Café con mi suegra

Esa mañana Nora enfundó su cuerpo en un vestido beige de gasa sin mangas, de cuello en v, con olanes de la cintura para abajo, abriéndose un poco en forma circular, ligeramente abajo de la rodilla, calzó unas zapatillas negras.
Terminó de arreglarse y salió rumbo a la oficina, recordando lo que Efraín, su esposo, le había dicho antes de salir:
– ¡amor! es jueves y nos toca tomar café con mi mamá
Cada ocho días lo hacían.
A las 5 en punto, Efraín estaba recogiendo a Nora afuera de su oficina, en el asiento del copiloto venía ya la madre de él, por lo que Nora se acomodó en la parte posterior del auto.
Se saludaron, mientras él enfilaba el automóvil hacia la casa de su mamá, empezaron a platicar sobre los acontecimientos del día, de cuando en cuando Efraín veía a Nora por el espejo retrovisor.
De pronto notó que ella hacia movimientos, esto llamó la atención de él y justo cuando giró la cabeza para ver a Nora de frente, terminaba de quitarse la diminuta tanga de encaje negro que vestía.
Con una sonrisa pícara se la mostró a su esposo sosteniéndola con el dedo índice para guardarla casi de inmediato en su bolso, él jaló ligeramente la dirección del carro, provocando que doña Estela exclamara:
– ¡Cuidado, hijo!
Efraín y Nora no dejaron de intercambiar miradas por el espejo retrovisor conteniendo la risa.
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1 Comentario

  1. anonimo
    18 octubre, 2015 at 2:09 pm — Responder

    muy buena jajaja

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