en la universidad desde que entró. De verdad que comprobé que se te doblan las rodillas, neta, real. Se me salieron las lágrimas al momento, por más que intenté aguantar las ganas de llorar no pude, y me despedí de mis amigas y me fui a llorar a mi casa.
¿Por qué los hombres tienen que ser tan jijos de la chingada?
Al día siguiente lo le dije nada pero él seguía mamón e indiferente.

Así es que la próxima vez que me fue a ver, que obvio ya no era diaria la visita, le dije desde que entró a mi casa que quería saber que estaba pasando. Les juro que sentía las burbujas dentro de mis venas porque me hervía la sangre. Me sentía furiosa y traicionada. Y como estaba enamorada, se me salían las lágrimas mientras hablaba y no tardé en darme cuenta que de entre todo lo que salía de mi boca, salió la frase:

– Yo estoy muy enamorada de ti y no me siento correspondida, me duele tu indiferencia y me duele la distancia que hay ahora entre nosotros.

– Eres una chava muy linda y muy inteligente, pero yo no puedo enamorarme de ti. No te quiero lastimar pero no siento lo mismo que tú. Yo te quiero y no quiero perder tu amistad.

¿Mi amistad? ¿Qué no éramos novios grandísimo hijo de la chingada?
Me quedé destrozada llorando el resto del fin de semana. Y no me dieron ganas de comer helado ni esas cosas que salen en las películas, nada podía consolarme, nada. Se terminó el semestre y yo todas las vacaciones las pasé del nabo. Lo único bueno es que no me lo encontré en todo el verano. Regresando a clases lo vi entrar al salón de la mano de Lucía. Ella era muy bonita y bastante coqueta. Ya había intentando andar con él cuando era mi novio. A mi ya ni me saludaba.
Ya eran novios, se habían ido juntos todo el verano y se besaban todo el tiempo en todos lados. Parece que Cosme finalmente si se enamoró porque lo demostraba sin pena alguna en todos lados. Yo me sentía de la mierda. Para colmo empecé a tener un problema de acné nervioso que la neta no me ayudaba nada.

Paso el tiempo y fui superando poco a poco todo. Volví a salir con mis amigas y de repente el acné se fue lo que fue muy bueno porque se me acercó uno que otro compañero dándome la oportunidad de probar nuevos horizontes. No la estaba pasando ya tan mal. Cosme empezaba a ser historia y yo estaba feliz porque estaba a punto de terminar la carrera.
En una de esas salidas, conocí a un tipo bastante agradable, simpático y muy interesado en mi. Me pidió ser su novia y empezamos a andar. No estaba enamorada pero me gustaba estar con él. Un día me invitó a la playa y decidir ir con él. Mis papás no tuvieron problema en darme permiso porque mi hermana ya vivía conmigo y me iba a acompañar.

Estábamos muy a gusto en la playa y me ofrecí a ir por unas cervezas. ¿Cuál sería mi sorpresa cuando en la tiendita me encontré a Cosme que hasta se me cayeron los vasos? Ya había pasado un año fácil sin que nos viéramos. Nos saludamos y me pagó las cervezas que tenía que reponer asumiendo arrogantemente que por su culpa se me habían caído. Intercambiamos información básica de con quién vienes y en dónde te hospedas y fin. Me despedí y me salí airosa por fuera y destrozada por dentro. Volví a sentir lo mismo, lo vi guapérrimo, me sentí enamorada, confundida y muy traidora porque mi novio no se merecía que yo le hiciera una porquería.

En la noche salimos a cenar y a bailar. En el mismo antro estaba Cosme solo. Me vio y sin pensar en nada más me dediqué a buscar el momento oportuno para escaparme de mi novio para ir a buscarlo. Así lo hice y me lo tropecé en los baños. Nos besamos apasionadamente y nos salimos del antro para irnos a un lugar menos ruidoso. Me sentía en las nubes, no me acordé de mi novio ni un instante. Nos fuimos al departamento a donde él estaba instalado con unos amigos y por primera vez hice el amor. Fue lo mejor que he vivido en mi vida. Que Cosme fuera el primero me pareció un regalo de la vida.

Obviamente al regresar al hotel mi hermana estaba furiosa y mi novio preocupado por mi y muy encabronado. Decidí no mentir y al contar la verdad se salió del hotel y nos dejó a mi hermana y a mi con la cuenta y sin forma de volver. Pero no importaba, pagué la cuenta y le hablé a Cosme para que nos regresara a la ciudad. Ya de regreso nos vimos unas cuantas veces y obvio hacíamos el amor todas las veces. Me sentía enamoradísima y feliz y se lo hacía saber en todo momento.

A las pocas semanas de esto, le dije que teníamos que hablar y me dijo que él también necesitaba hablar conmigo. Llegó a mi casa con un estuche y casi me muero al pensar que me estaba proponiendo matrimonio. Resulta que era un anillo de compromiso pero no para mi, me explicó que tenía novia y que se lo había comprado hace meses, sólo que ella estaba de intercambio y regresaba justo al día siguiente. Que lo perdonara pero que ella era la mujer de su vida.
Mi quijada cayó hasta el piso. Empecé a llorar y le dije que le deseaba que fuera feliz y por favor no volviera más a mi vida. Caí en una profunda depresión y no me levanté de la cama varios días. Le pedí a mi hermana que cambiara mi número celular porque no quería que jamás me volviera a buscar. Empecé a buscar trabajo en otra ciudad y me fui. Mis amigas me hicieron saber que se había casado y que aparentemente era muy feliz.
También me contaron que el novio que tuve, el que dejé por Cosme estaba trabajando en la misma ciudad y me di a la tarea de buscarlo.

Lo encontré y lo invité a cenar. Aceptó de mala gana, le ofrecí todas las disculpas posibles con todos los argumentos que cruzaron por mi mente. Mientras cenamos tomamos de más y ya borrachos acabamos en la cama. De esa única vez quedé embarazada. ¡No podía creer lo que me estaba pasando!
Lo busqué otra vez para contarle lo que había pasado, porque no nos volvimos a ver después de la cena. Me dijo que él no era el papá y que no lo molestara más.

Tuve que dar la cara con mis papás y decirles todo lo que había pasado. Para ellos fue un golpe cabrón porque se sintieron ofendidos y desilusionados. Mi mamá me dijo que a las madres solteras la sociedad las repudiaba y que no contara con ella.

Hoy mi niña tiene ya un año. No me arrepiento de haberla tenido. Es el único amor puro y sincero que he tenido en la vida. Trabajo para mantenerla y el tiempo que tengo libre se lo dedico al cien por ciento. No tengo pareja y no creo que encuentre una pronto. Es difícil que alguien quiera mantener un hijo que no es suyo. Pero no necesito a nadie. Sigo lastimada y no creo que sea capaz de relacionarme con un hombre todavía.

Al final, tengo que reconocer que la única responsable de todo esto soy yo. Yo no debí haber creído en Cosme otra vez y mucho menos hacerle al que era mi novio lo que a mi me destrozó por completo cuando me lo hicieron.
A lo hecho pecho.

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