Emma y el Lic. Rodríguez

Emma y el licenciado Rodríguez se conocieron en una fiesta, ella tenía 19 años y él 35, ese día los presentaron e intercambiaron algunas palabras y nada más.
Días después, ella recibió una llamada telefónica en su casa, era nada menos que el licenciado en cuestión, Emma no salía de su asombro cuando escuchó del otro lado de la línea:
– ¿Aceptas que te invite a comer?
– Si, dijo ella.

El era un hombre delgado, educado, guapo, bien vestido, abogado de profesión, amable y muy agradable. Dedicado a los negocios de la familia, tenían huertas de fruta y bodegas en un centro de abasto, además poseían algunos bienes raíces. Todo esto en algún momento Emma lo confirmó con Esteban, quien fue el que los presentó en la fiesta.

Pasó por Emma, se notaba contento.
La llevó a un restaurante y en esa primera cita le dijo lo mucho que le había gustado desde que la vio.
Ella le preguntó:
– ¿Cómo conseguiste mi teléfono?
El licenciado le contestó:
– Recuerda que tenemos un amigo en común.

Se la pasaron bien, platicaron, él le dijo que era divorciado, que no había tenido hijos y que trabajaba con su familia, por su lado ella le comentó que era secretaria y que tenía cuatro hermanos, que era la única mujer y la más chica.

La regresó a su casa y por espacio de un mes Emma recibió en su casa dulces, flores, chocolates, canastas con fruta, siempre acompañados de una tarjeta del licenciado Rodríguez con alguna frase agradable, fue la única forma en que se hizo presente para ella, no hubo llamadas o visitas.

Una tarde Emma iba saliendo de la aseguradora donde trabajaba y el licenciado Rodríguez estaba parado esperándola con un gran ramo de rosas en la mano, se saludaron y la invitó a tomar un café.
Platicaron acerca de cómo había sido el día para cada uno y de pronto él tomó la palabra y dijo:
– Sé que puede parecer precipitado lo que te voy a decir, (se aclaro la garganta), soy un hombre mayor que tú, pero a estas alturas también estoy seguro de lo que quiero en este momento, ¡deseo casarme contigo!
Emma no esperaba algo así, y le contestó:
– Pero si apenas nos conocemos, no sabemos casi nada de nosotros…
– Sé que eres una chica muy linda, que serás una magnífica esposa y madre, mi familia arde en deseos de conocerte, también estoy enterado que no tienes novio.

Emma se sentía entre halagada y asustada, nunca se hubiera imaginado estar en esa situación, no le estaba pidiendo ser su novia, ¡le estaba proponiendo matrimonio!

– De hecho no me tienes que contestar en este momento, añadió él.

Ella no salía de su asombro; pensaba para sí: ¡este hombre está loco!
Cuando Emma llego a su casa le platicó a su madre acerca del licenciado y de la propuesta que le había hecho, la señora Estela puso el grito en el cielo:

– ¿Qué se ha creído este sinvergüenza? ¡Te lleva más de 15 años! ¡No te conviene un hombre así!
– ¿Por qué no mamá?
– ¡Porque no!
– Pero, ¿por qué no?
– ¡Pues porque no! Yo ya tengo experiencia y te digo que no te conviene y punto.

El licenciado busco a Emma y le preguntó:
– ¿Qué piensas de mi propuesta?
– Pues para ser honesta no se que pensar y además mi mamá no está de acuerdo, por otro lado no nos conocemos, no hay un noviazgo de por medio y tú te quieres casar…
El licenciado le dijo:
– Quiero demostrarte que mis intenciones son buenas y voy a pedirle a mis padres que vengan a hablar con tu mamá.
– Mejor no, así deja las cosas, fíjate en otra muchacha, no quiero hacerte perder tu tiempo.
– Por favor dame la oportunidad de casarme contigo, te vuelvo a repetir, sé perfecto lo que deseo, lo mío fue amor a primera vista, quiero pasar el resto de mi vida contigo.

Ella seguía renuente a los argumentos que él le daba y le dijo una vez más que no.
– Dime que vamos a seguir viéndonos, no me prives de tu presencia, digo él.

Se siguieron viendo por espacio de 4 meses más, Emma en ningún momento le permitió que la besara o la abrazara, el licenciado Rodríguez le pidió que fuera su novia y ella se negó, entonces él le propuso:

– Vamos a hacer una cosa, a partir de mañana no nos vamos a volver a ver, no te voy a molestar pero, dentro de un año te vengo a buscar, te voy a dar tiempo para que lo pienses, te juro que no te voy a buscar, te prometo que voy a pensar en ti cada día, cada hora, cada minuto y que volveré por mi respuesta, también te prometo que voy a respetar tu decisión.
Emma se sintió aliviada y aceptó.

Los días y los meses empezaron a pasar sin que él diera señales de vida por ningún lado.
Esteban y ella se vieron para tomar café y él le preguntó:
– ¿qué le hiciste, o qué le diste a Roberto que no hace otra cosa que hablar de ti? Toda su familia esta intrigada y desea conocerte, se ve triste.
Emma lo puso al tanto de la situación y le dijo:
– Creo que ahora me empieza a interesar, lo extraño un poco, me gustaban mucho sus detalles de caballero, el trato tan fino que me daba y lo bien que me hacía sentir.

Ya habían pasado ocho meses y un día la señora Estela le comentó a su hija:
– ¿Ya ves cómo no se volvió a aparecer el licenciado Rodríguez? ¡Si nada mas se quería burlar de nosotros! ¿Acaso tienes el número de teléfono de su casa? ¿Por qué no te presentó a sus papás?

Emma lloraba, se armo de valor y le dijo a su madre:
– Pues sus papás iban a venir a hablar contigo, pero tú dijiste que no me convenía.
– ¡ay hija, ya olvídalo! Y no le creas al infeliz ese, que te va a buscar.

Emma siguió con su vida normal y a los pretendientes que se acercaban, se encargaba de mantenerlos a raya. En el fondo quería saber de Roberto, se vio en varias ocasiones con Esteban pero ninguno de los dos lo mencionaba.
Por fin se cumplió el año, ella no lo tenia presente, no quiso hacerse falsas expectativas, prefirió no pensar, sin embargo ese día al salir de la oficina Roberto la estaba esperando con una gran sonrisa, los dos corrieron a encontrarse y se fundieron en un beso.

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