Deudas viejas, deudas pagadas

Mi mamá tuvo varias hermanas, entre ellas estaba Carmelita, la segunda de diez hermanos. Yo tengo recuerdos muy especiales de ella porque particularmente conmigo era muy cariñosa, me quiso mucho. Era hermosa, tenía unas manos hermosas, simpática, agradable y apapachadora. Dicen que era tan bella que un día al pararse frente a un espejo, fue tal el impacto de verse envejecida que quitó todos los espejos de la casa para no ver su reflejo nunca más.

Se casó con un señor de una familia muy bien acomodada, y tuvieron tres hijos, dos hombres y una mujer. Quedó viuda siendo todavía joven, y la familia del esposo le quitó todo, hasta la llave de la despensa, por lo que tuvo que buscar trabajo para sacar adelante a sus hijos.
Entró a trabajar a la Secretaría de Salubridad, en donde conoció a Salvador.
Salvador estaba perdidamente enamorado de ella. Le tenía atenciones y cuidados. Le propuso matrimonio y cuando ella le contó a sus hijos, se negaron rotundamente a que ella rehiciera su vida con él. Especialmente la hija, que tajantemente le dijo:

– Si te casas con él, nunca jamás nos vas a volver a ver. Yo me voy a llevar a mis hermanos y no vas a saber nada de nosotros.

Ante semejante amenaza, ella tuvo que decirle a Salvador que no podía casarse con él. Pero esto no hizo que Salvador la amara menos. Uno de los hijos de Carmelita, Carlos, estaba enfermo del corazón. En esa época no había teléfono y la comunicación no era tan fácil de lograr como ahora, por lo que Salvador se paraba todos los días al pie de la ventana de la casa, para estar pendiente de ella, por si se le ofrecía algo, una medicina para el hijo o cualquier mandado que él estaba dispuesto a hacer por ella. Carlos murió y poco a poco la relación con Salvador se deshizo dadas las reticencias de la época y la oposición de los hijos.

Al pasar de los años, los dos hijos, Enrique y la nena, como le apodaban, se casaron y se fueron. Él a vivir a otro estado, por lo que le veía poco y la hija se quedó en la misma ciudad.
La nena procreó 12 hijos, su situación económica no era nada buena por lo que batallaba mucho para salir adelante mes con mes.

Un día, Carmelita se metió en una cama para no salir de ella jamás. La nena, además de hacerse cargo de su familia y su casa, tenía que ir a visitarla todos los días para hacer la limpieza y prepararle de comer. Habían días en que la mamá le decía que estaba cansada de la cama que por favor la cargara y la hija lo hacía, la levantaba en brazos y la paseaba por toda la casa para que descansara un poco de estar acostada.

Así pasaron los días, las semanas, los meses y los años hasta que Carmelita murió.

Digiprove sealCopyright secured by Digiprove © 2015
Anterior

Lo hecho, hecho está

Siguiente

Amor en silencio

1 Comentario

  1. AL
    23 noviembre, 2015 at 7:03 pm — Responder

    Me gustó la historia porque te lleva a época y me dio tristeza porque no pudo rehacer su vida con Salvador !!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>