La suerte de un gran amor

Esta historia está como salida de un cuento.

Carmen y Abraham se enamoraron y comenzaron a construir en el aire un proyecto de vida juntos, se veían casados y con hijos, mantuvieron el romance en secreto hasta que no fue posible seguir ocultando su gran amor.

Pero había un gran detalle que no podía ser pasado por alto, una razón de peso muy grande, o más bien un motivo de muchos pesos de por medio.

Ella pertenecía a una familia adinerada, vivía cómodamente en una casa de dos plantas, en cambio él era de familia humilde y el departamento en donde vivía con su madre y hermanos, cuando mucho tendría 40 metros cuadrados de superficie.

Al enterarse doña Anita del romance en cuestión, dijo que mandaría a su hija a Europa para que se olvidara del novio, de nada valieron las lágrimas de los enamorados… ella se tuvo que ir a otro continente.
Mientras tanto, el joven daba vueltas y vueltas a la casa de la novia para hablar con la madre de ésta y convencerla de que les diera permiso de casarse cuando ella volviera. En una de esas idas a ver a doña Anita, la señora le dijo a Abraham que si por lo menos él pudiera comprar una casa de buen tamaño y ponerla a nombre de su hija, pues que entonces ya podrían hacer planes de boda, que antes ¡no! La verdad es que la señora sabía que él no iba a lograr semejante proeza, en cambio si conseguiría bajarle la guardia y mantenerlo a raya.

Los días empezaron a transcurrir y sucedió que el enamorado se sacó la lotería, ¡sí! ¡El premio mayor de hace 45 años $1,000,000.00 de aquel entonces, que en ese momento era un dineral!

Así es que se fue a ver a su futura suegra y le dijo que ya tenía el dinero para comprar la casa, desde luego que doña Anita no podía dar crédito a las palabras del muchacho, pensó que se estaba burlando de ella, que le estaba tomando el pelo, sin embargo y para sorpresa de la señora él puso todo el dinero frente a ella y le dijo ayúdeme a buscar una casa bonita y también enséñeme a administrar el dinero.

Carmen regresó y empezaron los preparativos para la gran boda, que la tela para el vestido, las invitaciones y la entrega de las mismas, escoger la iglesia y el salón donde se llevaría a cabo el festejo.

Por fin se llegó el gran día y después del acto religioso se trasladaron al salón Piamonte, que en aquella época era muy famoso, ubicado en Insurgentes Sur. Los novios lucían radiantes, la cena estuvo amenizada por unos violinistas.

Los novios abrieron la pista con la melodía Playas de Ensueño, ella se veía hermosa en su tradicional vestido blanco y él con su traje azul, de verdad todo parecía una ensoñación, familiares y amigos disfrutaron hasta altas horas de la madrugada de la fiesta.

¡Sin duda una historia inolvidable!

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