Jimena

A veces los días transcurren sin darnos cuenta, sin hacer conciencia de cómo se vive el día a día y por inercia vivimos, entonces los días y los años van pasando, la rutina y la costumbre se instalan en nuestro entorno. Y así mientras el tiempo seguía girando, Jimena se dedicó en cuerpo y alma a sus hijos, en cambio su esposo dedicó su alma al trabajo y su cuerpo sabrá Dios a cuántas mujeres, menos a su fiel esposa.

Hacia tiempo que en la cabeza de Jimena saltaban algunos pensamientos en relación a su marido.

Algún día me voy a divorciar.

El día menos pensado lo dejo.

Cuando se dé cuenta ya no estaré más a su lado.

Seguro sobrevivirá sin mi.

Nunca he sido indispensable.

Ella era ordenada, limpia, muy organizada, estaba al pendiente de sus hijos y también del padre de éstos, de su casa y del trabajo que ella realizaba fuera de casa. Sin embargo la relación entre ella y esposo había concluido, eran cordiales entre sí. Para los ojos de los demás se veían como un buen matrimonio, pero la realidad era que no había nada entre ellos.

Jimena y su esposo cumplieron 25 años casados, ese mismo año ella conoció a un hombre y sin proponérselo la relación se fue dando poco a poco, ambos se enamoraron.

Un día, después de darle de comer a sus hijos, les dijo que iba a salir un rato.

Se arreglo y fue a ver al “novio” el encuentro terminó en el cuarto de un motel, él llevo una botella de vino, uvas y queso, platicaron e hicieron el amor, se abrazaron y se quedaron dormidos, a las 21:45 horas Jimena despertó y como loca consultó la hora, le dijo a Gerardo ¡por favor llévame a casa!

Entro a su casa y vio a su marido viendo el televisor, se saludaron, Jimena le preguntó por sus hijos y él le contesto que ambos estaban en sus cuartos.

Ella le dijo ¿quieres cenar? No gracias, contesto él.

Se dirigió a ver a los muchachos, les dio las buenas noches y se fue a su recámara, mientras se ponía la pijama, pensaba en lo sobresaltada que había despertado hacia un rato al lado de Gerardo esbozando una sonrisa para sí, pensó que tampoco tenia la necesidad de vivir sobresaltada, se dio cuenta que no se sentía culpable, aceptó que no sentía vergüenza por lo que estaba haciendo, lo que si se puso a cavilar fue, que tenía que tomar una decisión, en que no podía estar a escondidas llevando una doble vida y en que finalmente todo sale a la luz tarde o temprano.

Así es que, al otro día que era sábado le pidió el divorcio a su marido, obviamente se quedó boquiabierto con la petición, sin embargo tuvo que ceder pues conforme pasaron los días Jimena se mantuvo firme y aunque él la buscaba de diferentes formas, ella se portaba fría e indiferente, hasta que se dio por vencido y un día se fue, dejándola con sus hijos.

Jimena y Gerardo se casaron al paso de algunos años.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2016
Anterior

Ilusiones ligeras

Siguiente

Lomo de Atún a la parrilla

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>