El sexo es una lata

A todo el que conozco le oigo decir que la pasa “de pelos” en la cama.
Y creo firmemente que eso es posible, siempre y cuando no estén teniendo sexo…
Porque sinceramente el sexo es una lata. Está sobrevalorado.

El orgasmo en el hombre dura lo que te tardas en echarte un shot… sólo que el shot se lo pides al cantinero, te lo sirve de inmediato y te lo tomas. En cambio para tener un orgasmo tienes que bañarte, mandar flores, gastar en cenas e idas al cine, convencerla de que se meta a la cama con uno…. ¡eso es demasiado trabajo!

Hay muchas cosas del sexo que me encabronan cada día más.
La primera es que el sexo es sexista.
No más hay que analizar lo mal vista que está la eyaculación precoz.
Si una mujer se viene en cinco minutos es una fiera en la cama y no sólo no está mal visto, sino que te salpican de un poco de gloria porque fuiste responsable en parte de tan talentosa maniobra.
Pero luego viene la injusticia: ¡ella se gana una medalla y tú una cita con el sexólogo!

Así es que después de analizarlo bien, concluyo que el sexo está bien al principio porque es “la novedad”. Pero después de varias cogidas con la misma persona todo empieza a ser complicado. Tu novia te sale con que hay que tener un orgasmo al mismo tiempo. ¿Pero de dónde sacan estas cosas las mujeres? Seguro del Cosmopolitan, esa revista que no sólo acabó con el matrimonio de mis padres, sino que convence a las mujeres de que lo que escriben ahí pasa en la vida real y les tengo una noticia:

– ¡No señoras! ¡No pasa!

Hasta el día de hoy nunca he estado subido en un banco cambiado un foco en casa de mi novia y se me acerca sensual, me baja los pantalones, y me da el mejor sexo oral de mi vida.
Me imagino que lo primero que pasaría es que la aplastaría a la hora de caerme del banco.
Así pues, pretender el orgasmo simultáneo es simplemente imposible.
Es como decirle a tu mejor amigo: a la de 3 nos tiramos un pedo, pero que salga al mismo tiempo y que dure lo mismo, que truene con los mismos decibeles….
Estas cosas no se controlan.
Ya oí a mi vieja diciéndome:

– Eres un ojete, te echaste un pedo y no me esperaste.

Lo único que sucedería a partir de ese momento, es que tendríamos que fingir pedorrearnos al unísono y sonreír satisfechos.

La segunda cosa que me encabrona, es ese mito absurdo que asegura que si eres hombre, siempre tienes que tener ganas de tirar. Nunca puedes decir que no.
Entonces me imagino que estoy viendo la final del América-Chivas, con una cerveza bien fría, mis papas favoritas y de repente entra Jennifer López (algo que sucedería fácilmente, para empezar) y me dice que quiere coger. Entonces, si le digo que me espere a que acabe el partido voy a ser un maricón, insensato, loco y raro. Y si le digo que no se me antoja, me va a ir peor, porque entonces cuando le cuente a todos mis amigos me van a decir que soy un pendejo o que soy un puto.
Así es que me pierdo la final, la cerveza fría y las botanas y me la acabo cogiendo sólo por el qué dirán.
¡Esto no es justo!
Es como ir a McDonalds, pedir una ensalada de pollo y oír a todo el mundo a tu alrededor diciendo que estás demente.

Por último: el sexólogo, ese cabrón que sólo porque tiene un diploma en la pared se siente con el derecho de mirarte feo y hacerte pensar que él es el Superman del sexo.
Habría que platicar con su esposa y ver si esta gentuza puede tirar por horas enteras, gemir y gritar de placer después de arrancarle los calzones con los dientes (sin tener que interrumpir la proeza para guardar en una cajita el colmillo que salió volando antes que el calzón).
Que mejor cuelgue en la pared una carta en donde la esposa jure que todas las veces tiene un desempeño como el de Phelps (aunque habrá que decir que ayer se sacó una de plata).

Todos estos doctores te dicen que tienes que ser creativo y echar a volar la imaginación.
Concluyo que a lo que se refieren es a que te imagines que te estás tirando a otra que no es tu novia porque es agotador imaginarte otra cosa: que sería bueno ponerla de cabeza o parada de manos, que la subas a la cómoda o la cargues en la regadera, y que eso resulte tan sensual como en las películas pornográficas sin que nadie salga con una costilla rota.

– ¿Ha leído el Kamasutra? ¿Ha intentado usar frases obscenas? Recuerde que si los dos están de acuerdo todo se vale – te dicen.

Que si la araña, de chivito en precipicio, de bolero, el ascensor, la pelota suiza… ¡Si no sé ni siquiera hacer la pelota suiza! Entonces compras el libro, te familiarizas con la posición, ahí estás poniendo todo de ti, intentando no venirte, diciendo todas las obscenidades posibles sin rayar en el insulto, cuando escuchas a tu novia decir:

– ¡Ay! ¡Me estás jalando el pelo! ¡Eres un salvaje! ¿Quién te dijo que yo quiero hacer eso?

Pero ya estás caliente, ya no puedes atender, ni escuchar claramente sus peticiones y acabas otra vez siendo un vulgar eyaculador precoz sin tomar en cuenta los 15 minutos en los que te jugaste la vida haciendo la pelota suiza.

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